El 14 de Junio, más de cien personas participaron en la reunión virtual para recordar a Julio Goitía, Néstor Sanmartino y Mauricio Silva, los trabajadores desaparecidos del Corralón de Floresta.

Organizado por la Asamblea Barrial de Floresta, se realizó una reunión por “zoom” en la que familiares, amigos y compañeros de trabajo y de militancia, quienes recordaron a los desaparecidos del Corralón.

Los testimonios dan cuenta de la profunda participación política y social a principios de los ’70. Varios de los oradores militaron en la unidad básica “Capuano Martínez” de Páez y Argerich, donde se generaba una intensa actividad.

Nélida cuenta que desde allí se impulsó al Movimiento de Inquilinos Peronistas, y “era un espacio muy dinámico, de mucha discusión, donde se invitaba a debatir a gente de otros grupos”. En ese ambiente conoció a Julio Goitía y Néstor Sanmartino.

Cacho explica que esa agrupación fue una de las más fuertes de Flores, “con un trabajo muy desarrollado; nos ocupamos del Corralón porque los trabajadores estaban esclavizados y nos vinieron a pedir ayuda: Logramos reestatizar la empresa y varios de la unidad básica entramos a trabajar allí. Con el tiempo, hicimos una lista para enfrentar a la Juventud Sindical Peronista, de Amadeo Genta, que todavía está. Íbamos ganando las elecciones, pero sobre el final vinieron de la JS y terminamos perdiendo por 15 votos. De la UB quedaron trabajando en el Corralón Julio, Néstor y Mauricio. Después del golpe del ’76, había un suboficial de la Marina de interventor. Le fui a avisar que se vayan del Corralón, Julio decía que la gente lo iba a proteger. No fue así. La madrugada del 5 de Agosto lo secuestran a Néstor, después a Julio”.

Miguel trabajó y vivió toda la lucha junto a ellos: “me siento muy afortunado de haber estado a su lado en esos momentos. Nuestros compañeros de trabajo eran de la villa 1-11-14 en su mayoría, y con ellos compartimos muchas vivencias, momentos gratos, nos invitaban a bautismos y comuniones, conocíamos a sus esposas porque los sueldos se pagaban en el Corralón, y ellas venían el día de cobro. Aquello fue una gran epopeya, cómo reestatizamos la empresa y logramos que 4.000 trabajadores que no tenían ningún tipo de cobertura social, se incorporen a la planta permanente de la Municipalidad. Es un gran orgullo”.

Desde Venezuela, Elena contó que llegó al Corralón acompañando a los hermanos de Mauricio Silva para averiguar por su paradero; resaltó el trabajo por la memoria realizado por la Asamblea Barrial de Floresta, y dio testimonio sobre la personalidad del cura barrendero.

El abogado Pablo Llonto, que lleva la causa judicial que investiga la desaparición de Mauricio Silva, recordó que la congregación los Hermanitos del Evangelio, a la que pertenecía el cura barrendero, se presentó como querellante. “Se venía avanzando a buen ritmo, pero la pandemia nos frenó”.

Si bien cada uno emocionó con su relato, el momento de mayor emotividad fue cuando hablaron los hijos de Goitía y Sanmartino.

Cristian, el hijo de este último -hoy integra HIJOS- contó que su papá lo llevó a conocer el Corralón, su lugar de trabajo. “Aunque era muy chiquito, recuerdo cada paso que dimos ahí adentro. En los primeros años era inimaginable esto que hacemos hoy, recordar y reivindicar con orgullo. En mi familia nadie reivindicaba a mi papá, todo se justificaba con el ‘algo habrán hecho’, traté de que esa negatividad no me absorbiera, pero era muy difícil. En la escuela fue lo peor, me separaban de los grupos, no me dejaban jugar en los campeonatos de fútbol escolares, nos decían que no volvamos más, que nos fuéramos rápido, parecíamos enfermos de coronavirus. Y yo, que no sabía nada de mi papá, escuchaba que lo de los desaparecidos era mentira, que estaban en una playa en Europa”.

El cierre estuvo a cargo del intelectual Horacio González, quien también militó en la unidad básica de Flores. Contó que aquello era “un hervidero, donde confluían tanto los obreros como los universitarios y hasta curas”.

Recordó a los curas obreros, “que no eran curas del Tercer Mundo, como Mujica, sino de la línea de Podestá, el entonces obispo de Avellaneda, que se caracterizaban porque trabajaban. En el grupo estaba el cura Jorge Galli, que era albañil. Silva pertenecía a los Hermanitos de Evangelio, vinculados a la austeridad, a la vida pobre. Julio y Néstor eran inocentes, en el sentido de que no sabían lo trágica y virulenta que puede ser una historia. Ellos tenían el espíritu espontáneo, cariñoso, suave y candoroso de la vida barrial”.

Para el final, los integrantes de la Asamblea Barrial de Floresta leyeron un poema de José Luis Mangeri, que termina diciendo:

“descansen en paz los compañeros,

bajo una tierra sembrada de sal.

Sobre la cual, comenzamos a pelear contra el olvido”.

 

Claudio Serrentino

Imagen: Zoom