Un trabajo conjunto de la Unión de Comerciantes de Villa del Parque y el periódico «Aquí Villa del Parque», analiza los efectos de la cuarentena y eleva una propuesta para «cuidar la salud, la economía y la paz social».

Si al 7 de julio de 2020 medimos estrictamente los resultados de la cuarentena para frenar el avance del COVID-19 en Argentina, observamos que ha sido un éxito y mantiene una baja tasa de mortalidad. Asimismo sirvió para limitar y casi anular los contagios en gran parte del territorio nacional.

Sin embargo el conglomerado urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se concentra casi el 40% de la población del país y gran parte de la actividad productiva en términos industriales, servicios y comercios sigue sumamente comprometida.

En esta área estamos atravesando un Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio que al término de esta última etapa completará 120 días que se han transformado en una cuarentena económica con destrucción significativa del aparato productivo local pero que en términos sociales fue menguando día a día.

Basta caminar por cualquier centro comercial a cielo abierto o pararse en las avenidas para darse cuenta que mientras los comercios están cerrados o trabajando de manera limitada bajo el sistema online, la gente camina por la calle y el tráfico es relativamente intenso. Un panorama muy distinto al que se veía en los primeros quince días de cuarentena estricta.

Sería ingenuo pensar que la laxitud que está teniendo la cuarentena en términos prácticos se deba a una despreocupación de la población ante el virus más que a una necesidad de mantener las fuentes de trabajo, la salud mental y física.

Es improbable que a estas alturas de los acontecimientos puedan incrementarse aun más los controles y que los ciudadanos, afectados por la crisis económica y/o el encierro prolongado, lo acepten. Por su parte, las fuerzas de seguridad no solo están agotadas por el gran esfuerzo realizado sino también mermadas en su capacidad operativa por la baja de agentes afectados por el virus. Todo esto dificulta un control más estricto.

Los términos en los que se está llevando adelante el aislamiento están trayendo efectos colaterales no deseados en múltiples dimensiones, cuyas consecuencias pueden ser tanto o más graves que el propio coronavirus proyectadas en el tiempo.

Encaremos en primer lugar el aspecto sanitario. Debido a la gran cantidad de recursos -en infraestructura, materiales y personal sanitario- enfocados a cuidar a la población del COVID-19, se están desatendiendo otras enfermedades, ya sea por disminución de consultas al médico, pérdida de coberturas de obras sociales y prepagas por desempleo o por dejar de pagar monotributo, imposibilidad de acceder a medicamentos por falta de dinero y trabas burocráticas/postergaciones impuestas por los propios hospitales públicos o centros médicos privados.

Baste mencionar un estudio del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, que advierte que el número de fallecidos por enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en Argentina, podría tener entre 6.000 y 10.500 sobre muertes en 2020 porque los individuos dejan de tratarse o se postergan las consultas. Otro dato preocupante es que en estos cuatro meses disminuyó entre 60 y 70% la vacunación obligatoria en niños y bajó alrededor del 70% a 80% la donación de sangre. Por último y a fin de no ahondar en más detalles, también mermaron un 15% los tratamientos de quimioterapia para enfermos oncológicos.

En materia de seguridad preocupa sobremanera que el único delito que creció en estos cuatro meses de confinamiento haya sido la violencia doméstica y femicidios, que ya venía registrando aún antes de la pandemia la espeluznante cifra de una mujer muerta cada 26 horas por esta causa. Por supuesto, los datos que emergen a la luz son los casos extremos y denunciados, quedan ocultos los miles y miles de niños y mujeres que están padeciendo el maltrato y están en riesgo de muerte día a día tras los muros de sus casas.

Vayamos ahora a cuestiones de orden económico. La Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA) realizó un relevamiento que muestra que tan solo en la Ciudad de Buenos Aires ya bajaron las persianas definitivamente 20.000 comercios y al término de esta última fase estricta podrían ascender a 27.000. Desde el día uno de la cuarentena a la actualidad hay 22 ejes comerciales sobre las grandes avenidas de CABA que solo pudieron abrir sus puertas una semana o nunca, y hay rubros a los que jamás se les permitió trabajar (peluquerías, manicurías, profesiones liberales, galerías comerciales, empresas vinculadas al turismo, transporte de larga distancia, etc.). Se estima que el cierre masivo de empresas se traducirá en la pérdida de 300.000 puestos de trabajo.

Los datos del mes de junio son alarmantes, las ventas minoristas en la zona AMBA cayeron un promedio del 49%, con picos del 51% en calzado, e incluso cayeron las ventas en productos esenciales, como alimentos que tuvieron una caída del 19% y en farmacia un 12% (datos de CAME).

Las mediciones arriba expresadas son promedios. Si observamos la caída en las ventas de productos no esenciales en los comercios minoristas de proximidad, por ejemplo ropa y calzado, la baja para éstos es mucho más estrepitosa pues en la Ciudad de Buenos Aires y en amplias zonas del Gran Buenos Aires, mientras los pequeños comercios debieron permanecer cerrados, los hipermercados junto a productos esenciales siguen vendiendo indumentaria, electrónica, blanco, etc.

En el área metropolitana y a pesar del apoyo económico del Gobierno Federal (ATP, créditos subsidiados, IFE, etc.), el desempleo podría superar el 15% y cuando se lo mira con la lupa y por grupos poblacionales se duplicaría en mujeres y jóvenes con primer empleo de 18 a 30 años.

En paralelo se está dando un proceso de descapitalización acelerado de las MiPymes, que en la mayoría de los casos arrastran problemas desde hace varios años y que intentan sobrevivir a la pandemia como pueden apelando a sus escasas reservas/ahorros o lisa y llanamente liquidando stocks. Esto en el mediano plazo se traduce en incapacidad de salir por sí mismas.

Cuando hablamos de debacle económica, sabemos que se debe a la pandemia pero creemos que la crisis puede atenuarse cambiando el diseño de cuarentena que se está llevando adelante en el AMBA, cambios que por supuesto no deberían afectar los exitosos resultados obtenidos en cuanto al control del Covid-19.

Desde el Estado Nacional se han tomado medidas paliativas para frenar el hambre en los segmentos poblacionales de mayor vulnerabilidad y se ha insuflado algunas ayudas a las PYMES que pudieron tener efecto en la primera etapa pero hoy son claramente insuficientes. Es hora de ir a SALVATAJES DIRECTOS.

El Estado Nacional implementó:

– IFE que benefició a 8.8 millones de personas.

– ATP: 310.000 empresas. Y llegó a 2.800.000 trabajadores

– Créditos subsidiados (a los que muchas empresas no han podido acceder y en otros casos no se arriesgan a tomarlos por el temor que les provoca la gran incertidumbre)

– Reducción de algunos impuestos y contribuciones.

El Estado de la Ciudad en los últimos días anunció dos paliativos:

– Condonación de ABL e Ingresos Brutos durante los meses de junio y julio a PyMES que tienen ingresos “0” o disminuyeron sus ventas drásticamente.

– Créditos del Banco Ciudad a tasa subsidiada del 12%, que sirven para quienes mantienen algún nivel de actividad pero no para aquellos emprendimientos que ya están en una situación crítica. Nadie va a tomar un créditos, por más barato que sean, si no tiene asegurada una plataforma de trabajo que les permita hacer frente a esa obligación.

Propuesta:

Hacia una salida controlada por tamices que cuide la Salud, la Economía y la Paz Social

Fuente y diagrama: Periódico «Aquí Villa del Parque» – Unión de Comerciantes de Villa del Parque