De repente, el mundo entero se volvió una cárcel. Un lugar sin tiempo, donde sus habitantes vivimos una prueba inédita de supervivencia.

Trabajar, estudiar, actividades rutinarias que hasta nos fastidiaban, se han vuelto imprescindibles. Y se extrañan.

Tener a toda la humanidad encerrada al mismo tiempo, es un hecho inédito, que ni siquiera ocurrió durante las guerras mundiales del siglo XX. Entonces, el peligro se circunscribía a determinados lugares.

En tiempos de internet y redes sociales, el encierro provoca la profundización de una adicción: mirar la pantalla del celular se ha vuelto un hecho compulsivo, algunos no logran superar los 30 segundos entre una y otra “revisada”. Y así todo el día, todos los santos días…

En todas las ciudades se esparcen los rumores gracias a los aparatitos. Buenos Aires no iba a ser la excepción.

Así, se viralizó un audio de una supuesta doctora del instituto Malbrán que era falso. Se dicen y se publican noticias que no tienen la confirmación necesaria.

En el barrio de Velez Sarsfield debieron evacuar un geriátrico, porque una de las personas internadas allí, falleció con “sintomatología” de coronavirus.

Los noticieros de TV enviaron sus móviles y aportaron su cuota de desinformación: los movileros no consultan a las autoridades del hospital -o sea, la fuente oficial- sino a uno de los familiares que se acercaron hasta allí.

El rumor creció. Ayer, llegó por whatsapp que ya eran tres los fallecidos por el contagio, sólo entre las personas del geriátrico. “Nos están ocultando información”, sugiere alguien. Otro agrega: “por eso no hacen los tests masivos”. Los comentarios se suman, la bola de nieve crece

Mientras tanto, el gobierno nacional actúa, repite el slogan/frase de Fernández: “entre las vidas y la economía, elijo defender las vidas”, frase hasta obvia por lo básica. Claro, contrastada con la actitud de otros gobernantes, de otros lugares del mundo, Alberto parece un apóstol.

La ciudadanía, por ahora, no se queja. Los anuncios públicos parecen cubrir todo el espectro, pero la realidad deja al descubierto los puntos oscuros.

Desde las propagandas oficiales se promueve el alejamiento a “metro y medio, o dos metros” para que las personas se protejan correctamente contra el virus.

Pero un video muestra el amontonamiento de gente en Tigre, durante un reparto de alimentos. Caos total, se pelean por los víveres, tirados en el piso. Como son pobres, que se arreglen.

Otra pantalla: Telefé cubre el despropósito que les toca vivir a los vecinos de Hurlingham: tras horas de cola, la plata de los cajeros bancarios se acaba. Hay que volver a hacer fila, hasta dos y tres veces en el día, hasta que por fin se pueda extraer algo¿Nadie del gobierno que está monitoreando esa información -lo hacen constantemente- es capaz de levantar el teléfono y apretar a los bancos, para que provean de billetes a los cajeros, y evitar que ocurran estas molestias?

Los comunicadores recuerdan que “también puede retirarse plata de cadenas de supermercados y perfumerías”, insinuando descaradamente a que vayas a comprar allí. Porque si no comprás, no te van a dar la chance de darte plata.

Los sectores pymes, que ya estaban complicados con la economía, y a los que muchos funcionarios dicen defender, no la tienen fácil. Sí, les prorrogan vencimientos. Y les ofrecen créditos… ¡con tasas del 24%! ¡La tasa debiera ser cero, o ínfima, cosa que le cubra los costos operativos a la entidad, y punto. ¿Los bancos no pueden dejar de especular, ni siquiera en una situación tan grave y excepcional como ésta?

Lo peor es que se muestra a la medida como “positiva”. Ni siquiera las entidades que nuclean a las pymes exigen solidaridad a los bancos.

Hubo ayuda económica, sí, y también un aluvión sobre la página del Anses. El trámite lleva un tiempo. Aunque se lo den mañana ¿cuánto puede aguantar una familia de cuatro integrantes con $ 10.000, en el mejor de los casos?

Otros se quedaron en el limbo, suspendidos, como este tiempo que parece no pasar nunca. Los cuentapropistas -plomeros, empleados de la construcción, cartoneros, etc.- que no facturen, no tienen acceso a ninguna ayuda. Se están comiendo lo que tienen. ¿Cuánto más pueden aguantar…?

Los inquilinos recibieron un “beneficio”: les congelaron los alquileres y postergaron los desalojos. Podrán pagar más tarde. Si ahora se están gastando lo que tienen… ¿cómo van a hacer para pagar luego, tres o cuatro meses de alquiler, todos juntos?

El colmo es lo denunciado por representantes gremiales de los trabajadores del Hospital Italiano. Allí se infectaron cinco con coronavirus. ¡PERO LA ART NO LES CUBRE EL TRATAMIENTO…!

Sí, aplaudir a las nueve de la noche es un gran momento para reconocer la entrega del personal de la salud. Pero después de aplaudir… ¿a nadie le preocupa que estas miles de personas, que se juegan la vida por el prójimo,  NO TENGAN COBERTURA CONTRA LA PANDEMIA, Y -PEOR- QUE CASI NADIE LO DIGA?

Los grandes medios repiten y repiten las mismas noticias, hacen “análisis”, consultan a especialistas y debaten el futuro. Pero del presente, de este presente precario y lleno de incertidumbre, que afecta a vastos sectores de la población, a sus actividades económicas, y hasta a los mismos que pelean contra el virus en hospitales y sanatorios… de eso, no dicen nada.

Como siempre, la realidad es infinitamente más cruda y contundente que la ficción que difunden los medios y las redes sociales, y se develará en algún momento. Sin maquillajes ni presentadores.

Claudio Serrentino

Foto: Télam