La audiencia pública en la que se trató la aprobación de la ley que crea un «Centro Modelo de Reeducación y Reinserción Socio Educativa», se convirtió en un cruce de diversas realidades, tanto para los funcionarios como para el público presente.

El palacio legislativo es hermoso. Pulcro, brillante, casi de cuento de princesas, con estatuas perfectamente mantenidas y plaquetas de bronce lustrosas.

La historia del Salón Dorado, donde se llevó a cabo la audiencia pública, lo confirma.

Según la página oficial de la Legislatura… «Su diseño está inspirado en la Galería de los Espejos del Gran Trianón – que integra el Palacio real de Versalles, prototipo de la arquitectura francesa clásica -, decorado por Charles Lebrun en el siglo XVIII. El ambiente de estilo borbónico es esplendoroso».

Una maravilla. Que contrasta notoriamente con los temas tratados en la audiencia pública del 10 de Marzo, y que excedieron largamente a la convocatoria original:

«Financiamiento y construcción en Flores del Centro Modelo de Reeducación y Reinserción Socio Educativa, que es un “establecimiento institucional destinado al cumplimiento de medidas privativas de la libertad ambulatoria, impuesta a adolescentes imputados, por la justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires  y o  Federal», de acuerdo a la versión oficial.

Desde el principio, se notó la diferencia entre oradores y «anotados para hablar». En la mesa, legisladores, asesores y administrativos miraban con indiferencia al salón repleto de personas con necesidad de expresarse: había 131 «anotados para hablar», que contaban cada uno con cinco minutos como máximo para resumir su temática.

Por su parte, los oradores fueron apenas dos, que pudieron resumir su tema apoyados por una gigantesca pantalla, en la que aparecían imágenes que ilustraban sus dichos.

Algunos «anotados para hablar» produjeron sus propios power point y pidieron que los proyecten en la pantalla. «No, la ley 6 lo impide», respondió, con la misma impavidez que los sentados a la mesa, uno de los empleados legislativos.

La primera oradora fue  Alicia Blasco, del Consejo de Derechos Niñas Niños y Adolescentes. Primero se refirió a los Centros San Martín, Rocca y Manuel Belgrano: “no cumplen los requisitos mínimos de seguridad” dispuestos por la ley. Por ello consideró pertinente la construcción del nuevo Centro Modelo en la manzana comprendida por la avenida Castañares y las calles Rivera Indarte y Bonorino, para garantizar “condiciones dignas de habitabilidad, educación y formación”.

Afirmó que el nuevo establecimiento tendrá “un centro de formación profesional, un espacio de salud, un lugar para que los adolescentes puedan dignificar su permanencia” y de esa manera en el futuro “integrarse a la sociedad”.

La segunda oradora fue Sonia Terreno, titular de la Unidad de Proyectos Especiales de Infraestructura del Gobierno de la Ciudad, a través de una presentación visual, describió la obra a realizares y valoró que el nuevo edificio contará con “espacios deportivos y áreas verdes”, además de diseños que no “connoten con unidades carcelarias”.

El marco era ideal: en un ámbito palaciego, estas funcionarias describían un futuro casi perfecto, mediante bocetos y maquetas.

El problema fue cuando empezó a hablar la gente real.

Esos que debieron pedir permiso en sus trabajos, organizarse y ver con quién dejar a los chicos, viajar hasta el centro (en algunos casos, más de una hora para ir, y otro tanto para la vuelta), sólo para expresarse y, con la palabra, defender una esperanza; una esperanza tan lejana como deseada.

Pero había que estar ahí, había que decir lo que necesitaban decir. Que al menos, conste en actas que quieren mejorar sus realidades. Y estuvieron, claro que estuvieron.

El Palacio Dorado estaba repleto de gente. Los de la mesa miraban de reojo cuando los fotógrafos disparaban flashes: la gente advirtió que iba a empezar, y prontamente levantaron los carteles, que gritaban en cartulinas, lo que en ese ámbito no se podía gritar a viva voz.

