Roberto Arlt era de Flores, vivió en Monte Castro, y por lo que muestran sus biografías, fue un vecino muy activo y charlatán. Caminaba por el barrio y hablaba con cualquiera, de cualquier cosa.

Esa fue la base de todo lo que vendría después en la vida de Roberto Godofredo Arlt, nacido el 2 de Abril de 1900: el pibe de barrio, curioso, que recorría las calles en busca de alguna aventura y mientras tanto, descubría a los personajes que de adulto describiría tan estupendamente.

Por supuesto, no le gustaba la escuela; yiró por varias, entre ellas la “Justo José de Urquiza”. Un maestro de allí le tuvo la paciencia que los otros no: fue Emilio Valassina, a quien años más tarde recordaría en una de sus “aguafuertes”: “en vez de atender las clases, estabas con un libro sobre la falda. Eran siempre libros de Salgari o de Carolina Invernizzio”, dice Arlt que le reprochó su maestro, en un reencuentro.

Y fue por aquellos años que el pequeño Arlt, según contó él mismo, escribió el primer cuento. Fue a pedido del cliente de la Librería de los hermanos Pellerano (de Flores, obvio). “Si traés un cuento, te lo pago”, le dijo el hombre. Al otro día, Robertito se apareció con el escrito. El señor le pagó cinco pesos.

El adolescente Arlt no se lleva bien con sus padres (en ese aspecto no fue nada original). Pero debe ayudarlos económicamente para “parar la olla”: entonces fue ayudante de bicicletero, carbonero, vidrierista, y el peor de todos: vendedor mayorista de papel. No sólo no pudo vender nada, sino que… ¡usaba los papeles de muestra para escribir!

De noche, son infaltables sus recorridas por las librerías del barrio. La ya nombrada de los Pellerano, “La linterna” (Rivadavia al 6800) y la de Ángel Pariente (Rivadavia 7133). En las tertulias literarias, vendía sus escritos y los de sus colegas; y así, juntaba para cigarrillos.

También concurre a bibliotecas, como la Anarquista, de Terrero al 500, donde tuvo acceso tanto a las aventuras de Rocambole (personaje creado por Ponson du Terrail) como a libros de química y electricidad. Porque otra de las pasiones de Arlt, era la invención.

En aquellos jóvenes años, Roberto Arlt  es un intenso colaborador de las instituciones barriales de Flores. En una ocasión, participa de un acto en el periódico barrial “La Idea”, que dirigía Félix Visillac (mecenas de Alfonsina Storni). Allí, Arlt conoce a Conrado Nalé Roxlo, con quien haría amistad. Mirá qué yunta puede armar la prensa local.

Consigue empleo en una librería del centro. Sus patrones lo alientan a escribir, y le proporcionan material para que lo haga. Pero cuando Arlt empieza a frecuentar más asiduamente el ambiente literario -tenía 16 años- su padre lo echa de su casa.

Lo difícil del momento, lo superó escribiendo, y buscando contactos para poder cobrar por escribir. Habla con Soiza Reilly, vecino de Flores que escribe en “La Nación”, y le acerca un cuento. Reilly logra que se lo publique la “Revista Popular”.

La primera publicación le da fuerzas al vecino Arlt, quien con nuevos bríos, arranca con la creación de la novela “El juguete rabioso” y logra publicar más artículos en revistas. Pero… lo convocan al servicio militar. Le toca en Córdoba. Allá, un día de franco, conoce a Carmen y se enamora.

Pronto se casan y nace su hija Mirta. Pero su esposa estaba enferma de tuberculosis, y Roberto no lo sabía. Deben instalarse en las sierras cordobesas. El escritor no para: también publica en los medios de la Docta. Como la plata no alcanza, debe trabajar de albañil, carpintero… lo que fuese.

En 1924, Arlt se enferma de bronconeumonía y deben volver para Buenos Aires. Compran un terreno en Monte Castro. Mientras termina la construcción de la nueva casa, se instalan en la casa de los padres de él, en Canalejas 2137.

Logra sumarse al diario “Última Hora”, y en los ratos libres, escribe y reescribe “El juguete…” que ya llevaba cinco años de trabajo y que todavía se llamaba “La vida puerca”. Arlt anda con los originales bajo el brazo, y les lee fragmentos a canillitas, vendedores y peatones.

Es Ricardo Güiraldes, a instancias del amigo común Nalé Roxlo, quien le da el espaldarazo que le faltaba a Arlt para desarrollarse como escritor. Lo nombra su “secretario”, y se convierte en una especie de tutor espiritual y literario del nobel autor.

Roberto Arlt termina “El juguete rabioso” y empieza a recorrer las editoriales con magra suerte. De una entrevista con Elías Castelnuevo, se va gritando: “¡para ustedes la novela es mala… Pero para mi esposa y para mí es buena! Muy buena!”.

De Arlt se discutía su estilo para escribir (algunos lo trataban de ignorante), su forma de ser, e incluso, los personajes marginales de sus historias.

Finalmente, en 1926 gana el Concurso Literario de Prosa para escritores inéditos sudamericanos, y se edita en Noviembre de ese mismo año.

Por esa misma época, Roberto Arlt vivía en Monte Castro. Fue el recordado martillero e historiador José Luis Corradini, quien publicó en La Bocina (Nº 181) la primicia de la dirección exacta donde Arlt vivió durante un par de años. Era en la calle Lascano 4375. La casa fue tirada abajo, y hoy se instaló allí una fábrica.

Corradini tenía una fuente muy fidedigna y cotidiana: el hijo del lechero que le vendía a Arlt. Don Alfredo Scaparone (ya fallecido, era propietario de Casa EDEM) contaba que su padre le expendía el vital elemento al escritor, quien charlaba con él, y le confesaba que “con el pago por la colaboración en un diario de gran tirada, apenas me alcanza para un café con leche”.

Muchos años después, apenas despuntado el siglo XXI, el paso de Roberto Arlt por Monte Castro mereció un intento de “paseo” turístico organizado por el Gobierno de la Ciudad hace unos años, e incluso habían colocado una marquesina con algunos datos del autor. Pero como quienes organizaban el paseo la dirección exacta de dónde había vivido, la propuesta se abortó. Con el tiempo, también desapareció la marquesina.

Después, Arlt trasciende con sus “Aguafuertes porteñas” (en las que reflejaba cómo eran estos los habitantes de barrios en aquel tiempo), sus novelas y obras de teatro. Un 26 de Julio de 1942 dejaba este mundo. Tenía 42.

Desde que descubrí su prosa desprolija pero muy atractiva, bien porteña y universal al mismo tiempo, su notable capacidad para describir una situación cotidiana, su desfachatez, simplicidad y complejidad, es mi autor preferido. No encontré a nadie que describa la realidad como él.

Esta nota pretende destacar su pertenencia a estos barrios del oeste, donde vivió y escribió desde pequeño; barrios que siempre están latentes en su obra.

Levanto mi copa a la memoria de Roberto Arlt.

Claudio Serrentino

Foto: Archivo General de la Nación