Buenos Aires es una ciudad con una gran capacidad para expresarse. Teatro, cine, música y otras manifestaciones artísticas pululan por sus calles, sus barrios, sus salas y hasta por sus casas. Una muestra de ello es el «Ciclo Cantina» del Espacio Tromvarte.

Cuando era chico, las obras clásicas del teatro español e italiano, estaban a la vuelta de la esquina. Literalmente. Mi tío Antonio fue uno de los protagonistas de esos clásicos, en el desaparecido Club Splendid, de Bahía Blanca al 1100. Eran los años ’50.

Antonio tenía una hilaridad espontánea. Te hacía reír, sólo con reírse él.

No pude verlo en escena, pero lo disfruté como protagonista de la vida. Un capo.

Llegué a pensar que el teatro barrial había desaparecido; como desapareció el Club Splendid. Y como se fue mi tío Antonio. Y toda aquella banda que llevaba en alto la bandera de la expresión barrial, de abajo, de acá a la vuelta.

Pero no.

Por fortuna para los porteños, para la sociedad, para la vida, los «pibes» (que ya rondan los 30 pirulos, o más) están recuperando esos espacios.

No es en todos los barrios, es cierto. Pero en algunos, se concentran fuertemente. Con onda, con talento, con la vital necesidad de expresarse. Pasa en San Telmo, el Abasto, Belgrano, Palermo.

Sí, son barrios en los que ocurren casi todas las movidas: la gastronómica, la musical, la «fashion». Pero por algo -por algún lugar- se debe recomenzar. ¿Se imaginan que esta movida artística cope todo Buenos Aires…? Maravilloso!

Y así me encuentro en una casona de Palermo… ¿Holywood? No sé, a dos cuadras de la Plaza Serrano. Mucho pibe «cool», chicas que van de la mano con chicas, chicos ídem. Todo bien. Al anochecer, la plaza se vacía de puestos; y los protagonistas son los lugares para comer o picar algo.

Llego a un pasaje que se llama Santa Rosa -no sabía que en Buenos Aires existiera una calle con ese nombre- al 5164. Un lindo rincón de Palermo, que conserva aires del barrio que supo ser, antes que la  modernidad arrasara con la tranquilidad.

Y allí, en el Espacio Tromvarte -una vieja casona reciclada para ser un teatro con dos salas- se desarrolla el «Ciclo Cantina». Esto es: varias obras cortas que van rotando por las salas. Sin entrada fija, «a la gorra». «Para que vengan los que quieran, y aporten los que puedan», explican los organizadores.

Somos algunos los que participaremos de la velada. La casona se siente confortable, acogedora. Linda. Hay objetos que remiten a otras épocas. No somos muchos, no somos pocos. Nos invitan a subir por la escalera para la primera obra.

Nos ubicamos en sillas o tribunitas pequeñas. Todo mezclado. Es el estilo.

Enseguida empieza la obra. «El amor es un pato a la naranja que te dice por telepatía amor amor amor». De Emilia Benítez, con Emilia Benítez y Martina Goñi. Tangos de Tita Merello con guitarra, historia de una mujer que convida bizcochitos. Look de mi abuela. El resto… véanla.

Luego hay que bajar, a la sala de planta baja. «Sarah y Maneh», de Federico Tarántola, con Carlota Berzal y Agustina Cáceres. Dos hermanas que sobreviven al apocalipsis. Los movimientos y las palabras de las protagonistas, delatan cómo las afectó el asunto (o no…). Inquietan sus movimientos tipo muñequitos de Jack, sus caricaturas dramáticamente reales. Inquieta el espectro que generan ellas, la música, las luces, las máscaras. El ambiente.

Y otra vez a subir las escaleras. Ahora, para presenciar el dolor de una madre «En mis brazos», de Almudena Grandes, con Celeste Pierri. La historia: una madre que ve cómo parte su niña, ya mujer. Y sus reacciones, que llevan a una conclusión que no pienso contar (me interesa que vayan a verla, que apoyen este arte).

Para el cierre, otra vez la sala de abajo: la última obra, «Porque estaba enamorada», de Franca Boletta y Lucía Castro, con Lucía Castro. Una chica que se las ingenia para… (otra vez: vayan!).

Una muestra de talento, una linda experiencia, un ámbito distinto (al menos, para este casi sesentón) y un precio siempre accesible: a la gorra. En el Espacio Tromvarte, Santa Rosa 5164. En Facebook: Espacio Tromvarte.

Estas obras estarán en escena, durante los domingos de Septiembre.

Claudio Serrentino

Foto: Carlota Berzal