#QuedateEnCasa es la consigna para cuidar la salud de todo un país, como si todo un país pudiera cuidarse a través de un hashtag.

En la realidad argentina, se sabe que el país que se cuida, es ese que se puede ver por los diversos medios de comunicación. La estrategia es mostrarlo para que “parezca” real, por aquello de: sólo existe lo que se emite por los medios.

Y efectivamente, hay un sector -aquellos que están empleados por el Estado– que pueden quedarse en casa sin tener ningún perjuicio económico. Cobran el sueldo sin descuentos. Este universo suma alrededor de 4 millones de personas (los únicos que siguen cobrando lo mismo que cobraban antes, sin necesidad de ir a trabajar).

El sector privado le da empleo a 5 millones de trabajadores, y hay otros 2 millones de monotributistas y autónomos.

Sin embargo, durante la pandemia, muchos de los que trabajan en el sector privado quedaron afuera de las ayudas estatales, pese a formar parte del país oficial (el que está en blanco).

El drama comenzó cuando pequeñas pymes no “calificaron” para los prometidos préstamos a tasa ceroy tuvieron que pagar sueldos sin facturar nada-, trabajadores de empresas privadas que se encontraron con importantes recortes salariales, cuentapropistas que no calificaron para ningún tipo de ayuda, desocupados que quedaron afuera del reparto de los $ 10.000.

Hay un tercer sector: el informal, compuesto por 3.500.000 personas que no aportan en impuestos como el monotributo, pero sí pagan tributos directos, como el IVA (21%). Algunos de ese sector sí recibieron ayuda, a través de la AUH (Asignación Universal por Hijo) o el bono IFE.

Reitero: de estos tres sectores, sólo uno -el primero, de los trabajadores estatales- sigue cobrando como antes de declarada la pandemia.

Muchos empleadores de pymes, sus empleados, monotributistas, desocupados y trabajadores del sector informal, no cuentan con ninguna ayuda. No cuentan con ninguna ayuda… durante tres meses. Tres meses durante los que, si no tienen suficientes ahorros, los mandan a la ruina.

Los empleados del sector privado que no pueden ir a trabajar, soportan recortes salariales de hasta el 50%. Algunos monotributistas, según sus categorías, no reciben nada, salvo que tengan hijos en edad escolar (lo cual no implica que no lo necesiten). Sobre los desocupados no hay nada que acotar, es obvio. Y los trabajadores informales, si no se ganan el mango diario, no tienen nada de nada.

Y así, durante tres meses. ¡Hay que sostenerse todos los días, durante tres meses, sabiendo que cuando salgas, 9 de cada 10 de tus clientes están cerrados, o a punto de quebrarse!

Son más de 10 millones de personas -y sus familias- para las cuales no hay otra propuesta que… aguantar la pandemia hasta que termine. Como sea, dentro de 6 meses o 1 año. Esos contribuyentes, casual o causalmente, son los que sostienen a TODO el sistema.

Es evidente que los responsables del Estado sobreestiman la capacidad de ahorro de estos sectores. Además, no tienen en cuenta sus obligaciones FIJAS: alquiler, expensas, monotributo, servicios, tarjetas.

Obligaciones que en algunos casos se postergaron, con los intereses correspondientes (!!!). Sin hablar de la comida, esa impostergable obligación de todos los santos días, para todos los seres humanos que habitan esta bendita tierra.

Y sin embargo, la reacción que puede verse los grandes medios, solo pasa por un pequeño grupo de comerciantes de La Plata, que aparecen en la pantalla de Telefé separados por el distanciamiento social, pero cercanos en el reclamo (foto).

La transmisión parece un velorio, donde se asiste a las exequias del trabajo que genera el pequeño comercio (7 de cada 10 empleos en esa ciudad).

Nadie se atreve a preguntar ni a preguntarse cómo se podría mejorar la situación. Es como un hecho involuntario que cayó del cielo para castigar a la población. 

El gobernador Kiciloff habla de “suicidio colectivo” para referirse a los que pretenden levantar la cuarentena sin más… parece haberse olvidado de ese grupo numeroso de laburantes, emprendedores, pymes, informales y desocupados que fueron abandonados a su suerte.

Los comerciantes que alquilan ya están reprogramando su próxima vida. Piensan en futuras changas, evitando el alquiler, por supuesto. Muy pocos –aún siendo propietarios- podrán aguantar tres meses sin ningún ingreso. Lo mismo ocurre para el sector servicios: electricistas, plomeros, albañiles, profesionales.

¿Quién puede resistir sin laburar?

