El gobierno porteño sigue creyendo que no está a cargo de Buenos Aires, sino de ciudad Lego. Miles de corredores colapsaron parques y plazas en el horario permitido, con lo cual fue imposible cumplir con el distanciamiento social.

Los Lego son lindos juguetes, que entretienen a hijos y nietos. Hay de todo tipo: estaciones de servicio, autódromos, baticuevas y hasta ciudades.

Esos muñequitos con manos de pinza se han vuelto personajes de películas en la que los grandes personajes de comics –Batman, Superman- y sagas como Star Wars se vieron en sendas versiones Lego. Y hasta fueron protagonistas del programa “Bendita”.

Administrar una ciudad Lego es lindo y sencillo: todo está pulcro, ordenado, los peatones cruzan sólo por la senda peatonal y los autos frenan apenas ven el amarillo en los semáforos.

Ciudad Lego se parece en mucho a los bocetos y proyectos que suelen mostrar los gobiernos a la hora de presentar una obra: en esos trazados todo es ideal, casi perfecto, con las medidas exactas y el espacio justo.

Ciudad Lego funciona de maravillas con dos edificios, cuatro muñequitos (de los que quieran, se puede agregar algún soldadito también) y tres autitos.

Ahora bien, si en esa estructura aparecen tres millones de muñequitos… ¿qué pasaría? La ciudad se vería desbordada, estarían absolutamente amontonados por todos los rincones de esa escenografía que hasta un rato, apenas, parecía ideal.

Hasta el pibe más entusiasmado se quejaría con un indignado “no juego más!!!”.

El gobierno porteño quizás haya olvidado que está a cargo de Buenos Aires, y que la ciudad no es una maqueta, sino un pequeño territorio donde se amontonan diariamente hasta 9 millones de personas por día. Ellos mismos lo dicen en las conferencias de prensa.

¿Habrá cansancio por tanta exposición? Hasta hace 80 días, Larreta acostumbraba a mostrarse inaugurando plazas, postas aeróbicas y Buenos Aires Playa.

Ahora, tiene que andar lidiando para sostener el sistema de salud pública, y que no colapse.

Probablemente la crisis prolongada e indefinida en el tiempo los esté desgastando, y por eso no puedan medir los mismos riesgos con la misma vara.

Porque para viajar en tren, hace falta reservar lugar. Para andar en auto, pedir permiso. Para sacar a pasear a los chicos, según el número del DNI. Para comprar ropa o zapatos, también.

¿Y para salir a correr? Salgan los que quieran, de 20 a 8, en grupos de no más de dos personas, dijo el jefe de gobierno al anunciar la etapa del “bienestar integral” (!!!), nombre rimbombante para intentar escapar del mal humor social, en la conferencia de prensa del pasado 5 de Junio.

Los canales de TV transmitían desde los parques cómo una marea humana se amontonaba en las veredas. Imposible mantener el distanciamiento social.

Todo se mide de acuerdo a la exposición mediática. Enseguida, desde el gobierno porteño salieron a relativizar su falta de prevención: “Tuvimos un poco de aglomeración, no es lo deseado, queremos que haya más distanciamiento», expresó el vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli

“Un poco de aglomeración” no fue lo que se vió por la tele: en Palermo y Parque Centenario, estaban las veredas repletas de gente corriendo.

Lo cierto es que recién después de la masiva salida de los runners –y los riesgos sanitarios que implica- estudiarán la posibilidad de ajustar el horario.

Ciertamente, en Ciudad Lego es todo más prolijo. No hay contradicciones ni disgustos, salvo cuando el pibe se aburre, trae al dinosaurio y ataca.

Claudio Serrentino

Foto: Nerd Fitness