Desde hace unos meses, la AFIP ordenó que todos los comercios -chicos, medianos y grandes- tienen la obligatoriedad de aceptar tarjetas de débito y crédito al momento de realizar el pago. Sin embargo, el Estado parece eximido de esta obligación.

Según el sitio oficial de la AFIP… «quienes realicen en forma habitual la venta de bienes para consumo final, presten servicios de consumo masivo, realicen obras o efectúen locaciones de cosas muebles, deberán aceptar tarjetas de débito como medio de pago, así como también tarjetas prepagas no bancarias u otros medios equivalentes«.

Un día cualquiera, en cualquiera de los muchas seccionales que hay en la Ciudad, de los Registros del Automotor dependientes de la DNRPA (Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad del Automotor y de Créditos Prendarios).

El trámite puede ser cualquiera: hacer una denuncia de venta de un auto, sacar una cédula azul, concretar una transferencia, firmar el formulario 08.

Mientras se espera -porque siempre hay que esperar- una pantalla muestra a un señor -funcionario de la DNRPA- que explica una y otra vez las bondades de iniciar el trámite por internet. La tecnología parece haber llegado a los Registros del Automotor.

Sin embargo, a la hora de pagar… minga de aceptar tarjetas. En esas oficinas, dependientes del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, se cobra riguroso cash.

Como el chino de la esquina, el cajero dice «no entiendo» cuando le pedís que te cobre con débito o crédito.

Vecinos que debieron presentarse en el Registro Automotor de Morón, confirman que allá tampoco aceptan tarjeta. Evidentemente, no es una casualidad sino una causalidad, un modus operandis que confirma el hambre de efectivo de estas dependencias.

Una vergüenza: en la era del dinero electrónico, obligan a los ciudadanos a ponerse en riesgo, porque es mucha plata el dinero de una transferencia (+/- 10% del valor del vehículo… eso de que te ahorrás el 40% si iniciás el trámite por internet es falso) como para andar transportándola, y encima, esperando in eternum, en lugares donde no hay ningún tipo de control policial.

Ya lo dijo el cura: «haz lo que yo digo…».

Federico Arias

Imagen: AFIP