Son los pobres invisibilizados: en la Ciudad, los inquilinos deben dedicar más de la mitad de sus ingresos a la vivienda. Además, por efecto de la crisis, uno de cada cuatro porteños que viven en edificio, tiene deuda de expensas.

Se supone que los «sin techo» son personas que no tienen hogar, y viven en la calle.

Sin embargo, hay millones de «sin techo» en la Argentina -y particularmente en Buenos Aires- que pueden disimular esa condición, pagando altas sumas para poder habitar una vivienda.

Buenos Aires parece una ciudad próspera, con grandes shoppings, centros comerciales, avenidas iluminadas con tecnología led, canteros con plantas, restaurantes vintage, elegantes edificios inteligentes, bicisendas que fomentan la ecología, máquinas para hacer gym en las plazas.

Pero puertas adentro de las casas, la realidad es bien distinta.

Los «sin techo» porteños deben arreglárselas como puedan, para pagar el impuesto a la pobreza que significa el alquiler.

Que no es sólo el alquiler: en muchos casos, los inquilinos deben pagar TODOS los gastos del inmueble, aunque la ley afirma que el impuesto inmobiliario y las expensas extraordinarias, deberían estar a cargo del propietario.

Así, la falta de vivienda se transforma en una fábrica de pobres (otra más). Y así lo reafirma una encuesta realizada por Inquilinos Agrupados, entre más de 5.000 inquilinos de todo el país.

Los resultados de esa muestra indican que, sumando el alquiler más los gastos de la casa en que viven, «un inquilino destina entre el 60 y el 70% de sus ingresos a su vivienda alquilada», dice textualmente la agrupación.

Buenos Aires está en el top five del ranking de las ciudades en las que los inquilinos destinan más porcentaje de sus ingresos, para poder habitar la casa donde viven: 44,6%. Apenas fue superada por San Juan (46,2%) y la Provincia de Buenos Aires (45,6%).

Un dato no menor es la evasión impositiva en el mercado inmobiliario. Según la encuesta a nivel nacional, 8 de cada 10 propietarios no entrega factura al pagar el alquiler (en su mayoría, es un recibo común, sin membrete ni datos impresos de la persona que lo extiende).

Pero en la Ciudad de Buenos Aires, ese porcentaje se eleva al 84,5% de los propietarios.

«Si bien es de público conocimiento (incluso para las autoridades de AFIP) que el mercado inmobiliario opera mayormente en negro, esta es la primera vez que se difunden datos concretos sobre la magnitud de esa evasión multimillonaria«, dice el informe de Inquilinos Agrupados.

La fábrica de pobres, lamentablemente, no cesa en su producción, ni lo hará en el futuro inmediato, ya que según denuncia la entidad, «los alquileres están aumentando muy por encima de los índices de inflación y están duplicando los aumentos de salario».

Lo que proponen es definir un índice objetivo, para que haya un aumento de alquiler por año. Ya que actualmente, es cada seis meses.

E insisten con el tratamiento en Diputados de la Ley Nacional de Alquileres, que fue aprobada en el Senado pero que corre riesgo de perder estado parlamentario, si no es tratada en la cámara baja antes de fin de año.

DEUDAS DE EXPENSAS

La penosa realidad de los inquilinos, sumada a la malaria generada por mala situación económica, se ve reflejada, también, en la economía de los edificios.

Según  la Asociación Civil de Administradores de Consorcios de Propiedad Horizontal (AIPH), uno de cada cuatro porteños que vive en edificios, tiene deuda de expensas.

Pese a las promesas de baja en los gastos de las expensas, realizadas hace algunos meses por la administración Rodríguez Larreta, «el ahorro es mínimo», aseguran desde esa asociación.

Los números lo demuestran: en la Ciudad de Buenos Aires, entre Junio 2017 y Junio 2018, el aumento promedio de las expensas fue de 34,4%.

La morosidad en el pago puede afectar la calidad de vida en los edificios, y retrasar el mantenimiento de elementos vitales para sus habitantes, como los ascensores y las calderas.

Esta problemática debería preocupar a las autoridades, a las comisiones de vivienda de la Legislatura y el Congreso Nacional, a la Justicia.

Porque más allá de los anuncios publicitarios del gobierno local, del marketing político y electoralista, la cuestión sigue afectando a miles de hogares porteños.

Y las soluciones de fondo no aparecen.

Claudio Serrentino

Foto: elplural.com