DEBATE PRESIDENCIAL. Dos candidatos aferrados al libreto

El debate entre los dos candidatos que llegaron al balotaje para definir al futuro Presidente de los argentinos careció, prácticamente, de debate. Ambos se dedicaron a repetir el “speech” que sostienen desde que empezó la campaña electoral para la primera vuelta, sin más precisiones.

Quedó claro que de un lado no estuvieron Perón, Chacho Alvarez ni Cristina. Y del otro, fue evidente que no se trató de Alfonsín, Balbín o Carrió. Es decir: dirigentes que, en los últimos tiempos, se destacaron en la historia política argentina por su oratoria.

Pues bien: sólo con tomar nota que de un lado el candidato era Daniel Scioli, y del otro Mauricio Macri, se deduce el pobre nivel del hiper difundido debate presidencial. Que no fue el primero (error de los grandes medios que insistieron con el concepto): el primero fue el que incluyó a todos los candidatos presidenciales (Macri, Massa, Stolbizer, Saá, Del Caño) y del que Scioli se autoexcluyó pese a haberse comprometido a participar -entonces, creía que el partido ya lo tenía ganado-.

Como se sostuvo antes, el debate se dio sólo en la teoría: los candidatos se preguntaban, pero no se respondían. Fue muy pobre la interacción entre ellos, le faltó sal y pimienta, truco y retruco. Tanto Scioli como Macri demostraron que están más preparados para los spots publicitarios, que para la tribuna política, la discusión pública de ideas.

Los futuros candidatos presidenciales deberían tomar nota y empezar a prepararse para levantar el nivel de la retórica.

De los dos, Macri pareció más sereno y seguro. A Scioli se lo vió alterado e incómodo por momentos.

Básicamente, ambos reiteraron los siguientes conceptos, repetidos hasta el hartazgo en las casi dos horas que duró el debate:

“Con Macri viene el ajuste, la baja de salarios y la devaluación” (Scioli).

“Se puede construir un país mejor, tenemos grandes oportunidades” (Macri).

Y listo. El único intercambio entre ellos fue intercalar esas frases y pobres conceptos ante cada “tema” incluído en el “manual de estilo”.

Ninguno de los dos explicó en profundidad cuáles serán sus medidas para combatir la pobreza, bajar la inflación, mejorar la salud y la educación, facilitar el acceso a la vivienda para millones de argentinos que no tienen, producir y generar oportunidades. ¿El tiempo era poco para explayarse en profundidad? ¿O no quieren “piantar votos” a una semana de las elecciones?

Ambos coincidieron en seducir a los habitantes de los territorios más poblados: Daniel Scioli prometió mantener los subsidios en los servicios públicos (que sólo tenemos los privilegiados porteños y bonaerenses que viven en el Conurbano). Y para Mauricio Macri, la cuestión de la seguridad es sólo un problema de Buenos Aires, ya que dijo que si es Presidente, transferirá la Policía Federal a la Ciudad.

No hubo sorpresas: Scioli se aferró al discurso kirchnerista y no dudó en tratar de asustar a la audiencia con lo que se viene si gana su contrincante.  Macri se apoyó en el cansancio que parte de la sociedad siente hacia el gobierno nacional y promete construir un “país mejor”. Así de genérico y básico fue el debate.

Se habla de ganadores y perdedores, incluso el canal del grupo Clarín hizo “encuestas” a través del teléfono y redes sociales: ¿alguien podía creer que éstas le iban a dar ganador a Scioli? Una pedorrada que ni ellos se la creen…

Seguramente, el debate ayudará un poco a los indecisos, ya que los votantes de Scioli seguirán autoconvencidos de “nosotros o el caos”, y los de Macri seguirán sosteniendo “esto no se banca más, probemos con otra cosa”.

Más allá del pobre nivel descripto en esta segunda experiencia, es muy positivo que los candidatos se planten ante la sociedad y expliquen sus propuestas. Es un escalón más para intentar profundizar la democracia.

Claudio Serrentino

Foto: Télam