El barrio de Floresta celebró los 25 años de Julio Salvador Mendiguren como sacerdote, en una misa muy concurrida, llevada a cabo en el templo de Bahía Blanca 363.

La Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria estaba colmada, con gente hasta en los pasillos. Todos nos reunimos allí para celebrar al cura, al vecino, al amigo, al personaje barrial. Al que supo acompañar a la feligresía católica de Floresta durante 22 años.

No faltó nadie. Desde los sobrinos de Julio, que corrían por los pasillos, hasta esas señoras grandes que apenas pueden caminar, pero que no querían faltar en semejante ocasión, los boy scouts, comerciantes, amigos, vecinos, alumnos y padres del colegio, sus maestros en el seminario.

Todos para celebrar la presencia de Julio Salvador Mendiguren. Desde 1996, cuando asomó por primera vez por la primera parroquia de Floresta.

La alegría de los presentes se notó durante la ceremonia, con muchas canciones, y aplausos que acompañaban la melodía.

Julio estuvo muy suelto, se le notaba la alegría en los movimientos y en las palabras: «mi plan era conocido en la Iglesia, desde el Papa para abajo: quiero quedarme en esta iglesia hasta que me muera, y entonces voy a estar al lado de Laucello», dijo y los aplausos coronaron sus palabras.

Durante la misa, lo rodearon muchos sacerdotes. «Hay más curas que gente», dijo, y la humorada arrancó risas.

A la hora de los regalos, fueron las Madres del Dolor Elvira Torres y Silvia Irigaray, las encargadas de darle la casulla, una túnica que usan los sacerdotes al dar misa. Luego, pibes y adolescentes ofrendaron una flor cada uno, que quedaron en un jarrón con agua, en el altar.

El cierre fue con una cita de Mirtha Legrand: «estoy muy feliz de estar acá; y como dice Mirtha, recuerden que les dí los mejores años de mi vida». Otra vez, risas y aplausos.

Se lo vió al Padre Toto -único de sotana, de la generación del Papa Francisco-, quien también participó de la celebración.

Tras terminar la misa, el Padre Julio saludó a muchos de los presentes, y luego se realizó un ágape en el patio de la escuela parroquial.

El Padre Julio tuvo varios desafíos durante su labor al frente de la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria. Fue a poco de asumir como párroco, y en simultáneo: el acompañamiento a los familiares de los Pibes de Floresta, y la crisis de 2001, durante la cual el comedor comunitario de la Candelaria cumplió una gran labor social.

Superados aquellos difíciles momentos, y ya en el plano educativo, Julio debió enfrentar otro desafío: la conjunción de las escuelas «Adelia Harilaos de Olmos» y «Nuestra Señora de la Candelaria», hoy unidos en el «Complejo Educativo Candelaria-Olmos».

Hubo deliberaciones que llegaron a buen puerto, conducidas por Julio, para finalmente lograr la armonía de la convivencia entre las dos instituciones que hoy ofrecen al barrio una alternativa educativa.

Claudio Serrentino

Fotos: La Bocina