Impactan las imágenes de la fila para ingresar al santuario de San Cayetano, en Liniers. Emociona ver a esas señoras mayores esperando, ver implorar a esos hombres con caras curtidas por el tiempo. Van a pedir, a agradecer, a cumplir con el rito.

Hay que ser de piedra para no sensibilizarse con esa masa homogénea, respetuosa, que todos los años se junta el 7 de Agosto alrededor del santuario de la calle Cuzco.

Todos ellos están ahí esperando que el santo les brinde lo que la sociedad les niega: trabajo, justicia, dignidad.

Ellos, los olvidados, los ninguneados, los siempre postergados, acuden a Liniers a pedir lo que la política y la economía nunca logran concretar, pese a sus declamaciones: un futuro venturoso, una vida sin complicaciones.

No es casualidad que San Cayetano no sea «noticia» este 7 de Agosto. Los medios amigos del poder no son tontos, saben que ese reclamo por pan, paz y trabajo, convertido en plegaria multitudinaria, es inconveniente a sus intereses.

Antes bien, se ocupan de difundir los detalles escondidos en los cuadernos de la discordia, mientras los empresarios se «arrepienten» para seguir haciendo negociados, pero sus empresas siguen ganando licitaciones. Aquí no ha pasado nada.

Pero la masa homogénea es indiferente a estos vericuetos comunicacionales, que convierten a los medios en picadoras de cerebros.

Los fieles se instalan en los alrededores del santuario desde varios días antes. Ellos van a agradecer. Van a pedir. Van a cumplir promesas. Van a compartir, entre ellos, con emotiva solidaridad, la devoción por este santo que, dicen, a finales del siglo XIX hizo su primer milagro allí mismo.

Según cuenta Lino Pujía (sí, el hijo de Antonio) en el documental «El santo del pueblo», en tiempos de una gran sequía, un campesino de Liniers le pidió a San Cayetano que el agua viniera y, para eso, le dejó una espiga de trigo a los pies de su imagen.

Tres días después, llovió tanto que la ciudad se inundó. “Ese fue el primer milagro”. Y ese campesino creó uno de los elementos que iba a acompañar el ritual al santo. “El uso de la espiga en la imagen de San Cayetano, es un invento argentino”, agrega Lino.

Casi cuarenta años después se produjo el segundo milagro que agigantó aún más los poderes de San Cayetano. En plena crisis económica de 1930, un sacerdote llamó por teléfono a algunas personas para aconsejarles que rezaran al santo de la providencia y gracias a esto, muchos mejoraron su situación. “Es un fenómeno que se acrecentó con el boca a boca”, describe Lino.

El barrio, siempre alterado por la cercanía de la estación del tren, cambia totalmente su fisonomía. Las carpitas se desarman, la cola avanza, la fe mueve montañas… de gente.

El Día de San Cayetano es una mezcla entre lo sagrado y lo profano, bendecida desde la creencia más profunda del Pueblo Argentino. Las calles de Liniers se vuelven multicolores, las santerías ubicadas frente al santuario se pueblan de clientes. En sus vidrieras, se codean San Cayetano con el Gauchito Gil.

Afuera, en la calle, la imagen de la Virgen María está instalada al lado de un puesto de choripanes, los curas bendicen a la multitud desde tarimas a los costados del templo, el lugar para caminar es escaso. La 106 trasladó su terminal.

Me quedo pensando: el trabajo, ¿no debería ser un derecho humano…?

Intento responderme: el derecho al trabajo está incluído en la Declaracion Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dice en su artículo 23:

«Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social».

Y vuelvo a preguntarme: entonces… ¿qué hace toda esta gente aquí?

Claudio Serrentino

Imagen: guialamadrid.com.ar