El libro «Monte Castro. Un barrio de Buenos Aires» de Leticia Maronese, cuenta los orígenes de esa zona, y la influencia de la primitiva escuela y el hospital en el desarrollo del barrio.

Leticia Maronese es Licenciada en Sociología, fue Convencional Constituyente, integra la Junta de Estudios Históricos de Monte Castro y escribió varios libros, entre ellos «Monte Castro. Un barrio de Buenos Aires», publicado en 2003.

En esa obra, en el capítulo III, la autora afirma: «gracias al legado de Manuel Rocca, Monte Castro recibió instituciones que hoy llevan su nombre. La larga ejecución de su herencia trajo aparejada una conformación topográfica particular entre los hoy barrios de Floresta y Monte Castro. Muchas manzanas sin urbanizar, poca apertura de calles, hornos de ladrillos que socavaron las tierras altas de Segurola hasta su prohibición hacia 1930».

Más adelante, dice: «En 1926, se pone la piedra fundamental de la Escuela para Varones Manuel Rocca en la manzana delimitada por las calles Segurola, Sanabria, Elpidio González y Juan Agustín García. Fue escuela de varones. Muchos antiguos vecinos concurrieron como alumnos al lugar o trabajaron en ella. Estaba destinada a niños de hogares con pocos recursos. El turno era doble y se les daba de comer.

Hoy, gran parte de la fachada -sobre todo el frente que da sobre Segurola- se mantiene intacta. La parte posterior y patios es la más afectada por las remodelaciones».

En un apartado, la autora resume el cambio de aquella escuela que contenía a chicos de familias de escasos recursos, al horrendo destino posterior que el Estado le dió a la donación (que determinaba fines específicos):

«Las remodelaciones tuvieron por objeto adecuar el edificio a una cárcel de seguridad de acuerdo a la población de menores. Adecuar, por cierto, dentro de una concepción que poco tiene que ver con el respeto a los derechos humanos. Pequeñas celdas, casi sin ventanas, alojan a menores durante largo tiempo, a pesar de que el establecimiento está tipificado para estadías provisorias mientras se buscan otros destinos a los chicos. Esta población de chicos excede largamente las posibilidades del edificio, ya que llega incluso a alojar a 180 internos.

«Un alto cerco, de varios metros de altura, rodea el predio casi ocultando el edificio principal de la vista desde la calle (…) Muy lejos está su funcionamiento actual de los deseos del donante de las tierras, un benefactor: Manuel Rocca».

Claudio Serrentino

Foto: Libro «Monte Castro. Un barrio de Buenos Aires», de Leticia Maronese