50 años después de aquel 29 de Mayo de 1969, las causas que motivaron el Cordobazo siguen latentes. Y el futuro no es prometedor, ya que otro paro general vuelve a paralizar el país.

Aquellas fueron décadas de militares que enloquecían por el poder civil. Se creían San Martín, e incluso simulaban actuar como tales (siempre repetían que su deber era servir a la Patria).

Les faltaba lo básico: la humildad, el talento, la inteligencia, la entrega, la generosidad y la grandeza que guiaron los pasos del Padre de la Patria.

Los tipitos de la gorra verde se juntaban o se dividían de acuerdo a sus aspiraciones políticas.

Se unieron para derrocar a Perón y perseguir a sus seguidores. Unos años después, se separaron en «azules» y «colorados» y se pelearon en una absurda batalla que dejó 24 muertos.

Pese a todos estos desaguisados, el «partido militar» se creía la «reserva moral» de la República, mientras sus políticas monetaristas generaban ajustes interminables a la economía.

Alsogaray, Krieger Vasena, los hermanos Alemann… socios civiles de los militares, interpretaban sus deseos más perversos de represión económica.

Para la represión social, cultural y política, ya estaban ellos, sus tanquetas antimotines, los machetes policiales.

La bestialidad absoluta, inmensa como el desprecio que sentían hacia ese pueblo que supuestamente debían cuidar frente a ataques externos.

Proscripto el peronismo, en elecciones limitadas llegó a la Rosada el radical Arturo Illia, a quien se le ocurrió meterse contra los intereses de los petroleros y los laboratorios. 

En 1966, Juan Carlos Onganía, el general que iba merodeando el sillón de Rivadavia, finalmente dió el golpe. Llamó a su gobierno de facto «revolución argentina» (aunque no era revolucionaria, ni argentina… en fin).

Fue actor, entre otras tropelías, de «la noche de los bastones largos».

La derecha intentaba «poner orden». ¿Será genético? Desde siempre, con dictadores o gobiernos democráticos, llegan al poder para «poner orden», aunque en realidad desordenan todo (como puede cotejarse en estos tiempos).

La represión estaba al orden del día, en todos los sectores de la sociedad civil.

Pero el colmo llegó cuando al gobernador cordobés de facto Carlos Caballero se le ocurrió suspender el «sábado inglés», es decir: su propuesta era que la legislación laboral retrocediera 50 años, y el sábado se trabaje todo el día.

La convulsión social ya existente en varias ciudades del país, iba a explotar en la ciudad de Córdoba. El 29 de Mayo de 1969, encabezados por los dirigentes sindicales Elpidio Torres, Agustín Tosco y Atilio López, miles de trabajadores y estudiantes decidieron copar las calles, y se enfrentaron con las fuerzas de seguridad.

Eran tantos los manifestantes, que los represores agotaron sus municiones de gases lacrimógenos en poco tiempo

Cabe recordar la combustión ideológica que corría por la sociedad de aquellos tiempos, con la Tendencia Revolucionaria del peronismo, los sacerdotes tercermundistas, el espíritu del Mayo francés del ’68.

La palabra de moda era «liberación», que obviamente se oponía a la represión gobernante.

Los cordobeses atacaron comisarías, bancos, oficinas de empresas multinacionales, el círculo de oficiales del Ejército. Querían simbolizar contra quién era la bronca.

50 años después del Cordobazo, otro paro general sacude la supuesta normalidad.

Las diferencias son notorias: hace medio siglo, el desempleo era del 4,3%, 8 de cada 100 argentinos era pobre, la deuda externa apenas superaba los U$S 3.000 millones.

Hoy, 1 de cada 3 argentinos y 1 de cada 2 chicos argentinos es pobre, el desempleo llega al 9,1% (sin contar los planes sociales que implican un subempleo) y todo esto, pese a que (o gracias a que) la deuda externa suma el PBI de un año.

La democracia nos debe el poder vivir mejor, tranquilos, con proyección de futuro.

Lograrlo será el mejor homenaje a aquellas batallas que torcieron el rumbo de la historia: la Semana Trágica de 1919, el 17 de Octubre de 1945 y el 29 de Mayo de 1969.

Claudio Serrentino

Foto: Gobierno de la Provincia de Córdoba