Los «telos» porteños -nombre legal: albergues transitorios- tienen una larga historia de pasiones tras sus puertas simuladas y portones automáticos. La Legislatura modificó el Código de Habilitaciones, que autoriza cambios en sus prestaciones.

La película «La cigarra no es un bicho» retrató para siempre la relación entre los porteños y los «telos» (entonces, llamados «hoteles alojamiento», antes, «amuebladas», y al principio de la actividad, «posadas»).

Su director, Daniel Tinayre, reunió a un elenco excepcional para registrar aquella comedia de enredos, en la que los habitantes ocasionales de un «telo» deben convivir durante 40 días, debido a que uno de ellos transmitió el virus de la peste bubónica.

Empezando por Luis Sandrini y Mirtha Legrand, más Angel Magaña, Malvina Pastorino, Pepe Cibrián, Enrique Serrano, Amelia Bence, Narciso Ibañez Menta

La lista de consagrados es larguísima, y popularizó una situación que era un secreto a voces, aunque jamás era reconocido públicamente por la mayoría de las parejas de entonces: la pasión pasajera, el «cambio de aire» para el matrimonio, el debut sexual y/o la reconciliación para los novios.

En los ’80, una historia similar transcurre en «El telo y la tele», la mejor película de Olmedo y Porcel… sin Olmedo y Porcel, pero con otros grandes comediantes como Javier Portales, Moria Casán, Carmen Barbieri, Jorge Martínez, Haydeé Padilla, Mario Sánchez, Tristán… Algunos protagonistas de aquella película de Hugo Sofovich.

Es que el «telo» da para las fantasías más osadas, y también, para las más burdas, como quedó registrado en ambas películas.

Muchos son los «telos» de la zona que sobre todo, son visitados por parejas de otras zonas (con el obvio objetivo de no ser vistos por sus vecinos): «Tu y yo», «Lacarra 48», «Otello», «Bahía del sol», «Faraón» y todos los que están alrededor de la «zona roja» de Flores, sobre la calle Ramón Falcón y aledañas, suelen ser frecuentados por vecinos de otros barrios. Sobre todo, si la situación amerita un «offside» o «trampa».

Cuentan los memoriosos que las primeras «posadas» fueron habilitadas en Buenos Aires hacia 1937, al amparo de la ley de profilaxis que al mismo tiempo, clausuró los prostíbulos.

Entonces, aquellos lugares apenas tenían una pequeña habitación con un catre para que la pareja comparta la noche; y el baño era compartido.

Los «telos» de hoy en día suelen incluir grandes habitaciones que incluyen yacuzzis, gigantescas pantallas, aire acondicionado y wi-fi.

También ofrecen habitaciones «temáticas» para todos los gustos.

Pero los tiempos siguen cambiando…

NUEVA NORMATIVA PARA LOS «TELOS»

Quien regula la actividad en los «telos» es el Gobierno de la Ciudad.

La Legislatura porteña modificó -en su sesión del 4 de Octubre- el Código de Habilitaciones y Verificaciones, que define qué se puede hacer, y qué no.

Los «telos» dejarán de ser exclusivamente para parejas y podrán admitir a una sola o a varias personas por habitación, ofrecer minutas y «complementos de la actividad» para usar en los cuartos.

El nuevo texto del artículo 15.1.2 especifica que «Dichos establecimientos podrán contar:

«a. Con un ambiente destinado a cafetería, minutas y complementos de la actividad para la prestación de servicios exclusivamente en el interior de las habitaciones, debiendo quienes opten por estos servicios cumplir con las normas dispuestas.

«b. Con garaje o playa de estacionamiento anexos, de uso exclusivo, que comunicarán internamente con el establecimiento.”

Hasta ahora sólo se permitían servicios de cafetería en las habitaciones.

Siguen siendo prohibidos para menores de 18, y se eliminó al respecto la cláusula que decía: «Las habitaciones no podrán ser utilizadas en forma simultánea por más de dos personas».

Claudio Serrentino

Imagen: Afiche «La cigarra no es un bicho»