«¿Y si nos juntamos para hacer una revista?» Cuántas veces, un grupo de amigos se lo habrá propuesto. En la mayoría de las ocasiones, la idea muere en el intento. No fue el caso de revista “Mi Barrio”, nacida -por esas cosas de la vida- casi al mismo tiempo que La Bocina. 

En la década del ’80, el joven Luis Alberto Serres, vecino de Versalles, trabaja recorriendo distintas zonas de Buenos Aires. Se dedica a vender publicidad para diversos programas deportivos y de tango, conducidos por Jorge Bullrich, Carlos Parnizari y Norberto Malbrán, que se emitían por Radio El Mundo y Radio América.

En sus recorridas, Serres siempre se cruzaba con diarios y revistas locales. Y pensó en encarar un emprendimiento similar en su barrio. Lo charló con José Valenzisi, amigo y vecino de Versalles que tenía una inmobiliaria en Nazarre y Gallardo.

Un día de Julio de 1986, Valenzisi le planteó hacer una revista barrial: «yo escribo, vos vendés», le propuso, y Luis Alberto aceptó. El proyecto fue tomando forma, y el primer número salió en Septiembre. «No me olvido más, me crucé en la calle con la imprentera que también era del barrio, y llevaba la tapa del Nº 1, y le dije: ¡esa revista es mía! Sentí mucha emoción», cuenta Luis.

Para decidir el nombre, «Nuestra Revista – Mi Barrio», Serres delegó la responsabilidad en su socio: «hágalo usted», le dijo, porque era un hombre mayor que él y en aquel tiempo, no se tuteaba a los mayores.

Aquella primera edición era formato medio oficio, y las tapas eran de cartulina, impresas a dos colores. Salió en Septiembre de 1986. Desde el primer número salió con 20 páginas y 2.000 ejemplares de tirada. Una de las notas hablaba sobre el abuelo de un rugbier que fue Puma; aquel hombre vivía en Ciudadela, y era un luchador barrial, que había conseguido que se coloque el puente peatonal sobre la Avenida General Paz. Los avisos en aquel primer número, ya sumaban más de 30.

Al tercer número, Valenzisi se bajó del proyecto «porque no dan los números». Otro amigo, Rubén Batista, intentaba vender publicidad. Pero en los hechos, Serres debió hacerse cargo de todo, y en Marzo del ’88 Batista también se bajó.

«Los primeros números escribía muy básicamente, o mejor dicho: escribía como hablaba. Como no estudié la carrera de periodismo, me costó aprender a redactar», cuenta Luis Alberto.

«Aprendí a escribir mejor leyendo, escuchando las críticas, siempre tratando de mejorar». En aquel entonces, el director de “Mi Barrio” no tenía PC, escribía las notas a mano, y cuando tenía dudas recurría a las enciclopedias, para saber si estaba bien lo que había escrito. La computadora recién llegó 12 años después.

En 1989, Serres pensó seriamente en dedicarse a otra cosa, porque comercialmente «Mi Barrio» no funcionaba. «Para mí, la revista tiene vida propia, porque cuando pensé dedicarme a otro rubro, empezaron a entrar más avisos», afirma el Director.

En Marzo del ’92 fue el “boom”, la revista llegó a tener 52 páginas. Pero duró poco: «tuve un enemigo íntimo que me boicoteó, estuve muy mal, empecé a fabricar sandwiches de miga para poder sostenerme; publicaba un aviso en la revista, y ese aviso me consiguió más de 100 clientes que me compraban sandwiches los fines de semana».

En 1994, un asesor del entonces Concejal Eduardo Jozami se contacta con revista «Mi Barrio», y allí nació el proyecto que después se plasmó en la Ordenanza 52.360.

Serres dice que su alegría mayor es que la revista haya crecido no sólo en cantidad de páginas y calidad de impresión, sino que “Mi Barrio” se haya multiplicado en otros medios, como el portal de noticias www.revistamibarrio.com.ar, y su participación en varios programas de radio.

También está orgulloso que los vecinos lo hayan elegido como «Vecino Participativo» en dos ocasiones.

Él no lo cuenta, pero sus notas tuvieron y tienen mucho eco entre las autoridades de la Ciudad. Una vez un funcionario le dijo a otro, blandiendo un ejemplar de “Mi Barrio”: “ojo con éste, que es peligroso”. Ser peligroso para ellos, es beneficioso para los vecinos: logró que se colocaran semáforos poco después de publicar las notas que lo exigían.

Y el primer paso concreto para construir el nuevo edificio de la escuela “Prefectura Naval Argentina” lo dió Serres, cuando denunció el obrador privado instalado en el playón de la plaza “Villa Real”, en una reunión con vecinos ante el entonces Jefe de Gabinete Rodríguez Larreta. A partir de allí, el gobierno porteño debió poner fecha de desalojo, y comprometerse a construir la escuela. Anécdotas como éstas, hay un montón.

Sólo puedo agregar que estoy orgulloso de la colega «Mi Barrio» y de ser amigo de su Director, con quien hemos compartido penas, alegrías y muchas luchas para defender al Periodismo Barrial en estos años de amistad.

Serres es un tipo muy particular: cuando no lo conocés, parece un ogro; pero al rato, te das cuenta que en realidad es como Shrek, un poco ogro, pero más bueno que el pan.

Claudio Serrentino

Imagen: Archivo revista «Mi Barrio»