Los desaparecidos del Corralón de Floresta

Floresta es tristemente célebre por los centros clandestinos de detención “El Olimpo” y “Automotores Orletti”. Pero sus vecinos también padecieron el terrorismo de Estado. El 14 de Junio se celebra el “Día del Barrendero” en memoria del Padre Mauricio Silva, el “cura barrendero”. En esta nota, la historia de los trabajadores del Corralón que pretendían dar un servicio estatal y eficiente de higiene urbana. 

Julio Goitía y Kuky, su mujer, eran peronistas; militaban en una unidad básica de Flores; Kuky cuenta con orgullo que “en el ‘73, fue la única vez que el peronismo pudo ganar en la 5º circunscripción, por el trabajo de base que hicimos”.

Esta historia nace durante alguna de las dictaduras militares de la época (Onganía, Levingston, Lanusse), cuando se dispuso “privatizar” la recolección de basura en la Ciudad, pero había un problema: la empresa recolectora de entonces, llamada “Maipú” (una de sus bases era el corralón de Gaona y Gualeguaychú), no respetaba los derechos de los trabajadores, ya que muchos ni siquiera tenían puesto fijo, por ejemplo.

Las reivindicaciones sociales que traería consigo el triunfo electoral peronista en el ‘73, llegaría a Floresta: militantes de la “JP” (Juventud Peronista) ingresan a trabajar al corralón, con el firme propósito de reestatizar la recolección de la basura y mejorar las condiciones laborales. Entre ellos estaban Néstor Sanmartino, Julio Goitía, Miguel Yanson y Miguel Foncueva.

“Nos trataban como a los estibadores del puerto, los obreros nos juntábamos en un baldío que estaba atrás de la cancha de All Boys, llegaba el capataz y seleccionaba quiénes iban a hacer la recolección de ese día”, cuenta Miguel Foncueva.

Yanson se refiere a aquellos años como “una época gloriosa, donde se podía luchar por los ideales”. Kuky acota: “era lucha social, no usábamos armas, me da bronca cuando dicen que éramos terroristas”.

era lucha social, no usábamos armas, me da bronca cuando dicen que éramos terroristas

La lucha de los militantes rindió sus frutos, y la recolección de la basura se estatizó en tiempos del intendente José Embrioni, ya que se descubrieron algunos “chanchullos” de la empresa. Pudieron comprobar que ésta vendía los camiones (que pertenecían a la entonces Municipalidad de Buenos Aires).

Los trabajadores del corralón de Gaona y Gualeguaychú fueron efectivizados, y empezaba otra lucha: la de demostrar que el servicio de limpieza estatal podía ser más eficiente que el privado.

Cuando el Estado se hizo cargo del corralón municipal, los trabajadores comenzaron a notar que había muchos que cobraban sueldo, pero a los que nadie conocía: “eran ‘ñoquis’, y necesitábamos detectarlos para poder ocupar su puesto con un tipo que laburara realmente, y mejorar el servicio”, cuenta Miguel Yanson.

El Padre Mauricio Silva quería vivir como Jesús, con los pobres, y por eso  le pidió a Simón Lázara (entonces concejal socialista) que le consiga un puesto como barrendero. El político cumplió, y Silva andaba todos los días por las calles de Floresta juntando la basura.

El cura, que pertenecía a la “Fraternidad Hermanitos del Evangelio Charles de Foucauld”, vivía en un conventillo de Corrientes y Malabia.

Mientras en Gaona y Gualeguaychú, entre la basura, la utopía pretendía concretarse, en el país la lucha armada mandaba la utopía a la basura: el 24 de Marzo de 1976, la Argentina amaneció copada por militares.

Y el corralón no iba a ser la excepción: apareció un gendarme para hacerse cargo: “la primera orden que le dio a los trabajadores fue formar filas, como en la colimba”, dice Miguel Foncueva.

El sueño había terminado y empezaba la pesadilla: a Néstor Sanmartino se lo llevaron de su domicilio con su esposa, en la madrugada del 5 de Mayo de 1977. A Julio Goitía lo secuestraron al día siguiente. A Mauricio Silva le pasó lo mismo el 14 de Junio de ese mismo año, mientras juntaba la basura; unos dicen que fue en Segurola al 1100, otros que ocurrió en La Paternal.

En las horas y los días posteriores a las desapariciones, reinó el desconcierto primero, y el desconsuelo después.

En el caso del Padre Mauricio Silva, el pedido de su paradero llegó hasta el Vaticano, y se dice que cuando ocurrió el conflicto con Chile, el primer tema en la agenda del Cardenal Samoré era reclamar ante la junta militar por la aparición con vida del cura barrendero.

Pero oficialmente, la Iglesia Católica nunca pidió por él.

El 14 de Junio es el Día del Barrendero, en homenaje al Padre Mauricio Silva.

La historia de los desaparecidos del corralón fue un excelente trabajo de investigación, realizado por la Asamblea Barrial de Floresta, en ocasión de cumplirse 30 años de las desapariciones.

El homenaje se realizó una noche helada de Junio de 2007. Entonces, los sobrevivientes dejaron los testimonios que ilustran esta historia.

Que duele mucho, y también forma parte de la historia del barrio.

Claudio Serrentino

Fotos: informe Conadep