El intento de quitarle al Parque Rivadavia una franja de casi 1.300 metros cuadrados para abrir una calle, es otra muestra de la política PRO: arreglar para romper. La reapertura de la calle Beauchef no está entre las propuestas ganadoras de BA Elige.

El gobierno de Rodríguez Larreta terminó el 2018 haciendo agua por el lado de la educación pública: el injustificable cierre de 14 escuelas nocturnas, en el distrito más rico de la Argentina (gasta $10.000 por mes, por habitante) lo tiene en jaque, sobre todo, en redes sociales, ya que lo rodea una suerte de «blindaje mediático» que hace que estos temas, importantes para los que menos tienen, no se incluya en la agenda (que definen los que más tienen).

A raíz de esta cuestión, el Jefe de Gobierno sufrió un «escrache» a la salida de uno de sus encuentros con vecinos, en el barrio de Mataderos. No fue violento, pero sí contundente: los vecinos -muchos- rodearon su auto y le exigieron que deje sin efecto el cierre de las escuelas.

Ahora llegó el tema del Parque Rivadavia. Mientras por un lado, el gobierno porteño fomenta el uso de la bicicleta y el transporte público, semi peatonaliza la otrora ancha avenida Corrientes, y otras medidas semejantes, mientras los funcionarios aseguran que «en algunos años no se usará más el auto en Buenos Aires»… aparece ésto.

El quite de casi 1.300 metros cuadrados del Parque Rivadavia (en una Comuna que tiene muy bajo promedio de espacios verdes por habitante) para que la calle Beauchef llegue hasta Rivadavia, y así «descongestionar el tránsito», motivó la indignación de los vecinos.

Y en el quite de árboles, levantamiento de veredas, destrucción de mesas de ajedrez de esa franja del Parque, se ve cómo vuelve a ponerse en marcha la ridícula lógica de las administraciones Macri-Larreta: «arreglar para romper».

El Parque Rivadavia había sido remodelado en 2003. Esa obra, que disfrutaban los visitantes del Parque, fue ahora cercenada, destruída, como si el Parque tuviera dueño. Y los dueños, los auténticos dueños, son los vecinos.

No es la primera vez que el gobierno porteño arregla para romper: pasó en el boulevard de Cabildo -luego demolido para construir el Metrobus-, pasó en el boulevard de Rivadavia en el barrio Velez Sarsfield (estaba proyectado el obrador del soterramiento, por lo que a pocos años de inaugurado, está en ruinas) y en tantas otras obras.

Ahora bien, ¿dónde están los organismos de control, que vigilen que las obras no se amontonen unas sobre otras? ¿Dónde la Legislatura y el Poder Judicial?

Claudio Serrentino

Foto: La Bocina