Hay una grieta básica, que nació con la humanidad misma: los buenos y los malos. La literatura y el teatro primero, los dibujos animados y el cine después, estereotiparon sus características. Pero… ¿dónde ubicar a Víctor Santa María?

Uno se cree bueno, o malo, según su propia personalidad. El problema aparece con la mirada de los otros: ¿y si siento que soy bueno, pero para los demás soy malo…? Terrible dilema con el que los psicólogos han aumentado su trabajo.

Otra cuestión a tener en cuenta son los roles que uno cumple en la historia. Difícilmente el Guasón aparezca convertido en eficaz asistente de Batman. Es el malo de la película: ¿cómo él va a andar atrás del encapotado, lustrando las luces del batimóvil?

Pues bien… ¿dónde ubicar a Víctor Santa María, que al mismo tiempo es empresario del mediático Grupo Octubre -dueño, entre otros, de Página/12 y AM 750-, gremialista de SUTERH, y presidente del PJ Capital?

La pregunta es, sin duda, desconcertante, porque ni siquiera los intelectuales más lúcidos lo saben.

A la hora de avalar un editorial o una investigación periodística, Santa María es bueno.

Los periodistas se regocijan de la independencia y la coherencia que exhalan sus medios (Página y la radio -que lleva como subtítulo La Otra Página- son opositores al gobierno).

Los lectores y oyentes aplauden los conceptos que vierten a diario Horacio Verbitsky, Víctor Hugo Morales o Eduardo Aliverti.

Ahora bien: cuando Santa María se bajó de la marcha de Moyano porque «no ayuda a la unidad»… ¿En qué lugar de aquel discurso editorial queda Víctor? ¿En ese limbo de indefinibles que juegan su propio juego, y al que ni vale la pena tener en cuenta?

Pero la confusión se apodera de todo este planteo al observar la actuación de Santa María como titular del SUTERH (sindicato de encargados de edificios).

Hace apenas una semana atrás, Página/12 tituló «Otra paritaria a medida del gobierno».

El diario informaba sobre el acuerdo firmado por el gremio Luz y Fuerza: un aumento salarial del 15% en dos cuotas, y dejaba ver desde el título la vocación de los gremialistas por agradar al gobierno de Macri, al «respetar el techo a las paritarias que impulsa la Casa Rosada» (textual).

A principios de esta semana, el SUTERH de Víctor acordó una suba del 12% en el sueldo de los encargados, a pagar en dos cuotas.

Y Verbitsky, Granovsky, Víctor Hugo, Aliverti, Feinmann… coincidieron en mantener un prudente silencio.

Página/12 no publicó una sola línea sobre la propina/aumento conseguida por Santa María. En la 750 ocurrió algo similar.

El silencio siempre es una mala señal, y eso que el politburó del Grupo Octubre pudo haberla dibujado tranquilamente.

Imaginen una tapa de Página/12 con dos ancianos sonrientes, el título «Aporte patriótico de los porteros» y una bajada que informara «Para que los jubilados no sufran al pagar las expensas, el SUTERH achicó sus pretensiones salariales». ¡Hubiera quedado joya!

La radio podría haber sacado al aire a sus oyentes mayores, resaltando las gestiones de Santa María para beneficiarlos. Incluso, hasta podría haber sumado afiliaciones al PJ.

Pero la cuestión no encierra ningún misterio: que el editor Santa María no publique las críticas del titular del PJ Santa María, al pobre aumento salarial conseguido por el gremialista Santa María, no es censura ni omisión.

Es pura lógica… ¡el tipo no va a criticarse a sí mismo!

En fin, cada uno sabrá si es bueno o malo.

Aunque a veces, la multiplicación de roles complique un poco el análisis.

Claudio Serrentino

Foto: Clarín