A nadie, desde el gobierno, se le ocurr abrir una ventanilla para atender a los excluídos de todos sus planes de ayuda, escuchar sus problemáticas, estudiar los casos, tratar de sumar algún paliativo. Una mano que los saque del pozo. Por lo menos, obviarle el gasto del monotributo

El silencio parece decir “que se jodan”, como si fueran los culpables de la pandemia, cuando en realidad son uno de los pilares del sistema tributario del país.

Al mismo tiempo, algunos “beneficiados” por el bono IFE todavía esperan por el dinero prometido.

Los fans oficialistas -como todos los fanáticos- se confunden y confunden: toman el #QuedateEnCasa como una consigna partidaria, no como una necesidad de salud pública.

Desde su miopía, suponen que los que salen, lo hacen porque son contreras. No entienden ni evalúan la necesidad, la urgencia de los otros. Los que no tienen otro ingreso que el que les propicia su quehacer diario.

Una familia que no puede -que no tiene- para pagar el alquiler de un mes, difícilmente podrá pagar en Octubre seis meses TODO JUNTO. O en cuotas.

Si no hay ingreso, y si en los meses posteriores no hay un ingreso MAYOR -lo cual es absolutamente impredecible- no se podrá cumplir con esa obligación. Lo mismo pasa con el importe acumulado en expensas, servicios, monotributo, cable, celular, tarjetas.

Algunos de esos servicios no cobran muy caro el recargo, podría afrontarse de alguna manera en el futuro. Otros, amenazan con cortar el servicio. Pese a los decretos oficiales.

Las tarjetas no dejan de cobrar los intereses, no hay pandemia (ni gobierno) que detenga su voracidad. PERO NO ES QUE LA GENTE QUE NO PUEDE PAGAR PORQUE NO QUIERE TRABAJAR, SINO QUE NO PUEDE TRABAJAR POR LA PANDEMIA!!!

Los albertistas, a través de las redes, subestiman a los otros: consideran a los que se oponen a la continuación indefinida de la cuarentena, como un grupo de revirados símil Bolsonaro, que no entienden –no pueden, pobrecitos- la peligrosidad del problema sanitario.

Que algunos habrá, no me cabe duda. Los encuentro afirmando defender la democracia, mientras reivindican a Macri (!!!).

Pero esta otra gente, QUE -REITERO- NO TUVO NINGÚN INGRESO DURANTE TRES MESES, debe salir, se ve obligada a salir a buscar plata de donde sea para cumplir con las obligaciones que EL ESTADO NO LE AYUDÓ A SALDAR DURANTE LA CUARENTENA.

El Estado, para peor, programa más y más controles, para reducirles sus movimientos al mínimo.

Los preocupados por el aumento de la curva del coronavirus, no quieren entender que es una cuestión matemática simple, de sumas y restas.

Si un electricista gana 12 por mes, y no trabaja un mes, debe 10; si no sale dos meses, ya suman 20; si no puede trabajar durante tres meses la deuda sube a 30. Y si tuvo ingreso 0 en tres meses…- ¿cómo ha para poder saldar esa deuda que deb contraer por causa de fuerza mayor, con los 12 que pueda facturar -con suerte y viento a favor- en el cuarto mes?

Además de la causa más grave: la desidia de los Estados porteño y nacional en los barrios vulnerablesLa curva de contagios crece por la desesperación, por la necesidad, por la urgencia, porque el Estado se ocupó sólo de un sector de la sociedad y abandonó al resto.

La cosa se redujo, una vez más, al nivel del spot publicitario. Del slogan vacío de propuestas.

A la hora de enfrentar el problema, los gobernantes debieron crear comités de crisis de todo nivel: como hicieron con los especialistas en medicina, debieron haber comisiones que se ocupen de la salud mental (¡tremenda cuestión!), lo social, la micro economía, la educación, la cultura, el deporte, la familia y tantas otras disciplinas.

¿Cómo encarar cada área durante la pandemia?, era la gran pregunta, para la que había que generar respuestas, y difundirlas por los medios. Pero no lo hicieron.

El #QuedateEnCasa fue más simple y efectivo como slogan, pero totalmente insuficiente como respuesta política para todos los niveles que la sociedad necesita. Flojito para un profe de facultad como Fernández.

El “suicidio colectivo“ que sugirió Kiciloff puede ocurrir, pero desde otro lado: por ejemplo, de las miles de personas que sumaron grandes deudas durante la pandemia, y no tienen cómo pagar.

O aquellos otros miles que se sumergieron en una depresión profunda por tantos días de encierro e incertidumbre.

O los cientos de empresas pymes que quieren mantener su plantel de empleados, pero que no tienen cómo pagar los sueldos durante esta cuarentena indefinida.

TODOS estamos complicados e implicados, deberían ocuparse de los problemas de TODOS. Es cuestión de mirar TODA la película, no sólo la parte que les conviene.

Claudio Serrentino

Foto: infoplatense.com.ar