¿Ir un sábado al colegio? ¿Encima, para ayudarlo? ¿Qué chico asistiría a semejante convocatoria sin hacer un gesto de «asquito»? Pero el milagro ocurrió en la escuela «Hipólito Yirigoyen», de Villa Real. Cientos de chicos -encima, ¡contentos!- pusieron el hombro por la escuela.

La escuela secundaria ET Nº 27, «Hipólito Yrigoyen» (Virgilio 1980, Villa Real) está especializada en química, con lo cual cuenta con una planta piloto para realizar las diversas prácticas piloto de la actividad.

Allí mezclan diversos productos, y están desarrollando un proyecto sobre biodiesel, reprocesando aceites usados.

Pero la planta ya está viejita. Hay que adaptarla a «las nuevas tecnologías y técnicas productivas de la industria química moderna».

Por eso, la comunidad educativa de la escuela puso manos a la obra, y encaró la remodelación de la planta, con la indispensable colaboración de la Asociación Cooperadora.

Y fue así que se organizó la actividad del Sábado 19 de Mayo, para lo cual se volvió a repetir la tradición de los cooperadores: muchísimos padres colaboraron con riquísimas vituallas -tortas, bizcochuelos, tartas- y exquisitos choripanes y hamburguesas.

La hora señalada era las 18.30. Me tomé tiempo para llegar, ante el temor de que quizás hubiera poca gente, y al sacar las fotos, se iba a notar; y lo que menos quería era que se viera eso.

Pagué mi bono contribución, por supuesto (aunque María, la cajera, sabía que era de La Bocina y no quiso cobrarme) e ingresé al salón de la escuela. ¡Grande fue mi sorpresa cuando comprobé que el salón estaba lleno!

Cientos de chicos disfrutando de la música de «Los Hipólitos», aplaudiendo a rabiar y celebrando los covers de los ’80: por un ratito, estuvieron sobre el escenario Los Abuelos de la Nada, Sumo y otros próceres de mi juventud.

Y, sí, por un ratito volví a aquella época, la de los recitales de la primera primavera democrática. Y viendo el entorno -adolescentes, jóvenes- también me sentí en los ’70, cuando yo mismo transitaba esa edad y también concurría a recitales con raras vestiduras y pelos largos.

Ciertamente, la juventud cambió; hoy usan aros y tatoos, pero siguen escuchando aquella música.

«Los Hipólitos» es una banda nacida en las aulas de la escuela, y no era difícil deducirlo por el nombre. Cuentan que egresaron en 1986. «Estudiábamos toda la semana, no salíamos los sábados», mintió el cantante, y todos disfrutamos el chiste. Suenan bien. Potentes.

Si en el salón había mucha gente, grande fue mi sorpresa cuando salí al patio y lo encontré, literalmente, lleno de pibes y familias, haciendo largas filas para comprar sus gaseosas, choripanes, o tortas, y así, seguir colaborando con la causa.

Cuando salí, seguían llegando chicos y padres, con la firme idea de modernizar la planta piloto de la escuela «Hipólito Yrigoyen».

Sin duda, cuando trabajamos juntos por una causa, nadie nos puede parar.

Claudio Serrentino

Foto: La Bocina