El drama de los vecinos que viven cerca de estadios, motiva a replantear si está bien que la pasión futbolera sea prioridad, y que pueda arruinar la tranquilidad de un barrio. De ese mismo barrio, al que dicen representar los colores de la camiseta.

No es una novedad para los automovilistas que van por Juan B. Justo, el caos de tránsito y las demoras que generan los eventos deportivos y/o musicales en el estadio de Velez Sarsfield.

El pasado 12 de Octubre, fue el show de Iron Maiden. Sin haber pagado la entrada, debí soportar todo el sonido del recital, que ingresaba impunemente por la ventana de la cocina. Vivo a 15 cuadras, con lo cual se supone que el ruido afectó a muchísimas personas alrededor del estadio, durante varias horas.

Ni qué hablar del problema para encontrar estacionamiento (trapitos incluídos), de las aglomeraciones, los enfrentamientos entre personas, inseguridad, el incontrolable consumo de alcohol, los «baños» improvisados en árboles, umbrales y puertas de casas, que dejan impregnados esos lugares con el inconfundible olor a pis.

Los eventos masivos se repiten no sólo en Velez. Buenos Aires es la ciudad con más estadios de fútbol en el mundo (tiene 18, a los que hay que sumarles otros sitios que tienen la misma problemática, como el Movistar Arena de Villa Crespo).

Con lo cual, cada fin de semana ó jornada de evento, es un verdadero vía crucis para los vecinos de varios barrios porteños, que se sienten «invadidos» por la gente que acude masivamente.

Hay grupos de vecinos que se organizan para intentar que el barrio no sufra esa metamorfosis. Pero la lucha es absolutamente desigual.

Boedo es un ejemplo clarísimo: por un lado, está uno de los clubes más populares de la Argentina, San Lorenzo de Almagro. Cuyo flamante presidente –Marcelo Tinelli– es uno de los personajes más populares del país.

Por el otro, los «Vecinos Unidos por Boedo», vecinos autoconvocados de Parque Chacabuco y Boedo «que no queremos la rezonificación del predio de Avenida La Plata al 1700 de la Ciudad de Buenos Aires».

O sea, algunos pocos, frente a multitudes que no miden las consecuencias, mientras se canalice su pasión futbolera. 

Si la democracia defiende y alienta el respeto a las minorías, cuando se trata de eventos masivos a éstas se la pisotea sin piedad. Basta con ver cómo quedan los alrededores de los estadios, y las condiciones que padecen los vecinos antes, durante y después de cada situación de éstas.

El grupo de Boedo plantea claramente esta problemática. «Hay desigualdad de poder: los hinchas son miles que viven en todos los barrios y en provincias, nosotros somos los que vivimos aquí y sufrimos las consecuencias«, dicen en un comunicado.

También alertan sobre el «grado de parcialidad que se observa en algunos legisladores por su fanatismo hacia la postura de pedido de cambio de zonificación, esta situación muy grave daña los derechos de los vecinos ya que no contaríamos con la debida garantía Constitucional: vivir en paz, sin sobresaltos«.

Piden «al Jefe de Gobierno y Cuerpo Legislativo Porteño tener a bien considerar y resolver favorablemente la situación planteada por los vecinos de los barrios de Boedo y Parque Chacabuco, no es sólo una cuestión vecinal, es hacer justicia«.

 El problema, como se dijo antes, trasciende a otros barrios con estadios. Cada vez que juega River, «arrasan los ladrones, los punguistas, que aprovechan para venir. Hay cuadras que son caóticas, donde los trapitos hacen de las suyas y las víctimas son los vecinos, fundamentalmente gente desprevenida que no tiene nada que ver». La denuncia es de un integrante de la Asociación Vecinal de Fomento Barrio River.

El nuevo Mega estadio Movistar Arena, instalado recientemente en el barrio de Villa Crespo, generó una movida vecinal, ante el «caos que vivimos cuatro veces por semana: cuando terminó el recital, más allá de la medianoche, este era el paisaje sobre la calle Humboldt: gente, gente, gente, gritos, la luz del estadio impactando contra los edificios de enfrente. Así vivimos (no vivimos) cuatro veces por semana. Hay culpables claros y directos. el diario La Nación, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Dirigencia del Club Atlanta«.

Como prueba, los vecinos del estadio subieron a Facebook el «tender que se mueve solo» y  «el cuadro que se mueve». Dos videos que muestran cómo los objetos vibran por el sonido cuando hay un espectáculo allí. Es tan fuerte, que hay cosas que se corren de un lado a otro.

El estadio es propiedad del diario La Nación, y en su momento había asegurado que «cuenta con tecnología de última generación que hace que el megaestadio esté aislado acústicamente para que no se produzcan ruidos molestos ni vibraciones«.

Los vecinos afirman que «es un engaño descarado: siempre dijimos que no había manera de detener las vibraciones provocadas por la música«. También denuncian que desde que se instaló el estadio «es un hecho que nuestras propiedades se desvalorizaron».

Pero hay más: denuncian que el estadio no se ocupa ni siquiera de limpiar el desastroso estado en que quedan los alrededores después de los eventos (está a cargo del Gobierno de la Ciudad).

Y como si esto fuera poco, aseguran que el Mega Estadio Movistar Arena está exento de impuestos por 40 años

En La Boca, la pasión también intenta arrasar con el espacio público: el flamante vicepresidente Mario Pergolini, aseguró que Boca concretará el proyecto Bombonera 360, que busca ampliar la capacidad del estadio: de 49 mil espectadores a 78 mil. 

Pero para llevar esto a cabo, Boca debería comprar las propiedades de las dos manzanas que quedan detrás de los palcos.

Hay un pequeño gran detalle: entre los palcos de la Bombonera y las dos manzanas que pretende comprar Boca, está la calle Del Valle Iberlucea. Una calle no se puede comprar ni vender. ¿Cómo hará el club xeneize para superar ese obstáculo?

¿Alguien pondrá en la balanza los derechos de unos y otros, y sabrá equilibrar este despropósito?

¿O el negocio, ese monje negro que se esconde detrás de la pasión futbolera-musical, seguirá actuando impunemente, avalado por quienes deberían ponerle límites, e ignorando a aquellos que deben padecer casi cotidianamente, la pérdida de calidad de vida en sus barrios?

Claudio Serrentino

Imagen: No al Megaestadio Arena en Villa Crespo