Las reuniones del jefe y el vicejefe de gobierno con los vecinos, en los distintos barrios de la Ciudad, son ampliamente difundidas. Pero -pese a la amplia participación de los ciudadanos y la presencia de las máximas autoridades- las temáticas son acotadas a pequeños reclamos puntuales, y los resultados no se ven.

Un clásico de la gestión Rodríguez Larreta -lo inició cuando era jefe de gabinete de Macri– son sus reuniones para escuchar a los vecinos. 

Hay dos modalidades: las que reciben a un público más amplio, que generalmente se hacen en clubes barriales, o las del tipo «vení a tomar un café con Horacio», más íntimas.

El Sábado 18 de Enero, el jefe de gobierno se hizo presente, a las 9 de la mañana, en el Ateneo Popular de Versalles. El salón estaba lleno de gente.

Larreta compartió escritorio con el presidente de la Junta Comunal 10, Mauro Pedone. También estaban presentes los Comuneros Daniela Mesplede y Ubaldo Mascali.

En esas reuniones, mucho público se anota para hablar y espera «su» momento, el de plantear su problema personal ante el jefe de gobierno. Larreta y el resto de los presentes escuchan largas arengas sobre las cuestiones más diversas.

El jefe de gobierno marca las pautas: «nos escuchamos para que se entienda, y nada de política partidaria».

En general, se plantean cuestiones particulares, que sólo interesan a quién las dice. Al ser asuntos casi personales… ¿para qué decírsela al jefe de gobierno? Pero Larreta, igual, escucha.

Deja que pasen los reclamos, las quejas que en ocasiones no corresponden a su área, los halagos y las advertencias sobre los temas más diversos, sobre los cuales, muchos están tomando nota.

Larreta anota. El presidente comunal, también. El moderador hace lo propio. Lo mismo ocurre con personal que vino con el jefe de gobierno, y que llegó con el presidente comunal. Todo ese personal anota, pregunta y repregunta a quienes hicieron uso de la palabra

¿Qué anotan? Reclamos como éstos:

  • No me arreglaron la vereda.
  • Me arreglaron la vereda, pero no me pusieron las baldosas del mismo color que las que estaban.
  • Reclamé 45 veces por la poda del árbol, y nadie me responde.
  • Me están arreglando la vereda lo cual agradezco, pero como no me avisaron, hace 10 días que no puedo sacar el auto del garage.
  • Llamo al 147 y no me dan respuesta.
  • Debajo del viaducto del FFCC San Martín, detrás del cementerio de la Chacarita, quedó todo hecho un desastre.
  • ¿Vamos a quedarnos sin seguridad, ahora que la Nación va a sacarnos plata?
  • Gracias, Larreta, por todo lo que está haciendo, la ciudad está cada día más linda. 

En ese momento, Horacio se permite interrumpir. Y acota: «es cierto, pero siempre se puede hacer mejor». La mayoría aplaude.

Luego de varias tandas de los mismos reclamos pero de distintos lugares (en Versalles se escuchó un problema de… ¡Nuñez!), Larreta responde algunas cuestiones que suelen desembocar en autoelogios: «como dicen ustedes mismos, las plazas están más lindas».

Vuelve a elogiarse cuando cita el viaducto del FFCC San Martín: «fue una solución rápida y más barata».

Aclara que el desastre que se ve detrás del cementerio de la Chacarita no fue su error, sino el de la empresa contratista, que quebró. No supo afirmar cuándo ese desastre dejará de ser tal.

La reunión repite el formato dos, o tres veces. Con los vecinos preguntando, los funcionarios anotando, y el jefe de gobierno respondiendo cada tanto. Y termina.

Lamentablemente, una herramienta estupenda -que los ciudadanos puedan plantearle temas al mismísimo jefe de gobierno en persona- termina siendo una oficina de reclamos. Y ni siquiera eso.

Todos los pedidos de «su» vereda, árbol, estacionamiento y demás, bien podrían canalizarse rápidamente y allí mismo, a través de una simple notebook conectada a internet, ubicada al ingreso del salón. Sin la necesidad de planteárselo a la autoridad presente.

Es decir, los que tienen un reclamo particular, pasan por ahí, consultan ó generan su expediente, y de inmediato se charla con los responsables la manera de apurar la solución. Ahora existe la posibilidad de hacerlo ágil, con el celular y el whatsapp

Para que el asunto tome «estado público», antes de la charla con Larreta, podrían leerse los reclamos, agrupándolos por temas, y mencionando los domicilios afectados.

Bien podría encargarse de eso la Junta Comunal, que es la responsable de calles, veredas y espacios verdes. La Comuna debería tomar nota de estos reclamos, y en un lapso de no más de 10 días hábiles, explicar -también públicamente- en cuánto tiempo se podrá solucionar.

Para que el círculo sea completo, la Comuna -si es que se quiere trabajar seriamente- publicará la lista de reclamos en su sitio de internet, con sólo dos columnas: problema y solución.

De esa forma, habría dos ventajas para todos: y el gobierno podría hacer visible lo positivo de concurrir a las reuniones para encontrar soluciones.

Al quitar los reclamos personales, la charla con el jefe de gobierno podría centrarse en otras problemáticas más preocupantes, como la falta de turnos e insumos en los hospitales, la falta de vacantes en las escuelas, la falta de viviendas para quienes alquilan, etc.

Pero no.

Curiosamente, en tiempos de internet y apps para celulares de todo tipo y tenor, muchas personas del Estado -incluyendo al jefe de gobierno- anotan el mismo reclamo en planillas… pese a las cuales nunca se conocerá si el problema tuvo resolución, aunque el vecino lo haya dicho en un ámbito público, y delante de varios funcionarios implicados directamente con el tema planteado.

Claudio Serrentino

Foto: La Bocina