PASO 2017. La estrategia del cuco

El gobierno de Macri celebra un resultado casi increíble: después de todas sus pifias, a puro “ensayo y error”, con figuras no reconocidas, y casi sin logros para exhibir, Cambiemos amplía su horizonte electoral. Por qué.

Algún analista político del establishment definió a Cambiemos como “el partido del ballotage”, o sea: la suma de voluntades que se juntaron después de la primera vuelta presidencial, en 2015, sólo para derrotar a los K.

Es una buena definición, que -con los resultados calientes de las PASO 2017- parece reavivar su llama iniciática.

¿Qué otra cosa es Cambiemos, que un freno electoral para el Kirchnerismo?

Ese fue el principio y el fin del proyecto: evitar que los K se eternicen en el poder. Y esa sigue siendo la consigna principal para los millones de argentinos que apoyaron al gobierno nacional en esta contienda.

¿Qué es Cambiemos, ideológicamente hablando? En la Ciudad de Buenos Aires, el PRO gobierna desde hace 10 años y no logró reducir la pobreza, pero algunas plazas están más lindas.

Preguntarle a alguno de sus millones de votantes por qué propuestas apoya al gobierno, sería ponerlo en un brete.

Inmediatamente surgirá la frase: “para que no ganen los otros”.

Y “los otros”, también hicieron lo suyo para que los electores insistan con remarcar “la grieta” y quedarse de ese lado.

La estrategia de los K depende de una sola persona, desde que eligieron (perdón, eligió; ella eligió) ubicarse lejos de los caciques peronistas.

Y Cristina volvió con más de lo mismo: jugó a las escondidas, cambió la estética del escenario (al estilo Durán Barba), siguió ignorando a los medios y saludando a los suyos. Y como gran novedad hizo subir a personas comunes (!!!) para que contaran las penurias que les genera el gobierno de Macri.

Ah! Sobre el final de la campaña, hizo un esbozo de autocrítica que sonó a demasiado poco, después de 12 años de gobierno (durante los cuales tampoco se redujo la pobreza): “No fuimos tan humildes como hubiéramos debido”.

Con ese pequeño pack, enfrentó a las adversidades: pese a las corporaciones de medios en contra, el peronismo del NOA haciendo rancho aparte y la justicia rondando a sus ex funcionarios, Cristina creyó que lograría el milagro. O al menos, demostrar que no está out de la política grande.

Desde el gobierno nacional, usaron la estrategia del cuco: la agrandaron, les tiraron a los periodistas “por lo bajo” encuestas en los que la precandidata K arrasaba, los periodistas decían “el gobierno ya se da por perdido”… En los últimos 10 días, exageraron la situación.

El cuco volvía a acechar. Los que remarcaron “la grieta”, volvieron a entrar en pánico. El pánico se extendió por casi todo el país, y…

El resultado es el conocido: cualquiera que gane como candidato a Senador en la Provincia de Buenos Aires -a esta hora, entre Cambiemos y Unidad Ciudadana hay una diferencia de menos de 7.000 votos- habrá tenido un triunfo “pírrico”.

No es un mero detalle que el gobierno haya triunfado con un “nadie” como Esteban Bullrich, al que la propia Cristina (des) calificó como “piantavotos”.

El fenómeno Cristina quedó acotado a los sectores más pobres del Conurbano, y a tres provincias. El desprecio que ella siente por la suerte de Santa Cruz, quedó demostrado en su “faltazo” a la hora de votar.

De todas maneras, 34% no es poco para alguien que gobernó durante 8 años.

Lo difícil para la viuda de Kirchner será crecer para lograr el triunfo, que se le vuelve esquivo desde el mítico 54% de 2011. Con Cristina como gran estratega, el Kirchnerismo perdió en 2013 y 2015. Y ya perdió en varias provincias en 2017.

Por eso, con tan poco para exhibir, sin resultados concretos (la inflación es una constante), el gobierno nacional logró ampliar su base electoral.

En buena parte, se lo deben a Cristina.

Claudio Serrentino

Foto: Clarín