El Padre Luis Farinello habló de miseria y de necesidades, en medio de la fiesta y el despilfarro menemista. A diferencia del dicho -«haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago»- el Tano fue consecuente con su palabra.

Ahí están las fotos del Farinello joven, del brazo del Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, reclamando por los desaparecidos. La foto debe ser de principios de los ’80.

Y ahí está la tapa de La Bocina Nº 90, de 1996.

Esa edición celebraba una década de la revista. Fue uno de los poquísimos reportajes que nos llevó seis horas concretarlo: viajamos con el periodista y amigo Enrique Ricagno dos horas de ida y dos horas de vuelta en el 85, hasta la parroquia de Quilmes donde oficiaba. Y dos horas más, que no alcanzaron, para registrar la palabra de Farinello.

Antes que nosotros, había unos señores que -después contó Luis- le propusieron que se sume a la política. «Sueño con llenar los pasillos del Congreso con pobres… pero no sé…», sinceró sus dudas antes de iniciar el reportaje.

Fue un intenso ida y vuelta con un hombre que tenía las ideas clarísimas, que no dudaba en mezclar conceptos religiosos con ideas políticas. El resultado era una visión humanista, integradora, profunda, de la vida. Y de nuestra misión en la vida.

Cada frase suya era digna de enmarcar, un canto a la justicia dicho con absoluta sencillez. Mientras algunos obispos pareciera que siguen hablando en latín -por lo incomprensible de su mensaje- a Farinello le entendías todo. Clarito.

«Dice el Papa que el capital se concentra en pocas manos, y que los ricos son menos cantidad y mucho más ricos, y que los pobres, más cantidad y mucho más pobres. Es un sistema que está en contra de la fraternidad, de la común unión (de ahí viene la palabra comunión), la misa, la mesa, un pan para compartir. Este es el mensaje de Jesús… Pero este sistema propone mesitas individuales».

Así hablaba Luis de fácil, y de profundo, al mismo tiempo.

Unos años después, lo volví a cruzar. Pero esta vez, de local. Fue Farinello quien vino a Class FM, invitado por el amigo Silva, del programa «La Voz de los Vecinos». Silva me ofreció participar en el reportaje.

Casi no pude preguntarle; hablaba y hablaba, y su claridad de conceptos era tan impresionante, que no tenía sentido interrumpirlo.

Luis Farinello fue un cura que honró lo mejor de la Iglesia. Fue la cabeza visible de muchos sacerdotes que luchan contra las desigualdades, que ayudan a combatir la pobreza en los sectores más vulnerables, y hasta se pelean con narcotraficantes. Transitan el día a día con sus hermanos, sufren con ellos codo a codo, luchan entre todos para salir de la miseria.

En aquella entrevista para La Bocina, el cura de Quilmes nos regaló una frase que es un desafío, y al mismo tiempo, una esperanza:

«Si es un sistema nefasto, que mata a mucha gente, seamos subversivos, cambiemos el sistema. Pero no con la violencia. El auténtico camino viene a través del amor».

Gracias, querido Tano, por las enseñanzas que nos dejaste. Seguiremos tratando de ser consecuentes con ellas.

Claudio Serrentino

Foto: La Bocina