Fernando Peña encabezó el último gran cambio de la radiofonía argentina, con el programa “El Parquímetro”: a través de su voz, hablaban entre sí más de diez personajes. Tan genial como polémico y audaz, el “puto lindo” (así pedía él que lo llamen) se fue de “gira” el 17 de Junio de 2009.

Fernando Gabriel González Peña Mendizábal, hijo del periodista Pepe Peña, era un muchacho algo tímido, que trabajaba de “azafato” y para amenizar la jornada, tomaba el micrófono del avión y hablaba a los pasajeros como una mujer cubana, a la que había bautizado Milagros López.

Cuenta la leyenda que en uno de esos vuelos, el animal de radio Lalo Mir quiso conocer a la persona que hablaba en el avión. Cuando preguntó por ella, la tripulación comenzó a reírse. Mir caminó entonces hasta el fondo del avión, y descubrió quién era esa simpática voz caribeña.

Lalo llevó a Peña a la radio, y volvió a revolucionar al medio: ya lo había hecho en los ‘80, en la Rock and Pop con “Aquí Radio Bangkok”. Su nueva criatura no tardaría en llamar la atención del público.

Si la memoria no me falla (escribo como oyente), los comienzos de Peña fueron con las apariciones de Rafael Orestes Porelorti en el programa de Lalo. Al poco tiempo, su personaje de Milagros López coconducía la mañana de FM Horizonte con Elizabeth Vernacci. Entre los dos, en ese horario, cambiaron por completo la onda de esa radio, más dedicada a crear “ambiente”.

Vertiginosamente, la carrera de Fernando Peña llegaba a la segunda mañana de una radio que por entonces estaba en ascenso, y desde su incorporación pasó a estar entre las líderes: la Metro.

“El Parquímetro” rápidamente se convirtió en otro fenómeno popular de la radio. Peña desplegaba una cantidad de personajes impresionante: a los ya nombrados Porelorti y López, hay que sumarles Dick Alfredo, Palito, La Mega, Mario Modesto Sabino, Delia de Fernández, María Elena Rinaldi, Martín Revoira Lynch, Roberto Flores, y otros.

Alguna vez, charlando con Eduardo Aliverti, calificó a Peña como la nueva versión de Niní Marshall. Pero había una gran diferencia: en la radio, Peña hacía dialogar a cuatro, cinco personajes entre sí, en la misma conversación… ¡y el oyente no se daba cuenta!

El fenómeno crecía, pero al principio, Peña no quería decir que era él quien hacía todas las voces. Dejó que la gente crea que sus personajes, eran personas. Hasta que un día se cruzó el el Negro Hugo Guerrero Marthineitz, quien le aconsejó que se diera a conocer. Y así lo hizo.

La radio que hacía Peña era esencialmente cotidiana, porteña, homosexual y homofóbica al mismo tiempo, zarpada y con un toque de ternura.

Digo que revolucionó a la radio, porque los personajes podían discutir durante más de una hora sobre una cuestión de lo más banal, por ejemplo, qué comer al mediodía y que no caiga pesado. Mientras tanto, mientras se “debatía” esa cuestión, no se pasaban tandas, ni canciones. La charla atrapaba, el tiempo pasaba, la gente escuchaba…

Peña seguía sumando: sus personajes hacían la gran Tangalanga pero en vivo: La Mega llama a un negocio de alfombras para preguntar cómo puede decorar su casa, Sabino llama a un señor que conoce de hace años (mentira, el tipo no lo conoce) y el hombre le sigue la corriente, le pasa con la mujer para que lo salude… Para algunos, era una situación delirante: para mí, fue un hecho artístico, genial, y como tal, con algo de claridad y mucho de confusión, que no creo que vuelva a repetirse en la radiofonía argentina.

Como buen homosexual de este tiempo, levantó la bandera de su comunidad y creo que fue uno de los que más ayudó, desde los medios, a que fueran aceptados.

Tuvo una gran ventaja: lo hizo desde el humor, y entonces esa aceptación fue muy natural y hasta graciosa (las anécdotas de Roberto Flores sobre los potos -así los llamaba- son imperdibles, algunas están en you tube).

Tuvo varios coequipers, personalmente prefería a Diego Ripoll, pero estuvieron también muy bien Sebastián Wainraich y la Negra Vernacci (fue extraño escucharla como “partenaire”… pero lo hacía muy bien).

Pronto, Peña llegaría al teatro, a la televisión y a los video clubes, con “Esquizopeña”, que antes presentó en los escenarios. En televisión, como La Mega, participó de un programa en Azul TV que conducía Roberto Pettinato (qué dupla), pero tuvo muy poca vida.

Con la Alianza en el poder, el COMFER le levantó el programa porque decía “malas” palabras. Pasó una temporada en la ignota KSK Radio, que tuvo momentos muy interesantes. Pero fue otro producto, más duro, más “heavy”.

Su paso por Rock and Pop con “Cucuruchos en la frente” duró sólo una temporada. Vovería a la Metro, para hacer la primera mañana.

Escribió y subió a escena más obras de teatro, sacó su libro “Gracias por volar conmigo”. En Canal 7, dejó un testimonio visual de todos sus personajes en el programa “Isla flotante”, que él mismo produjo y dirigió.

Fernando Peña se fue de gira el 14 de Junio de 2009. Es jodido que se muera alguien con quien compartís unas horas de tu día, todos los días.

Desde entonces, no volví a prender la radio.

Claudio Serrentino