La obligatoriedad para los comercios de ofrecer el pago con débito o crédito, implica más costos para el vendedor y ninguna ventaja para el comprador. Beneficiados: los emisores de tarjetas, y el Estado. No habría voluntad política de ponerle límites a los que «cortan el bacalao» del dinero electrónico. 

Vas a una verdulería por dos limones, dos tomates y una planta de lechuga. O al kiosco, a comprar una barra de cereal, un paquete de pastillas y un agua. ¿Pensás en serio pagar con débito/crédito…? 

Suponiendo que la respuesta sea «sí», preparate para perder vitales minutos: pasar la tarjeta -que el lector pueda leerla-, esperar la autorización, si es de Red Link marcar el código, esperar que se imprima el papelito para firmar, y el que le queda al comercio.

Mientras esto ocurre, se va amontonando gente en la verdulería que viene por un kilo de papas y medio de cebolla, una nena que tiene que llevarle morrones rojos y verdes a pedido de la madre, o pibes que llegan al kiosco en busca de caramelos, señores por cigarrillos…

Todos esperan. Si eligen pagar con tarjeta, todos generarán más tiempo de espera a los que van llegando.

O sea: más pérdidas de tiempo y molestias.

¿A cambio de…? A cambio de que el posnet y las tarjetas le saquen al comerciante $ 1,20 por cada $ 100 facturados con débito, o $ 2,35 si es una tarjeta de crédito.

Pero la cosa no termina ahí: el comerciante deberá pagar el costo del aparato ($ 800), el alquiler mensual ($ 500) y el servicio de internet para su local (si no, no podrá facturar).

Okey, pero al usuario del débito después le devuelven el 5% del IVA, así se fomenta el consumo… NO. La eliminación de la devolución del IVA por comprar con tarjeta de débito, fue una de las primeras medidas que tomó el Presidente Macri al asumir el gobierno.

Es decir: TODO EL BENEFICIO es para el dueño de los Posnet, las empresas emisoras de tarjetas de crédito; y por supuesto, el Estado.

Debe ser maravilloso estar sentado en la central de Posnet, y ver en la pantalla cómo otros van facturando minuto a minuto miles de millones de pesos… Plata que ellos después van devolviendo como se les canta. A saber:

Según el sitio increasecard.com, «Visa crédito demora 18 días hábiles en acreditar el dinero de una venta en un pago, mientras que American Express demora 28 días corridos. Si la venta fuese en cuotas, Visa demora 48 hs y American Express 72 hs.«.

El Estado se beneficia sin hacer nada, como casi siempre: sentadito en su escritorio burocrático, también mira cómo otros compran y venden, y espera que pasen por caja para pagar los impuestos. Ya que esa plata ingresó al sistema fiscal. Se volvió blanca como la leche.

La CAME -Confederación Argentina de la Pequeña  y Mediana Empresa- llamó la atención sobre los costos de este sistema, que cae exclusivamente sobre sus afiliados:  «La CAME alienta el uso del posnet, pero llama a contemplar los gastos en que deberá incurrir el pequeño comerciante», declaró a Télam Fabián Tarrío, titular de esa entidad.

Mientras los porteños esperan a que el sistema funcione -que no esté «caído»- para poder usar la tarjeta, y paga con su plata y con su tiempo, hay otra gente que saca ventaja de todo esto. Pero todavía quiere más.

LOS DUEÑOS DEL SISTEMA

El sistema del manejo de dinero virtual es cuasi monopólico. Una sola empresa –Prisma– concentra la emisión de tarjetas, y el manejo de las diversas formas de pago electrónico:  Visa, Banelco, LaPos, PagoMisCuentas, TodoPago y Monedero le pertenecen.

Sus accionistas son 14 bancos privados.

Mientras éstos siguen engordando sus arcas, al mismo tiempo no están muy convencidos de hacer buenos negocios (!!!) y por eso quieren vender la empresa.

Los bancos pretendían liquidar el 100% de las acciones (alrededor de U$S 1.300 millones!), pero el Banco Central sólo les autorizó vender el 49%.

¿REGULAR EL MERCADO?

Ahora bien: con tanto ciudadano con tarjeta de débito/crédito en la billetera, ¿no sería momento de regular el mercado, para que los privados no hagan lo que quieran -cobrándole lo que se les ocurra- con sus clientes cautivos?

Un solo legislador -el senador Alfredo Luenzo– presentó un proyecto que va en ese sentido. Pero en la cámara no le hacen mucho caso.

También está «cajoneado» el proyecto de ley S 3071/16 que modifica el artículo 15° de la ley 25.065 de tarjetas de crédito.

Esa propuesta obtuvo media sanción en la Cámara de Senadores el 7 de septiembre de 2016: limita el porcentaje de las comisiones que los emisores le fijan a los comercios.

Pero el proyecto nunca fue tratado en la Cámara de Diputados.

Hubiera sido interesante que primero aprobasen la nueva ley de tarjetas de crédito, que permita menores costos a comerciantes y usuarios. Y que luego rigiera la obligatoriedad de cobrar con el posnet.

Pero no. Primero pague, y después puede quejarse. Eso sí: el Congreso ya está en tratativas para aumentarse la dieta convenientemente, luego del escándalo de los pasajes canjeados…

Los bancos buscan comprador mientras siguen facturando -y de paso, le hacen facturar al Estado-; y miles de pequeños comercios argentinos pagan el costo del nuevo servicio obligatorio.

Otro paquete de plata que sale de los argentinos, y va a los bancos. Quienes, además, cuentan con exenciones impositivas exclusivas de su actividad.

Negocio redondo.

Claudio Serrentino