Mientras las semanas pasan y falta todavía para «el pico» de la pandemia, millones de argentinos ignoran cómo se alimentarán en el futuro inmediato. Son los que trabajan el día a día, y los que encaran sus propios emprendimientos.

La situación sanitaria no es la mejor, pero parece estar controlada. El encierro compulsivo de buena parte de la comunidad estaría brindando los resultados esperados.

El gobierno de Fernández socorrió a los que no tendrían ingresos: trabajadores en relación de dependencia y aquellos que cobran la AUH, contarán con algo de dinero para paliar este mal momento (se sabe que $ 10.000 no puede durar mucho, en una familia de cuatro integrantes).

El gobierno previó brindar ayuda, también, a las categorías más bajas del monotributo, A y B. Supone así que los de la categoría C (que pueden facturar hasta $ 35.000 por mes) tendrán ahorros suficientes como para enfrentar la dramática situación que les toca vivir.

Se sabe que esa suma, menos los gastos propios de cada actividad, no garantiza ni por asomo un standard de vida adecuado. De hecho, esa suma está por debajo de la línea de pobreza ($ 40.000).

Es decir: se decidió ayudar a unos, y abandonar a otros sectores, que quedaron a la buena de Dios; y si éstos no trabajan, no comen.

Ellas y ellos son los conocidos popularmente como «cuenta propistas». En este rubro puede entrar tanto un cerrajero, una peluquera, un cartonero, un instalador de aire acondicionado, y hasta una profesional de la salud.

Gente que si no trabaja, no tiene ingresos. Y que, pese a no tener ingresos, tiene compromisos que cumplir. Cuotas, alquileres, tarjetas que pagar, cheques que cubrir… cuestiones que hacen al movimiento económico de cada uno de ellos.

Y además, alimentarse y alimentar a su familia.

Los millones de cuentapropistas y microemprendedores no la deben estar pasando bien, encerrados en sus casas, contando los días que faltan para volver a sus actividades.

Pero el coronavirus, ese bichito microscópico que tiene en jaque a toda la humanidad, les sigue complicando la vida. Pronto se cumplirá un mes de estar mirando el techo, mientras los fondos se van acabando y los precios siguen aumentando.

Las noticias epidemiológicas no son alentadoras. Especialistas aseguran que el «pico» del contagio sucederá entre el 18 y el 20 de Abril, con lo cual, aunque la cuarentena no se extienda, la actividad económica seguirá muy resentida.

Es decir: los millones de emprendedores estarán dos (tres?) meses facturando $ 0 (pesos cero), sin recibir ningún tipo de ayuda.

El daño a sus economías será muy profundo y de nada les sirve la prórroga de los vencimientos . Alguna vez tendrán que pagar la luz, el gas, el alquiler, la tarjeta, el cable, cubrir los cheques. Y para peor, habrá que abonarlo todo junto, mientras que sus ventas no estarán en los niveles previos a la pandemia, sino mucho menores, luego de haber perdido dos meses de trabajo.

Que desde el poder se hayan desentendido de este sector vital de la producción, puede complicar seriamente la recuperación económica. Si los microemprendedores se quedan sin sus actividades, engrosarán la lista de desocupados, aumentarán los niveles de pobreza, y por ende, se necesitarán más recursos para brindar ayuda social.

Más allá del teletrabajo, las autoridades deberían ofrecer alternativas para evitar que este sector siga decayendo. El problema es gravísimo, son muchos los afectados.

Hay que evitar el dramático momento de tener que elegir entre el coronavirus, o el  hambre.

Claudio Serrentino