7-M. Otro “día peronista”

Mientras los “analistas” intentan definir quién ganó y quién perdió después del acto de la CGT con bochornoso final, otra lectura sobre los hechos de ese verdadero “día peronista”.

Hubo muchos “días peronistas” a lo largo de nuestra historia reciente; el fundamental, fue el 17 de Octubre de 1945, cuando miles de manifestantes despertaron de la letanía a los militares en el poder, y en su lugar pusieron a Juan Perón.

El día del renunciamiento de Evita fue tenso, emotivo, y todo se definía allí, delante de la gente: tres características vitales, que desde entonces muestra el peronismo cada vez que sale a la calle.

Lo mismo ocurrió cuando Perón amenazó a la oposición con el “5 x 1”.

Copando la capital porteña -con la Plaza de Mayo, el Congreso o el Obelisco como escenario- el peronismo (como los romanos en la Edad Antigua) define en la calle quién es el “capanga”, el que copa la parada.

No importa si se nota que son violentos y/o impresentables. El tema es ocupar el centro de la escena.

Episodios más o menos dramáticos, pero similares, se vivieron el 20 de Junio de 1972 en Ezeiza: nunca se supo el número exacto de víctimas; el 1º de Mayo de 1974, cuando el mismísimo Perón expulsó a los Montoneros de la Plaza de Mayo; la manifestación de la CGT en 1988 que terminó en tremendos incidentes; el traslado de los restos de Perón en 2007, que generó una batalla entre gremios que nunca nadie se animó a explicar.

Esta vez, el promocionado 7-M, convocado por la CGT, terminó siendo una farsa del reclamo; el gobierno, que lo miró por TV, ríe por no llorar (el reclamo fue legítimo, los reclamantes, no) y respira aliviado: los medios hablan de la corrida de Pablo Moyano, pero no de los bajos salarios.

La maniobra del kirchnerismo fue clara y bien ejecutada, con el fin de copar el acto y dejar en ridículo a los viejos “gordos” sindicalistas. Quedó claro a qué se refería Cristina cuando ordenó: “vayan al acto de la CGT”.

El robo del atril con la sigla de la entidad sindical fue todo un símbolo; la huida de los dirigentes, además, fue patética.

Una vez más, los sindicalistas demostraron por qué son los dirigentes menos creíbles para la sociedad; quedó claro que, aunque “ganen” las elecciones en sus sindicatos, no son representativos de los trabajadores.

A propósito: el único que quiso “democratizar” los gremios fue Alfonsín, y le hicieron 13 paros generales. ¿Alguien, alguna vez, se animará a modificar la ley de asociaciones civiles, para que lo máximo que pueda estar un dirigente al frente de su gremio sea 10 años, y después vuelva a su puesto de trabajo? Que no se queden a vivir en la sede del sindicato… Eso podría impulsar una nueva y mejor generación de dirigentes, donde la renovación sea una constante.

La izquierda, que se anota en cualquier marcha que sea en contra de algo, quedó atrapada -una vez más- en medio del fuego cruzado entre peronistas. Quienes alguna vez deberán aprender a dirimir sus diferencias en las urnas, y no en la calle.

Al mirar los incidentes, la sensación de frustración es grande.

Allí había mucha gente que tenía por qué quejarse EN SERIO, sin trabajo y sin futuro.

Que un puñado de personajes no sepa cómo defenderlos, fue POCO SERIO.

Claudio Serrentino

Foto: Noticias Argentinas

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