La dictadura de Facebook

Según Facebook, la identidad de La Bocina «es falsa» y por eso, eliminó todos los sitios donde se publicaba información. Una red social que es tan utilizada para comunicarse entre sí por miles de millones en todo el mundo, no da ninguna chance de comunicarse con los responsables de la misma.

En francés sería «aller chanter à Gardel», y para nosotros «andá a cantarle a Gardel». Prácticamente eso es lo que dice Facebook si se percata que «no sos una persona real».

Así lo hizo con el perfil y la página de La Bocina, a través del cual también se manejaba la información que se compartían con cientos de seguidores de los programas de radio «La Bocina de Mi Barrio», «Popurrí de poco un todo» y «Todo El Año Es Carnaval».

Cuando hace unos años me sumé a Facebook, decidí que mi perfil personal no fuera público, es decir: sólo pueden verlo familiares y amigos. Sin entender demasiado de qué se trataba -tampoco FB te explica mucho- quise que La Bocina tuviera perfil y página. La idea era difundir las noticias por todos los lugares posibles.

A través del perfil de La Bocina se sumaron miles de «amigos», mientras que la página oficial y de los programas de radio habían obtenido una cantidad similar de «me gusta».

No pienso decir «Facebook me censuró», ni hacerme el payador perseguido. El problema es mayor, y nos involucra a todos: deben estar en plan de detectar identidades en todo el mundo -una práctica que también hace google- y seguramente, un programa empezó a testear entre los perfiles, quién es real, y quién no.

Así, de un plumazo, dieron de baja al perfil de La Bocina y a todas las páginas que se administraban desde allí.

Con esa medida arbitraria e inconsulta, Facebook también impide que La Bocina se entere de las actividades de nuestros amigos, las que a su vez compartíamos con otros amigos, colaborando con diversas causas, y enterándonos de otras.

Lo curioso es que hay un montón de delincuentes cibernéticos que fraguan bien su perfil. Y a través de él, cometen delitos (las redes
de pedofilia captan a sus víctimas por esa red social). Por los penosos resultados que suelen aparecer en los medios, parece que a ellos no pueden desenmascararlos.

De hecho, uno de los personajes del programa «Todo El Año Es Carnaval» tiene su propio perfil: se hace llamar Don Salame. ¡Con semejante nombre, Facebook no detectó a Don Salame como «identidad falsa»!!!

Pero sí detectan a un medio que es público, que puede cotejarse su contenido, y que lleva años compartiendo noticias con sus «amigos» de la red.

La única chance que te da, es «bajarte la información» y chau. Te anula como usuario, tu perfil ya no se puede usar, y con él, ninguna de las páginas creadas (todo el material que estaba cargado allí se perdió).

Revolví todas las pestañas, busqué en google, pero no hay chance de hablar con nadie de Facebook: el «centro de ayuda» te permite mandar un «mensaje», pero sólo para «ayudarnos a mejorar», no toman en cuenta el reclamo. Ni teléfono, ni mail, ni nada. A la red social por excelencia no le interesa comunicarse con sus usuarios.

Seguramente, la idea será tratar de vender su publicidad, ofrecidas como «aplicaciones» para «difundir las publicaciones», algo que cada vez que se publica algo, aparece.

No sé si voy a crear otra «página» en la red social. Hay que volver a empezar de cero… ¿Y si después vuelve a pasar lo mismo? Mientras evalúo los daños, le digo a los de Facebook: «Allez merde». Los que no saben, pueden imaginarse adónde los mando.

O tipear en google, a ver qué significa.

Claudio Serrentino

Foto: Taringa