María Inés Olivella, quien fue testigo en la causa contra el cura Julio César Grassi tras haber sido terapeuta de uno de los niños que denunció al sacerdote por abuso, expresó que “Las últimas noticias de los avatares judiciales del cura Grassi, reactualiza la problemática psicológica y social del que son víctimas los niños, niñas y adolescentes, que llegaron tarde en el reparto de los bienes de nuestra sociedad y que por tanto los define como excluidos sin destino ni futuro”.

 

Olivella es miembro fundadora de Amnistía Internacional en Argentina, y miembro del comité para la defensa de la Salud, la Ética y los DD.HH. (CODESEDH).

La Corte bonaerense confirmó la condena a 15 años de prisión para el cura Julio César Grassi por abuso sexual y corrupción de menores y un fallo de la Cámara de Casación habilitó la detención inmediata del sacerdote. En este marco, Olivella declaró que “No es casual a la luz de la historia que considerar a un niño sujeto de derecho ha demorado tanto. Todavía es difícil librarlos de sus crueles sometimientos porque cumplen funciones en nuestra sociedad de servicios sexuales, trabajo no pagado o mal pagado y hambre sin salud. Todos sabemos quiénes son los adultos hipócritas y cobardes escondidos en la impunidad, mientras siguen gozando de lo que los niños les proveen; y esta situación parece ser un ejemplo”.

Y continuó: “Esta causa comenzó en el 2002, en el 2009 se lo condenó a 15 años de prisión y con recursos de abogados defensores siguió haciendo malabares para que no se cumpla con la ley. ¿Por qué sigue libre mientras tantos otros en sus mismas condiciones de condena judicial, están presos por pobres y sucios? La ley es distinta para poderosos y pobres que no tienen recursos para defenderse con profesionales caros”.

Olivella explicó que “Las prácticas de infanticidio a lo largo de la historia, tanto de las tribus salvajes como de las civilizaciones más avanzadas, siguen vigentes, tomando maneras diferentes y manteniendo en común el concepto del niño como objeto. Las causas de tan horribles costumbres desde siempre son principalmente la pobreza, la miseria y ciertos prejuicios e ideas paganas muy arraigadas”.

Para concluir, afirmó que: “Con la propagación del cristianismo y la intervención de la iglesia aumentó el interés en favor de las víctimas exaltando la compasión y el cariño hacia estos inocentes infelices. Lástima que la beneficencia, la hipocresía y el secreto amenazante, sin la disciplina generosa del cuidado a los chicos por muchos de sus sacerdotes, los han convertido en mercancías sometidas para su propio consumo sexual. Abusos que existen no solo en casos de curas, sino también de adultos mayores como padres, familiares y amigos que destruyen el psiquismo de las víctimas, que matan para  siempre la alegría de descubrir en el otro la posibilidad amorosa de encontrarse con un par”.