El evento «Sin lectura no hay paraíso» certificó la necesidad de encontrarse. Lectores, escritores, editores, libreros… todos juntos para resaltar la virtud de esa viejísima y siempre renovada forma de expresión: la palabra.

Una buena forma de democratizar la cultura, es que parte del presupuesto sea distribuido por los vecinos. Eso -en una pequeñísima parte, obvio- ocurrió con el concurso «Barrios Creativos».

Frontera Oeste es un colectivo de mujeres que el año pasado organizó una propuesta cultural, dedicando tiempo, esfuerzo y neuronas a tal efecto. Lograron el segundo puesto.

Y gracias a ellas, la cultura volvió a caminar por las callecitas de la Comuna 10.

Ya presentaron varias movidas en Versalles, Villa Luro y Villa Real. Esta vez, fue el turno de la literatura, con «Sin lectura no hay paraíso» en el Triglav, ese espléndido lugar que la comunidad esloveno-yugoslava posee en el barrio de Villa Real.

Fue emotivo ver a lectores y escritores, juntos. Compartiendo la pasión por las letras.

La amplitud del lugar les dio posibilidad a las organizadoras de distribuir las actividades por zonas.

Así, en la Zona Jardín (un hermoso patio descubierto) se llevaba a cabo «Escritura vegetal» (taller de huerta con un toque poético, coordinado por Ludmila Medina).

Al mismo tiempo, en la Zona Joven trabajaban sobre cómo hacer un fanzine (con Tuti Curani).

Y en la Zona Trastienda, se desataba el «Akelarre de Cuentos» (dirigido por Juan José Decuzzi).

Fueron varias horas intensas, de mucho ida y vuelta. En la Zona Joven, Margarita Lo Russo se encargó del taller «Libros, los otros», taller de libro único y libro objeto.

En la Zona Feria, más de 40 autores y más de 10 editoriales y librerías exhibían su material, mientras la muestra «El Barrio y sus protagonistas» de Luis Almeida ilustraba el recorrido.

Y en el Espacio Living, «Lecturas de 1 a 1» (en el que los oyentes terminamos siendo varios) las autoras y autores les leían a los lectores «como cuando éramos chicos».

El cierre fue en la Zona Feria, con la charla «Resonancias sororas», en la que participaron Susana Godoy, Mariana Komiseroff, Caja de Herramientas, Marta Pizzo, Tamara Tenenbaum y Mirtha Schalom.

Aclaración: no está mal escrito. No quise escribir «resonancias sonoras» y le pifié a la tecla.

Sororidad, según Wikipedia, «es un neologismo que se emplea para referirse a la solidaridad entre mujeres en un contexto de discriminación sexual».

En la charla, Mirtha Schalom hizo referencia a la violencia en general, y a la violencia contra las mujeres en particular. Trajo a colación su libro «La polaca», que cuenta la historia de Raquel Liberman, que denunció a una red de trata a principios del siglo pasado.

Marta Pizzo contó lo difícil que es trabajar en un ambiente machista como lo es el del tango, y destacó su pertenencia a «Tango Hembra».

La dramaturga Mariana Komiseroff hizo referencia a que los tiempos se empezaron a acelerar, en el campo de la conquista de derechos: «hace pocos años, cuando publiqué ‘Una nena muy blanca’ -2015- hablar del aborto era una cuestión tabú, hoy está más aceptado».

«Eran temas que de chicos, escuchábamos que mamá hablaba en voz baja en la cocina: y cuando eso pasaba, era que se refería a algo malo», describió Mariana.

Todas coincidieron en que el camino de la igualdad de derechos recién empieza, Schalom (jóvenes 80) dijo que le parecía muy bien el lenguaje inclusivo «aunque me cueste» y el cierre fue con un hermosísimo poema de Marta Pizzo.

Me fui esperanzado. Estos eventos pueden reconstruir el tejido social y cultural que alguna vez tuvieron nuestros barrios porteños. Y así, recuperar nuestro sentido de pertenencia. La hermosa identidad barrial de la patria chica.

Claudio Serrentino

Fotos: La Bocina