El puente de hierro que une Barracas con Constitución llevará el nombre de Jorge Luis Borges.

Dicen que Borges iba a menudo a ese lugar extraño pero bien porteño. Que se quedaba mirando cómo los trenes entraban y salían de la estación Constitución.

Dicen que su amor por ese lugar era tal, que el prestigioso poeta argentino le dedicó un hermoso poema: 

El primer puente de Constitución y a mis pies
fragor de trenes que tejían laberintos de hierro.
Humo y silbatos escalaban la noche,
que de golpe fue el Juicio Universal. Desde el invisible horizonte
y desde el centro de mi ser, una voz infinita
dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras,
que son mi pobre traducción temporal de una sola palabra):
—Estrellas, pan, bibliotecas orientales y occidentales,
naipes, tableros de ajedrez, galerías, claraboyas y sótanos,
un cuerpo humano para andar por la tierra,
uñas que crecen en la noche, en la muerte,
sombra que olvida, atareados espejos que multiplican,
declives de la música, la más dócil de las formas del tiempo,
fronteras del Brasil y del Uruguay, caballos y mañanas,
una pesa de bronce y un ejemplar de la Saga de Grettir,
álgebra y fuego, la carga de Junín en tu sangre,
días más populosos que Balzac, el olor de la madreselva,
amor y víspera de amor y recuerdos intolerables,
el sueño como un tesoro enterrado, el dadivoso azar
y la memoria, que el hombre no mira sin vértigo,
todo eso te fue dado, y también
el antiguo alimento de los héroes:
la falsía, la derrota, la humillación.
En vano te hemos prodigado el océano,
en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman.
Has gastado los años y te han gastado,
y todavía no has escrito el poema.

Mateo, XXV, 30 – Jorge Luis Borges

Por debajo circula el FFCC Roca. Y por el paso peatonal, estuvo Borges y también la diputada Carolina Estebarena, quien fue la autora del proyecto. Y también deja su testimonio de este lugar especial:

«Durante mi niñez y adolescencia he cruzado en innumerables ocasiones este puente, por la cercanía a mi hogar, maravillándome una y otra vez su estructura, que en mi apreciación de aquellos años me resultaba llamativa e imponente”.

El puente fue fabricado en Liverpool, Inglaterra. Su colocación sobre la prolongación de la calle Ituzaingó fue autorizada en 1927.

Hasta ahora, los vecinos lo conocían como «el puente de los carros» o «puente Ituzaingó».

Fue Leandro, un vecino que vive frente al puente, quien propuso al jefe de gobierno Rodríguez Larreta que llevase el nombre del escritor, al cumplirse 120 años de su natalicio. La idea se plasmó en el proyecto de Estebarena, que ahora es ley.

El puente había sido declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad en 2011.

Recientemente, el gobierno porteño lo puso en valor y su iluminación lo hace muy atractivo por las noches.

Claudio Serrentino

Foto: Prensa diputada Estebarena