La partida de Mona Moncalvillo, una reflexión sobre el periodismo independiente y un fragmento de un auto reportaje de la revista «Humor».

Mona Moncalvillo siempre estuvo dando clases de periodismo independiente, pese a tener una preferencia partidaria definida. Su estilo era simple pero profundo, dulce y aguerrido.

Si lo más difícil de hacer reportajes es saber preguntar, Mona nunca lo sufrió. Se movía como pez en el agua.

Entrevistó a los más grandes, de aquí y del mundo, desde su columna en la revista «Humor»; contaba la realidad pero sin atosigar al lector, siempre dejaba un lugarcito para la esperanza, el «mañana es mejor» que cantaba Spinetta.

Ella, y todo el equipo de la revista «Humor» ofrecieron una hermosa y valiente lección de periodismo: se podía criticar la realidad y hacer reír, se podía pensar, se podía decir… Mientras los militares hacían bestialidades, Cascioli los caricaturizaba desde la tapa ¡Se podía!

Aquella experiencia editorial fue tan intensa, original, de gran calidad, independiente y ejemplar… que ha sufrido una obsesiva persecución judicial, como lo refleja la excelente nota de Franco Ciancaglini para el periódico La Vaca: «Cómo borrar un éxito».

En 1988, cuando la revista celebraba su primera década, Mona realizó un auto reportaje a los responsables de «Humor», Andrés Cascioli y Tomás Sanz. Vaya el encabezado de aquella nota como homenaje a ella, y a todos los integrantes de la mejor revista de los últimos 50 años:

Aunque la política del «autobombo» nunca fue nuestra trinchera preferida, cumplimos diez años y la ocasión nos permite hablar un poco de nosotros y recordar una historia, que no es sólo la nuestra; es la de miles de lectores que nos ayudaron a contar lo que pasaba y que también
arriesgaban acercando información, o comprando un ejemplar.
Llegué a la vieja redacción de la calle Piedras, por el invierno del ’79, con demasiados fríos encima; militares y civiles cómplices seguían incrustándonos heridas y cerrando puertas, y para mí era impensado que un nuevo trabajo fuera bálsamo para aliviar nada. Por suerte, me equivoqué.
¡Cuántas cosas pude preservar con mi grabador y mi máquina de escribir! ¡Cuántos pensamientos cobraron vida a través de los cientos de entrevistados!.
Cuánto mimé y defendí esas ideas, aun las que no compartía, pero que provenían de quienes no eran cómplices de la dictadura, generaban esperanza y abrían un camino hacia la recuperación de todas las libertades.
Tengo la seguridad de que ese trabajo meticuloso y prolijo ha dignificado un género tan vapuleado como el del reportaje; y la certeza de que ayudé a mucha gente, pero que también me ayudaron a vencer miedos y autocensuras, y que fueron mi válvula de escape para estar entera y sana.
Este cortito relato es parecido al de tantos compañeros — algunos ya no están— redactores, dibujantes, fotógrafos, gráficos y administrativos. Juntos, fuimos creciendo para afuera y para adentro, nos reconocimos en esa «islita», a la que no le faltaron las tormentas y huracanes. Pero estábamos tan contentos que hasta nos olvidábamos de pedir aumentos…
Pero el festejo no sería completo si en este número especial no incluimos respuestas de Andrés Cascioli, el director de «Humor», y de Tomás Sanz el jefe de redacción, dos del grupo de seis que la parieron, y responsables principales de su irreverente contenido.
En esta extraña pareja, trabajan juntos desde hace 26 años, el «tano» Cascioli puso toda su vehemencia, apasionamiento y trabajo para diagramar, dibujar y pintar las tapas, convencer a sus ex socios de seguir y, además, incorporar la gente y enfrentar los juicios. Tomas tuvo la serenidad y el equilibrio necesario como para escribir editoriales, notas, dibujar costumbrismo, leer todo el material, graduarlo y »peinarlo» para evadir a los censores. Y le quedaba tiempo para ocuparse de la sección «Pelota» .
Cascioli, 51 años, dos hijos, oriundo de Sarandí, ya venía con una historia importante en proyectos editoriales: Del ’60 al ’63 dirigió tres publicaciones «de aventuras»: «Casco de Acero», «Maverick»y «Tucson». Después, por años, quedó atrapado por la publicidad, hasta que por el ’72 volvió al viejo amor de las revistas con «Satiricón»; dos años después con «Chaupinela», antecedente de «Humor» .por el’76, «Perdán’*y «Rock Superstar’, y en junio del ’78 ¡»Humor»!, la que permitió consolidar una editorial y dar vida a buenos proyectos como «Humi», «El Péndulo», «Superhumor», «Sexhumor», «Fierro», «El Periodista» y «Caín».
Sanz, 51 años, tres hijos, nativo de Quiroga (Provincia de míenos Aires), no tiene una historia profesional muy diferente. También anduvo por la publicidad y formó parte del equipo de «Satiricón» y «Chaupinela». Antes de La aparición de «Humor» derrochaba su ingenio, para subsistir, en una revista para muebleros.
Los detalles y los cómo están perfilados en esta larga charla. Los recuerdos sirven para ver que nuestro paso no ha sido tan efímero; basta hojear viejos ejemplares y releer, por ejemplo, los reportajes, para ver cuánta vigencia tienen todavía.
Nos quedan más grabados los cinco años de dictadura que los cinco en democracia. Puede que ustedes, lectores, hubiesen querido más humor en las respuestas. Pero vea, Mark Twain, que de esto algo sabía, sentenció: «El secreto de la risa no es la alegría, sino la tristeza». Pero no importa, haga de cuenta que esta leyendo una revista de humor.
Fuente y foto: archivo revista «Humor», periódico La Vaca, Rafaela.com