LUIS ALBERTO SPINETTA. "El Flaco nos dejó huérfanos…", por Gillespie

El 8 de febrero de 2012 siempre será un día de enorme tristeza para todos aquellos que vibramos con la música y la poesía de Luis Alberto Spinetta. Una manera de homenajearlo es compartir una serie de recuerdos con el gran Flaco, sobre su música, sus conciertos y los inolvidables encuentros en la cocina de la calle Iberá.

El Flaco Spinetta en Velez, concierto de las Bandas Eternas.

El Flaco Spinetta en Velez, concierto de las Bandas Eternas.

Aquel tórrido día de febrero, un llamado de teléfono interrumpió la siesta en mi casa de Monte Grande. “El Flaco está peor”,  me dijo un amigo. Pocos días antes en el sanatorio le habían permitido regresar a su casa, quizás anticipando un final inevitable.

Lo cierto es que Luis venía atravesando una silenciosa enfermedad, de la cual no había tomado real conciencia sino hasta esos últimos meses. Un dolor en el omóplato lo había llevado a realizar unos estudios que le devolvieron los peores pronósticos. Un tumor pulmonar en estado avanzado.

Un tiempo atrás había realizado el multitudinario concierto Spinetta y las bandas eternas, en el estadio de Vélez: una idea que había rondado la cabeza de varios de su entorno durante años. Alguna vez Juanca Giacobino (su manager) me había comentado la idea de hacer un gran concierto de Spinetta, en aquel momento me habló sobre su fantasía de invitar a todos los músicos que tocaron con el Flaco. Ellos le llamaban el concierto “Volver al futuro“,  un show que empezara con la última formación de Spinetta y a partir de ahí , ir retrocediendo en el tiempo hasta terminar dos horas después con Muchacha ojos de papel, como último tema con los integrantes de Almendra. “-Volver…al futuro…!“ remarcaba Juanca mientras cenábamos.
Aquel sueño se cumplió un par de años después. Afortunadamente, la gran mayoría de los músicos históricos de Spinetta estaban en buena forma musical y gozaban de buena salud.

Un estadio de Vélez colmado, a pesar de las dificultades tales como el boicot que no les permitió pegar afiches en la vía publica, o la competencia brutal de conciertos como el de AC-DC en River Plate ese mismo día, no pudieron opacar lo que fue la gran fiesta para un ejército compacto de soldados spineteanos, entre los cuales me incluyo. El concierto finalmente duró casi seis horas (bastante más que las dos horas iniciales), cada banda tocó al menos tres canciones y fueron muchos los invitados estelares, como Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati, Juanse o Ricardo Mollo.

Una semana después del concierto, me llama Juanca para decirme “Luis está evaluando hacer una gira con Pescado Rabioso, por lo bien que se sintió tocando con ellos y la buena onda que hubo en los ensayos y el show.”

Lo cierto es que aquella gira nunca se realizó. Sí algunos conciertos en Chile, Buenos Aires y el Conurbano. Niceto Club fue el lugar elegido por Spinetta para uno de sus últimos conciertos en público. Allí se lo vio sentado y con la guitarra apoyada sobre sus piernas, por el dolor de espaldas que le ocasionaba colgarse la guitarra.

Yo solía tener una costumbre odiosa. Pasar por su casa y tocarle el timbre. En general llevaba discos para escuchar o un paquete de facturas. Varias veces tuve el privilegio de compartir una pava de mate con él en su cocina.

Recuerdo una mañana donde estuve al menos 4 horas en su casa plantificado (una especie de amotinamiento amoroso), en aquella ocasión hablamos mucho de sus colegas Charly, Fito, Litto Nebbia y otros. Él se abrió muchísimo y me dijo todo lo que pensaba de ellos. De su obra, de su forma de encarar sus carreras. Incluso me contó los motivos que hicieron que nunca pudiera armar ese famoso proyecto de dúo con Charly. Por momentos me sentía embriagado de tanta información de primera mano y viendo su cara a contraluz me preguntaba si todo eso que estaba sucediendo era real.

En un momento determinado (promediando la tarde) le dije que tenía que ir a la radio, a hacer el programa y ese momento fue como la ley de la gravedad misma. La realidad me aplastó contra el piso. Él también pareció tomar conciencia que yo (además) trabajaba en una radio. Quizás una dosis de paranoia lo invadió súbitamente.

Recuerdo que me acompañó todo el pasillo hasta la puerta de entrada, y de paso, hasta la puerta misma de mi auto. Abrí mi ventanilla y estaba ahí Luis (como un espontáneo padrino) diciéndome que maneje despacio, que prestara atención al tránsito, etc.  Pero su última frase antes de que arrancara fue la que enmarcó definitivamente la jornada que habíamos pasado. “Estuviste en la casa del zorro, pero al zorro no lo viste.” (me dijo con una sonrisa cómplice.) . Ahí tome conciencia que todo lo que me había dicho quedaba entre nosotros y así fue.

Poco tiempo después, le pedí una entrevista formal para la radio por la grabación de su disco Un Mañana (la anterior se la habíamos hecho con Adolfo Castelo con motivo de su disco Los Árboles). Después de un par de meses de incertidumbre, un 25 de diciembre (sí, Navidad) me confirmó que me esperaba al día siguiente para hacerla.

Una vez más toqué el timbre de la calle Iberá, acompañado del periodista Alfredo Rosso, y pudimos (grabador mediante) conversar durante tres horas. La mitad de esa charla fue emitida en la radio Rock and Pop en un especial de fin de año, aquella fue una de las últimas entrevistas que brindó y siempre le estaré agradecido.

Su repentina muerte dejó a cientos de músicos en un estado de orfandad, Spinetta representa un faro estético y ético que los músicos necesitamos. Su férrea conducta (consistente en hacer exactamente la música que quería y como quería) generó el respeto de todos los músicos. Alguna vez dijo: “O hacía el disco que quería la Coca Cola o hacía el que quería yo. Finalmente hice el que quería yo”.

Aquella triste tarde de febrero, desde mi auto veía los televisores de los bares, de los negocios. En todas las radios sonaba Spinetta. La televisión lo homenajeaba y por un momento sentí que podíamos evolucionar. Hoy, a dos años, no puedo evitar mi desilusión. Estamos huérfanos.

 

Por Gillespie

Foto: Jorge Pérez

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