En una charla, la Junta de Estudios Históricos de Villa Real contó cómo se fue desarrollando el barrio, desde la llegada del ferrocarril. Fue un encuentro cálido, donde los historiadores hicieron gala de sus investigaciones.

El Domingo 18 de Marzo, el mismo día en que el Dr. Ramos Mejía había decidido que una pequeña estación de tren, ubicada en el kilómetro 3.160 del ramal Caseros-Liniers se llamara Villa Real (hace ya 109 años) tres historiadores convocaron al público para charlar sobre ese y otros momentos emblemáticos que marcaron a los vecinos.

Llegué tarde pero como siempre, me recibieron con calidez. Alicia Graciela Martínez, Susana Boragno y Carlos Micko se sacaron chispas contando la historia de cómo llegó -y se fue- el ferrocarril, los primeros loteos, el almacén de Pura y Pilar.

La historia barrial contada de primera mano, por gente que entregó horas y horas a la investigación, con un solo fin: conocer el desarrollo del lugar donde viven.

Y la charla fue allí mismo, donde las noticias barriales iban y venían, uno de los pocos lugares que en los ’60 tenía teléfono público, centro social y corredero de chismes: el almacén de Pura y Pilar (hoy, restaurant Posada de los Virreyes), en la esquina de Nazarre y Gallardo.

Entre el público, estaba el Maestro Antonio Pujía, que en su niñez vivió ahí cerquita (Versailles). Y Osvaldo Avella, heredero de una historia familiar que luchó por conseguir lo más básico para el barrio, desde la Sociedad de Fomento Olegario Víctor Andrade.

Escucho la historia una y otra vez, y no dejo de maravillarme por el amor con que estos vecinos atesoran la historia reciente de un barrio chico, pero con una gran polenta.

Para los grandes medios, pasó totalmente desapercibido.

Y sin embargo, fue uno de los mejores momentos del domingo.

¡Gracias, Villa Real, por el cariño y el ejemplo!

Claudio Serrentino

Fotos: La Bocina