AJUSTE A JUBILADOS. ¿Por qué la crisis la pagan los más débiles?

Los últimos días del año son siempre complicados en la Argentina. Muchas definiciones ocurren en simultáneo.

En la cumbre de la OMC, el Presidente Macri decide blanquear su mentira: frente a la “creme delacreme” del mundo de los negocios, Mauricio se sincera. Se siente cómodo, está rodeado de gente como él. Entonces, transforma su molesta promesa de “Pobreza Cero” por el genérico (y mucho más difuso) “reducir la pobreza”. Listo. A otra cosa mariposa.

Algo similar había ocurrido con Menem: llegó al poder prometiendo salariazo y revolución productiva. Apenas tomó el bastón de mando, les hizo un corte de manga a los que lo votaron, esperanzados en aquellas promesas. Les regaló el ministerio de Economía a los liberales, y se dedicó a divertirse con la farándula. En las elecciones posteriores, lo siguieron votando: los peronistas, tomando aire y tapándose la nariz. Igual que los copetudos de la Recoleta.

Mientras la fuerza productiva del país iba desangrándose lentamente, el tandem Menem-Cavallo era apoyado por los poderosos de siempre, que estaban a sus anchas. Nadie les tocaba el culo (para ellos, eso significa que nadie les metía la mano en la billetera).

Entonces, se justificaba el ajuste permanente con los siguientes argumentos: “no hay plata para pagar más jubilaciones”, “no se puede emitir moneda para agrandar el gasto público”, “no hay plata para salud, educación, ni para nada”, “hay que achicar el déficit” y demás etcéteras que los argentinos aprendimos de me-moria durante el menemato. Entonces, el vocero oficial era Domingo Cavallo.

En el gobierno actual, con dos ministros de Economía de perfil ausente (ni siquiera bajo), la defensa de la economía quedó a cargo del diputado Nicolás Massot, jefe del bloque Cambiemos.

Massot es economista, recibido en la Universidad Torcuato Di Tella; es hijo de Alejandro, uno de los dueños del diario “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca. Su tío Vicente es el director: está acusado de encubrimiento y complicidad en una causa en la que se investiga la desaparición de los obreros gráficos Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola, durante la última dictadura.

Nicolás no tiene suerte con los parientes: su suegro es Germán Kammerath, que fue condenado a 3 años y medio de prisión e inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos, por el delito de negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública.

Este diputado fue el protagonista del escándalo en la Comisión de Previsión y de Seguridad Social de la cámara baja, donde hubo insultos, rotura de vidrios y piñas. Massot fue noticia por su frase “¿Quieren pedir por la guita? ¡Vamos a Ezeiza y Marcos Paz y pidamos por la guita!”. Otra brillante: “quemaron la casa y hoy se quejan por el humo”.

Frases efectistas, para llegar al corazón del público de Cambiemos y pegarle en el hígado a los kirchneristas. Pero que no solucionan el problema de fondo de la Argentina: por qué las crisis siempre las pagan los más débiles.

Hubo ajustes desde que tengo uso de razón: desde antes de nacer, Alsogaray ya ajustaba “el cinturón”. Después, una seguidilla interminable de sabihondos economistas. Ortodoxos, heterodoxos, keinesianos o smithianos. Todos sabían mucho, pero no arreglaron nada. A esa verdadera lista negra, se le suma Massot. Todavía un pinche, un cuatro de copas. Pero está pidiendo pista.

Massot elige hablar del pasado: es lo que más le conviene al gobierno. También le conviene evitar este presente: por un lado, sacarle un poco a cada jubilado; cobrar el impuesto a las Ganancias al aguinaldo de los trabajadores; aumentar las tarifas de los servicios públicos (y de ahí, generar inflación); achicar la industria (y la generación de puestos de trabajo).

Por el otro… eliminación de retenciones, fiesta de bonos, deuda a 100 años, empresarios que se tragan miles de millones de los impuestos y no pasa nada, paraísos fiscales… Super joda en continuado.

Este estado de cosas puede llegar a buen puerto no sólo por la trascendencia mediática de Masot (quien con su aparición, ocultó convenientemente la figura del Presidente, principal propulsor de los recortes). También, gracias al “gran acuerdo” que el gobierno firmó con los gobernadores (¿peronistas…?) y la CGT (¿Confabulados para Garcar a los Trabajadores…?).

La democracia no es una cuestión de derechos civiles. Debe garantizar un futuro mejor, también a nivel económico. No sólo las cloacas a las que Macri se refirió ante la OMC: ES UNA VIDA DIGNA PARA TODOS. ¡Y claro que puede lograrse, si los pocos que ganan muchísimo, ceden algo a los muchos que ganan poquísimo!

Es la gran deuda de esta “clase” política que juega al escándalo y se pelea por repartir las miguitas, mientras la torta está en poder de los avaros de siempre.

Federico Arias

Foto: Presidencia de la Nación