El boleto del subte subió meteóricamente en el último año: en Enero de 2018 su valor era de $ 7.50, y desde hoy, cuesta $15.50. Más del 100% en un año. Pero… ¿adónde va a parar toda esa montaña de plata?

La familia Roggio es dueña de la empresa Metrovías. La empresa «Benito Roggio e hijos» hace más de 100 años (!!) que trabaja como contratista del Estado.

Pero el gran salto lo dieron con las obras que le encargó el autodenominado «proceso de reorganización nacional»: la construcción de los estudios de ATC (Argentina Televisora Color), y el estadio «Chateux Carreras» de Córdoba, para el Mundial de Fútbol de 1978.

Los negocios con la dictadura fueron, también, a nivel local: de la mano del intendente Cacciatore, iniciaron la recolección de la basura en Buenos Aires.

El periodista Luis Majul, en su libro «Los dueños de la Argentina», asegura que en ese período, la empresa ganó U$S 1.000 millones de dólares.

El poder del grupo económico no decayó con la llegada de la democracia. Es más, se profundizó con la llegada al gobierno de Carlos Menem. Fue allí que en 1994 nació Metrovías -la empresa que se hizo cargo del subte, y sigue hasta hoy-, la concesión del FFCC Urquiza, la instalación de peajes en varias rutas argentinas, por supuesto que siguieron con la recolección de basura, y más. Resumiendo: el 22% de la obra pública, quedaba a cargo de los descendientes de Benito.

Los negocios entre la contratista y el Estado jamás se interrumpieron: durante el gobierno kirchnerista, el subte, la línea ferroviaria, los peajes y todo el resto, seguía en manos de Roggio.

Con una salvedad: cuando la Nación le transfirió a la Ciudad el servicio de subtes, Metrovías los seguía manejando, pero ahora con ajustes de precios permanentes, autorizados por la administración Macri.

En aquellos tiempos, el gobierno de Cristina les daba la excusa perfecta: «hay inflación que el Indec no reconoce». Pero los aumentos de la tarifa del subte eran mucho mayores que la inflación real

A los Roggio les iba bárbaro: en 2013, según la revista Forbes, estaban entre los 40 más ricos de la Argentina, con una fortuna de U$S 280 millones.

Con lo cual, pese a que -según las autoridades- el subte porteño «está entre los más baratos del mundo» (¿eso no debería ser una cualidad?) se supone que a la concesionaria no le iba nada mal.

En 2016, el aluvión de los «Panamá Papers» los empezó a manchar: tres integrantes de la familia estaban en la lista de corruptos. También en la mega causa Odebrecht.

Y como no hay dos sin tres, también aparecieron en «los cuadernos». Pero Aldo reaccionó rápido, y pidió declarar como «arrepentido» y el juez lo aceptó, con lo cual frenó su posible encarcelamiento. Reconoció haber pagado el 5% en concepto de coimas, en -al menos- tres oportunidades.

Claro, Aldo Roggio no apareció por propia voluntad: fue Elisa Carrió quien dijo a los medios «falta Roggio»… Y Roggio se presentó «espontáneamente».

A los bolsillos de ese grupo económico, irá a parar la gigantesca masa de dinero que el gobierno de Larreta autoriza a sacar -mediante el aumento del boleto- del bolsillo de trabajadores, cuentapropistas, estudiantes y jubilados, que todos los santos días usa el subte para hacer sus actividades.

Y que no tienen la «suerte» de esta familia…

Claudio Serrentino

Foto: enelsubte.com