La Legislatura porteña organizó un encuentro llamado «Fútbol sin violencia», con la idea de «erradicar la violencia y el crimen de las canchas de fútbol». La idea nació del bloque oficialista, pero se contradice con los lazos entre altos dirigentes de Cambiemos, y los barrabravas.

Fue en el Salón «Montevideo» de la Legislatura. La organizó el legislador Claudio Cingolani (VJ), para exponer sobre “las políticas públicas que pretenden eliminar la violencia en el fútbol”.
Cuenta la información oficial que participaron funcionarios de los gobiernos nacional, provincial y local. Cingolani planteó que el objetivo es “disfrutar de lo más preciado, que da alegría al pueblo”, ya que el fútbol “se vive en el barrio, en la familia”.
También repudió expresiones habituales que se dan en las canchas entre hinchadas, como por ejemplo que “para que un equipo sea mejor que otro, tiene que fornicarlo”, cuestiones que “se alejan de la sana competencia deportiva”.
Por eso pidió “volver a las fuentes”, erradicar a los delincuentes de las canchas e “impulsar la creación de la fiscalía especializada en combatir la violencia en los espectáculos deportivos”.
La visión algo naif del legislador oficialista, no tiene nada que ver con la política del PRO-Cambiemos-Vamos Juntos a ese respecto.
Dicha política de «negociación» con los que mandan desde el paraavalanchas, es continuadora de la iniciada por Mauricio Macri cuando fue Presidente de Boca Jrs., línea que sigue firme con Daniel Angelici como mandamás del Xeneize.
«Los bancamos a muerte (a Angelici y Macri)», confesó Rafael Di Zeo, uno de los líderes de «La 12», en un audio que circula por internet. La grabación es de 2016.
De hecho, Di Zeo y compañía suelen viajar para presenciar los partidos internacionales de Boca. Miami,  Barcelona… donde vaya el equipo de Guillermo, allí estarán ellos.
Luego, esa relación se extendió con barrabravas de otros clubes, que fueron incorporados como empleados o incluso, reconvertidos como funcionarios de alto rango en la Legislatura porteña.
Un ejemplo es el Gitano Lancry, custodio en la puerta del palacio legislativo y antiguo barra de Boca. Cuenta el diario La Nación que «según consta en los registros de la Legislatura, Lancry tiene el legajo 09306 y fue nombrado en su puesto por el entonces intendente menemista Carlos Grosso».
Siguió en su cargo, indudablemente, durante los años del PRO: ya que la noticia fue publicada por ese diario, el 31 de Octubre de 2016.
Lamentablemente, no es un caso aislado, una «pesada herencia» de gobiernos anteriores. En la campaña electoral de 2015, «Bebote» Alvarez, capo de la barra de Independiente, había publicado en Facebook: «Como hincha de Independiente, tengo la obligación moral de votar a Macri».
En 2014, el legislador porteño Gustavo Vera había declarado: «está probada la relación del gobierno porteño con barras, probablemente haya más casos». Entonces, el jefe de Gobierno era Mauricio Macri.
O sea, por un lado se propone el regreso de las familias a los estadios, y por el otro siguen negociando con los barras, desde los cargos gubernamentales.
Esta penosa situación de «doble standard» no se logra retrotraer con declaraciones.
En esa charla en la Legislatura, Guillermo Madero -Director Nacional de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos- aseguró que tiene el mandato del presidente para “terminar con la violencia en el fútbol”.
Juan Manuel Lugones, Secretario de la Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte de la provincia de Buenos Aires, destacó que hay grandes dirigentes barras bravas “presos” o con “prohibición de concurrencia” como el de Independiente, Banfield, Temperley, Estudiantes de La Plata, Gimnasia y Esgrima, entre otros.
Ojalá lo logren. Por el 99% de la gente que quiere ir a disfrutar un espectáculo deportivo en paz.
Por ahora, los hechos están a años luz de las palabras…
Claudio Serrentino
Foto: HDP Noticias