TRAGEDIA DE ONCE. «Nuevos trenes gracias a la sangre de 52 inocentes»

La tragedia de Once, en la que murieron 52 personas y más de 700 fueron heridas, es una triste muestra de cómo la política argentina puede relativizar todo: hasta la muerte.

Pasaron seis años de aquel terrible 22 de Febrero de 2012, cuando a las 8.33, el tren chapa 16 del FFCC Sarmiento embistió contra el paragolpes del andén 2 de la estación Once.

Las escenas fueron muy fuertes. El dramático accionar de los bomberos para rescatar a los miles que habían quedado atrapados en los vagones, quedaron en la memoria de muchos.

Para los que vivimos a la vera de las vías del Sarmiento, aquellos que escuchamos cotidianamente el ruido de la barrera y de la llegada y partida de las formaciones, la sensación fue doble: ¡pude haber sido yo, mi viejo, mi sobrina!, así, con signos que no son de admiración, sino de indignación.

Inmediatamente después de la tragedia, el único funcionario que habló fue el Secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi, quien pretendió culpar a los pasajeros y/o al día laborable (!!!): «el tren estaría llevando entre 1.200 y 1.500 pasajeros, con la particularidad de que se habían agolpado en los dos primeros coches para bajar primero, lo que produjo que el accidente tomara ribetes de tragediaSi esto hubiera ocurrido ayer (feriado) el impacto hubiera sido menor».

Dos días después de la tragedia, la Presidente Cristina viajó a Río Gallegos.

El gobierno de entonces pasó por todos los estratos posibles: de la negación del principio, a renovar todo el trazado de las vías de Once-Moreno, y la totalidad de los vagones, lo cual se realizó en casi tres años. Todo un récord, de acuerdo con los parámetros de las obras públicas que se realizan en la Argentina.

La investigación judicial concluyó que los máximos responsables son los dueños de la empresa TBA y funcionarios del gobierno de Cristina. En total, 21 condenados. De ellos, el que menos pena recibió fue el maquinista Néstor Segovia (3 años de prisión).

Pero pese a que la justicia falló lo contrario, la negación persiste. El año pasado, Cristina insistió en quitarse toda la responsabilidad, y depositarla en el maquinista de la formación. «»El Estado no tuvo culpa en la tragedia de Once (…) Si el chofer no acciona el freno… bueno…», dijo en un reportaje concedido al periodista Chiche Gelblung.

Paolo Menghini, papá de Lucas (muerto en la tragedia), uno de los referentes de los familiares de las víctimas, dice siempre que «los trenes nuevos están, gracias a la sangre de 52 inocentes; y eso los pasajeros lo reconocen y lo respetan«.

Tiene razón Paolo. De no haber sido por los muertos y heridos, por la necesidad de la política de tapar sus errores, por la proximidad de las elecciones de 2015… la inusual rapidez para adquirir nuevos trenes, renovar el trazado y modificar las estaciones, simplemente, no hubiera existido.

Claudio Serrentino

Foto: Archivo La Bocina