ALBERTO OLMEDO. Cuando la tele nos hacía reír y pensar

Si el destino no hubiera hecho lo suyo, Alberto Olmedo cumpliría 80 años. Recuerdos de un gran actor, protagonista de la época de oro de la televisión argentina.

 

ALGUNA vez, cuando habían pasado más de cinco años de la muerte del actor que nos ocupa, este medio tituló en su versión gráfica “Olmedo no se va”. Porque sus programas seguían difundiéndose por los canales de aire, y seguían siendo muy vistos.

Sabía que esa no iba a ser la última oportunidad para hablar de Alberto Olmedo, el Piluso de mi infancia, el Mago Ucraniano de mi adolescencia, el Rucucu de mi primera adultez, el Borges de mis 30.

Alberto Olmedo y Humberto Ortiz, como Piluso y Coquito.

Alberto Olmedo y Humberto Ortiz, como Piluso y Coquito.

Cosas de la vida: hace poco tuve que escribir sobre Jorge Porcel, la otra mitad de ese dúo que batía records de taquilla.

Vuelvo un rato a mi infancia, revuelvo entre los recuerdos, y pienso en la amistad que, a través de la pantalla, forjé con los inolvidables Piluso y Coquito. Porque eran señores, pero… ¡en la tele eran nenes! Sí, eran dos más de la barrita de pibes.

Y acá están otra vez, en una gigantografía; Piluso, con la gomera pero sin la remera rayada. Coquito, siempre igual. La foto es del ‘78, la última vez -creo- que Olmedo fue Piluso, por Canal 13. Recuerdo que, cuando el trabajo me lo permitía, a mis 18 -y a escondidas- volvía a ver sus programas infantiles.

Nostalgia precoz, que le dicen.

Pero si hubo algo que jamás me perdía, era “El Chupete”. Nació después que Olmedo y Porcel tuvieran un fugaz programa juntos, que se llamó “Fresco y Batata”. No duró mucho. A partir de ahí, cada uno tuvo su ciclo: Porcel con “Porcelandia”, Olmedo con “El Chupete”.

Un elenco excepcional, con Ernesto Bianco, Mabel Manzotti, Marcos Zuker y las primeras apariciones del “Contra” de Juan Carlos Calabró. Inolvidables los sketchs en que un Olmedo católico iba a pedir la mano de su novia judía, y Zuker -el padre- le preguntaba: “¿no sería capaz de hacer un pequeño sacrificio…?”. Otro: un gitano inútil que decía que sabía de todo y no sabía nada, el Mago Ucraniano (génesis de Rucucu) con Abelarda

Después vinieron las películas con Porcel, Tato Bores y Susana, la censura militar, Rucucu, Pilusman, la bebota, Rogelio Roldán, el dictador de Costa Pobre, el sillón delirante con Portales, el Manosanta. El vuelo fatal desde el 10º piso del Maral 39.

Olmedo nos marcó mucho, tanto, que ahora no encontramos con quién reírnos (aunque Francella suele ser una interesante excepción).

Es que esta televisión, autoreferencial, de cabotaje, barata y en la búsqueda constante de miserias ajenas, no tiene nada que ver con aquella, en la que Olmedo fue uno de sus principales protagonistas. La TV vivió su época de oro en los ’60 y a principios de los ’70, cuando ofrecía humor, comedia, drama, teleteatros e incluso, programas dedicados a educar.

Hoy, la única intención es entretener de la forma más burda, sin matices ni estilos. Una pena, porque gracias a Olmedo (que fue el primero en mostrar el atrás de cámaras), entre otros, pude testear que la TV es un gran medio, con infinitas posibilidades de desarrollar el talento y la creatividad.

Hace 80 años que nacía Alberto Olmedo, en un barrio pobre de Rosario. Hace 25 años que se cayó del balcón, en Mar del Plata, y voló al más allá, como canta Fito.

Pero a Olmedo lo sigo extrañando.

¿Cómo no extrañar a un tipo que siempre me hizo reír?

Por Claudio Serrentino

Fotos: La Bocina