«Huvaití, salir al encuentro» es una película que cuenta un domingo a la tarde en el Corralón de Floresta. Testimonio de la historia y la cultura que se desarrolla en esa manzana que antes, era corralón municipal.

Mucho se dijo y se especuló sobre lo que ocurría en la vieja construcción, ocupada por varios grupos culturales ante la ausencia del Estado.

Jonathan Di Zeo y Gabriel Guevara, participantes de las actividades del Corralón, decidieron hacer una película que deje testimonio sobre los artistas, su arte y su compromiso con ese lugar.

Y así nació «Huvaití, salir al encuentro» una película en la que se pueden ver esas calles que transitamos todos los días: Gaona, Sanabria, Morón, Gualeguaychú. También, la Plaza de la Victoria. Y por supuesto, el Corralón. Ver esos lugares, en pantalla grande, emociona.

Miro y pienso: «qué bien ensamblado está, les habrá llevado varios días filmarla». Para mi sorpresa, Gabriel me cuenta que «la película fue grabada en continuado, en dos horas».

Es decir, la filmación fue en vivo. Todo organizado para ir grabándola a medida que iban transcurriendo por los diversos lugares. Con tres o cuatro cámaras, «nada sofisticado, cámaras que filman en hd», cuenta Jonathan.

«Hubo que sincronizar las tres cámaras y el sonido, y bajarlo simultáneamente a un sistema que se llama multicámara, donde teníamos las tres tomas en vivo, y entonces podíamos ir fusionando», explican. Como un programa de TV.

El resultado es maravilloso, porque ese vértigo del «vivo» se nota en la película, y le queda muy bien. Lo que se ve es absolutamente informal, donde lo esencial es el registro de lo que pasa.

Es decir, camarógrafos que se cruzan delante de lo que se ve porque necesita hacer una toma del otro lado, micrófonos que cuelgan y que aparecen en la imagen. La prolijidad es lo de menos, porque el contenido -lo que está pasando en ese momento- es lo único que importa.

La cámara se mueve como ojos curiosos, que desea seguir a los protagonistas para mostrar qué es lo que hacen. El sonido es impecable, pese al ruido de los autos que van y vienen por las calles.

Guillermo y Jonathan cuentan que alrededor de diez personas estuvieron en la organización y producción de la película. «Hicimos lo mejor que pudimos con los pocos recursos que teníamos», dicen.

«Ensayamos muy poco, sólo con la banda de payasos, más que nada cómo se iba a filmar la subida al espacio del Atiko, y con los cámaras hicimos una recorrida del lugar, para tener idea de cómo manejarnos según lo que vaya pasando», explica Guillermo.

Lo cual le da más mérito al resultado de este emprendimiento independiente, autogestivo, sin subsidio del INCAA.

LA PELÍCULA

El ayer abre la película, con Nicolás, un viejo vecino que llegó a bañarse en el Arroyo Maldonado. El presente, con las chicas de la Asamblea de Floresta, Mabel y Anahí, quienes cuentan la historia del predio y de los trabajadores del Corralón desaparecidosMaxi, Cristian y Adrián están omnipresentes con Silvia Irigaray y Elvira Torres, tomando mate en la Plaza de la Victoria y recordando a sus hijos.

Pero el gran protagonista de la peli es el futuro.

Jóvenes pintores, jóvenes murgueros, jóvenes músicos, jóvenes actores, jóvenes payasos, jóvenes que siembran y cuidan una huerta, jóvenes bibliotecarios… Juventud que llena la pantalla de alegría y color, de solidaridad y conciencia.

El segmento musical –«El Laberinto de los Músicos»– me hizo acordar muchísimo a los fogones rockeros de mi adolescencia. Las chicas y chicos del grupo de Danzas Bolivianas dan la bienvenida al curioso que entra con la cámara. «Quiero Vale Murga» cuenta su historia, que ya es parte de la historia del barrio. El grupo de Pueblos Originarios que muestra otro enfoque de la historia. Los Copleros y sus voces de la tierra profunda. Los cantores de la Murga Uruguaya que hacen cruzar el charco mientras cantan. Ramiro, un pibe que hace malabares (impecable) y la banda de los payasos «La Equilibresta», transmiten energía positiva. Los chicos y chicas que manejan la Biblioteca «José Luis Mangeri», y su amor por las letras. Los integrantes de la huerta dan un mensaje ecológico y la posibilidad de generar un oasis verde en medio del cemento.

La película lleva como subtítulo «venir al encuentro» y los directores dicen que entre tantos desencuentros que hubo en el Corralón, la filmación fue un buen motivo para tirar todos juntos para el mismo lado.

Y se nota: «Huvaití» registró el momento ideal, la comunión entre todos, la posibilidad de demostrar en pantalla grande que un lugar abandonado por el Estado puede convertirse en un centro de difusión cultural, gratuito, popular, sin el aval de nadie.

El mensaje final es una imagen tan antigua como el hombre: todos alrededor del fuego, «comiendo un plato riquísimo que hicimos para 30 personas por sólo 40 pesos», cuenta orgulloso Jonathan.

EL FUTURO

La película se estrena mientras las obras en ese predio se están llevando a cabo. Buena ocasión para preguntarles a Jonathan y Guillermo cómo ven el futuro para el Corralón de Floresta:

«Exactamente no sabemos cómo va a quedar, ni quiénes de los que se ven en Huvaití van a seguir trabajando allí. Cuando hablamos con la Comuna, nos dijeron que el lugar estará a cargo del Ministerio de Cultura porteño. Nosotros nos acercamos a Cultura para ofrecernos como referentes y alternativa de gestión del espacio, y la peli sirve en ese punto, como registro. Estamos en proceso de fortalecer y unir al grupo. Cuando el Corralón cerró, algunos dijeron ‘listo, nos vamos’. Pero otros no, otros creemos que el Estado y el gobierno somos todos, exijámosle qué queremos que pase… Con el escepticismo de nuestra generación con respecto a la política y a las actividades estatales, claro. Ahora la responsabilidad la tiene el Ministerio de Cultura, con ellos entablaremos diálogo cuidando los modos y las formas», dice Jonathan.

«Huvaití, salir al encuentro» se exhibe en el Espacio Gaumont (Rivadavia 1635) a las 12 y 18.20.

Están haciendo gestiones para exhibirla por la zona, piensan hacer gestiones en el Teatro Gran Rivadavia, y en el Teatro San Pedro.

Claudio Serrentino

Foto: Huvaití y La Bocina