El Padre Julio Mendiguren cuenta por qué, el 2 de Febrero, se celebran las Fiestas Patronales de Nuestra Señora de la Candelaria en el templo de Bahía Blanca 363, Floresta.

“Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.

Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.

Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.”

Esta historia de la Biblia está en el Evangelio según San Lucas, en el capítulo 2, a partir del versículo 22. Es el origen de la fiesta de la Candelaria.

Cuarenta días después del nacimiento, estaba establecido por la Ley de Moisés que la madre debía purificarse en el Templo y que “todo varón primogénito debe ser consagrado a Dios.”

El anciano Simeón es el que, guiado por el Espíritu Santo, le da a Jesús el título de “Luz para iluminar a las naciones paganas y Gloria de Israel”.

Tomando como base esta expresión, ya en el siglo IV se celebraba en Jerusalén la fiesta del encuentro, recordando este momento en que Jesús se encuentra en el Templo con Simeón y Ana. Y recordando las palabras de Simeón, la gente comenzó a llevar cirios representando la luz que Cristo vino a traer a la humanidad.

Desde el siglo V se difunde la costumbre de hacer bendecir las candelas a las que se les atribuye la virtud de acompañar la oración en los momentos de dificultad.

El Papa Sergio, entre los años 687 y 701 comienza a celebrar este evento el 2 de febrero, justo 40 días después de la Navidad.

Esta es la historia de la fiesta que celebramos en nuestra parroquia. Es una historia de la Biblia que surcando la inmensidad de los siglos se hace presente entre nosotros, en el corazón de Floresta, cada 2 de Febrero.

Recordando la Presentación de Jesús para consagrarlo a Dios es que venimos haciendo el día 2 de cada mes la consagración de los chicos a Dios, en el templo de Nuestra Señora de la Candelaria.

El 2 de Febrero de 2003, el Cardenal Jorge Bergoglio (hoy, Papa Francisco) bendijo por primera vez a los chicos en La Candelaria de Floresta.

Así seguimos escribiendo esta historia que comenzó 40 días después del nacimiento de Jesús y llega hasta nuestros días.

Padre Julio Mendiguren

Foto: Archivo La Bocina