¿Qué pedían? Lo básico, lo de siempre, lo de todos: SALUD, EDUCACIÓN, VIVIENDA, ESPACIOS VERDES. Nada alocado. Lo que están esperando desde el fondo de los tiempos, y que no lograron en 36 años de democracia, y 23 de autonomía porteña

Los «anotados para hablar» describieron diversas realidades, que indudablemente no fueron tenidas en cuenta por los autores del proyecto, las comisiones legislativas, los asesores y los legisladores (todos ellos pagados por los ciudadanos).

Los vecinos del Bajo Flores no quieren que el nuevo centro modelo se construya allí. Y dicen que tienen necesidades mucho más urgentes en sus barrios, que -dicho sea de paso- no figuran en el mapa oficial de la Ciudad (barrios Padre Rodolfo Ricciardelli, Rivadavia I y II, Illia I y II).

¿Qué necesidades? Agua, por ejemplo. El padre Isasmendi contó que los chicos del jardín de su parroquia debieron volver a sus casas varias veces esta semana, porque faltaba el líquido elemento: «¿y cómo piensan instalar un centro modelo en un lugar donde ni siquiera hay agua?».

Julián Cappa (integrante de la Junta Comunal 7) resaltó el hacinamiento que existe en una sola manzana del barrio Ricciardelli: «allí, vive la misma cantidad de gente que en todo Puerto Madero».

Desde la Comuna 10, plantearon otra realidad, a través de la consigna es #ElRoccaParaElBarrio. Muchos vecinos y organizaciones sociales y políticas concurrieron a la audiencia.

El comunero Fernando Moya se refirió al testamento de Manuel Rocca, y el predio del asilo de menores: «la donación estaba destinada a la educación de 80 a 100 niños pobres» y resaltó que la Junta Comunal votó por unanimidad contra la venta del predio. Mariano Fernández,  de la Mesa Participativa de la Comuna 10, resaltó: «ni la voluntad de los muertos respetan». Laura, Paola, y varios vecinos y vecinas, reclamaron el predio para el barrio, que incluya un jardín maternal de jornada completa y/o un polo educativo, más la nueva sede comunal. Gabriel de Bella planteó el negociado que se oculta detrás de esta movida inmobiliaria. El toque emocional lo dió Estelita, del Club Mitre: se descompensó mientras hablaba. «Es una lucha de muchos años», dijo.

Otra de las cuestiones, quizás la más vergonzante para la sociedad, fue la que detalló la doctora Laura Taffetani: «yo vine para hablar de la reinserción de los chicos que tienen problemas en la sociedad, creí que ese era el tema… pero de lo único que escucho hablar es de edificios. ¿Qué vamos a hacer con esos chicos?«.

Entonces: por un lado, los vecinos de una zona pobre que, en lugar de un centro de reinserción, pretende tener primero vivienda con los servicios (que funcionen como corresponde). Luego, escuelas y centros de salud. Es decir, la promovida «urbanización» que Rodríguez Larreta usó para publicitarse, pero que nunca concretó. Por otro, los que quieren preservar el patrimonio de todos para todos, en el caso del predio del asilo de menores Rocca. Y por el otro, dónde lograr que los jóvenes con deudas con la justicia, hagan el camino de recuperación.

Ese mix de realidades que chocan entre sí, dejó al descubierto que los que hacen las leyes, ignoran por completo a los directamente afectados por ella. Y éstos quieren -y deben!- ser escuchados, respetados y tenidos en cuenta.

Quizás, con tantos compromisos y papeles se hayan olvidado, pero cabe recordarles que ése es EL PRIMER MANDAMIENTO -literal- que los representantes y funcionarios del pueblo DEBEN CUMPLIR Y HACER CUMPLIR

«CONSTITUCIÓN DE LA CIUDAD – ARTICULO 1º.- La Ciudad de Buenos Aires, conforme al principio federal establecido en la Constitución Nacional, organiza sus instituciones autónomas como democracia participativa».

Claudio Serrentino

Fotos: La Bocina