A una década de la sanción del matrimonio igualitario, una breve síntesis de este camino de lucha por los derechos civiles.

Hoy, que un hombre se case con otro, es una posibilidad cierta, legal y socialmente aceptada, aunque con un pasado muy reciente.

La primer tanda de bodas LGBT se realizó el 1° de Abril de 2001 en la ciudad de Amsterdam (Holanda). En aquella ceremonia, tres parejas de hombres y una de mujeres quedaron consagrados como esposos, y fue el puntapié inicial para un cambio de estructuras en todo el mundo.

El matrimonio igualitario se incorporó a los derechos civiles de Argentina el 15 de Julio de 2010, y fue el primer país de América latina en permitirlo.

Pero la Ciudad Autónoma de Buenos Aires había sido pionera, ya que el 12 de diciembre del 2002 se aprobó el proyecto de Ley de Unión Civil presentado por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), y así se convirtió en la primera ciudad de América latina en otorgar ese derecho.

Sin embargo, el primer casamiento entre personas del mismo sexo de América latina y el Caribe, ocurrió en la ciudad más austral del mundo, antes de la sanción de la ley nacional. El 28 de Diciembre de 2009, en Ushuaia, se casaron Alex Freyre y José María Di Bello, por autorización de la gobernadora Fabiana Ríos.

Éste último declaró, al celebrar los 10 años de aquel evento, declaró que “la lucha por el Matrimonio Igualitario no fue el puntapié inicial de la lucha por la ampliación de derechos,  pero fue uno de los hitos fundamentales de esta historia para las conquistas que vinieron después”.

En países vecinos, este logro de la comunidad LGBT todavía no pudo concretarse, como en Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela. Algunos de ellos permiten la unión civil entre personas del mismo sexo, pero no el matrimonio.

Claudio Serrentino

Fotos: Diario El Mundo, Fundación Iguales