Hugo del Carril fue uno de los protagonistas de la Buenos Aires del siglo XX. Nació en Flores, hizo de Carlos Gardel y grabó la marcha peronista. Fue locutor, cantante, actor, guionista, director de teatro y de cine. Todo lo hizo con pasión y entrega, confiando en sus creaciones y sin creérsela jamás.

A fines de los ’80, una vieja casona en el barrio de Flores era ocupada por una unidad básica. Sus ocupantes decían con orgullo: «en esta casa nació Hugo del Carril», mientras repartían volantes con la cara del candidato Carlos Menem y la leyenda «Síganme!».

Aquella propiedad quedaba en San Pedrito casi Alberdi. Con el tiempo, fue demolida para construir otro edificio, de los tantos que hay por la zona.

Y pese a que el panorama cambió casi por completo (imagino, a excepción de la esquina con la confitería, cuya fachada parece de hace más de 70 años), es lindo saber que por allí anduvo jugando el niño Piero Bruno Hugo Fontana, tal el nombre con que lo registraron sus padres en el Registro Civil, con fecha de nacimiento 30 de Noviembre de 1912.

Y luego, ya en la adolescencia, tomó clases de canto. El joven Piero tenía un ídolo: Carlos Gardel. Fue la soprano Elvira Colonese quien lo inició en el camino del canto popular.

A los 17, ingresó como estribillista a Radio del Pueblo, y se presentó con distintos nombres artísticos: Pierrot, Hugo Font o Carlos Cáceres.

Pocos años después se quedó con el nombre que lo haría famoso: Hugo del Carril. Se incorporó al elenco de Radio La Nación, y ese fue el trampolín que lo llevaría a grabar discos para la RCA Víctor, y también al cine.

La muerte de Carlos Gardel fue un golpe fuertísimo para el ambiente del tango en particular, y de América en general. Su despedida fue multitudinaria en distintos puntos del continente.

Una de las maneras de homenajearlo, fue convocar al vecino de Flores para que lo interpretara. Su porte, su sonrisa, su simpatía, su presencia, era muy similar a la del Zorzal Criollo. Y para terminar de consagrarse como gran figura del espectáculo, del Carril terminó haciendo de su ídolo, en la película «La vida de Carlos Gardel».

Antes, ya había ocupado un lugar importante en la pantalla grande, con películas como «Tres anclados en París» y «Los muchachos de antes no usaban gomina».

Hugo del Carril se hizo peronista el 17 de Octubre de 1945: fue uno de los miles que se dirigió hacia la Plaza de Mayo, a reclamar la liberación del General Perón. «El único conocido que encontré, el único hombre del ambiente, fue Enrique Santos Discépolo«, le contaba del Carril a la revista «7 Días» en Mayo de 1971.

Su compromiso político fue más allá, y grabó la versión más popular de la marcha más popular de la Argentina: la marcha peronista. Fue Evita quien le sugirió que la grabara. «Hace poco me llegó la letra y música de una marcha que quedaría muy linda en su voz», dicen los historiadores que Evita le dijo a Hugo.

Y Hugo la grabó el 8 de Octubre de 1949 en los estudios de la RCA Víctor. Esa grabación se difundió profusamente desde los parlantes ubicados en el balcón de la Casa Rosada, el 17 de Octubre de 1949, día de la lealtad peronista.

Ambos se conocían; habían trabajado juntos en el cine, cuando Evita todavía era la actriz Eva Duarte, en la película «La cabalgata del circo», estrenada en 1945. En una escena, Hugo la besa. ¡La besa a Evita! Todo un símbolo de los tiempos que se vendrían..

Durante el primer gobierno peronista se lanzó el Hugo director de cine: «Historias del 900», «Surcos de sangre», «El negro que tenía el alma blanca» y «Las aguas bajan turbias», un clásico del cine argentino, que denuncia la explotación de los obreros que trabajan en los yerbatales.

En 1955, un golpe de estado derroca al gobierno de Juan Perón, y con ello, llegan las persecuciones a los artistas identificados con el peronismo. Las películas de del Carril fueron prohibidas, y el director fue encarcelado. Según su hijo, a causa de los malos tratos recibidos en la cárcel, no se murió de milagro.

Lo liberan después de 41 días. Decide salir a cantar por los parques de diversiones, para lo cual invita a otra figura identificada con el peronismo: Tita Merello. Allí nacería una conjunción que los llevaría a hacer la película «Amorina», todavía en blanco y negro, y estrenada en 1961.

En 1969 se entera que productores italianos, ingleses y españoles planean una película sobre Evita. Se entrevista con Perón en Puerta de Hierro, y consigue el apoyo del general para contar la vida del ícono argentino. Pero aquello quedó en proyecto.

Su último aporte al cine fue «Yo maté a Facundo», en 1975, con Federico Luppi de protagonista, cuando el tercer gobierno peronista se iba descomponiendo. Su última actuación en la pantalla grande fue interpretando al padre del cantante del momento, Donald, en la película «Siempre fuimos compañeros» (1973).

En 1976, la nueva dictadura volvió a prohibirlo. Hugo ya estaba grande. Empezó a tener problemas con la vista, y además, con el bolsillo.

En 1985 recibió el Premio Konex – Diploma al Mérito; y en 1986, fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Dos años después sufrió un infarto, del que pudo recuperarse. Y participó en un homenaje a su trayectoria, en el Luna Park.

«Todo lo que hice fue con buena intención. Si las cosas me salieron bien o mal, no lo sé. Pero si sé que siempre me entregué con alma y vida a lo que quería», dijo entonces, por si hubiera quedado alguna duda.

El vecino de Flores murió el 13 de Agosto de 1989. Su velatorio se realizó la sede del entonces Concejo Deliberante de Buenos Aires.

Cruzó el siglo XX compartiendo cartel con gente que dejó huellas en la historia, como Gardel, Evita, Perón. Dejó hermosos tangos y películas, su sonrisa gigante, su sensibilidad social, su tosudez para seguir adelante pese a todo y a todos.

Muchos años después, otro gran artista y vecino, Antonio Pujía, realizó una escultura para homenajearlo, que fue ubicada en la estación «San Pedrito», a 200 metros de donde vivió Hugo del Carril.

Claudio Serrentino

Foto: conlosojosabiertos.com