Rodríguez Larreta aprovecha la quita de fondos para socavar al gobierno nacional. La coparticipación siempre fue discrecional, pero los que se joden son los porteños. ¿Para cuando la madurez política?

La coparticipación federal es un mecanismo por el cual la nación y las provincias se reparten los fondos que generan diversos impuestos. Creada en 1988, debió definirse el nuevo régimen «antes de 1997» según lo ordena la reforma constitucional de 1994.

Pero eso nunca ocurrió, con lo cual el reparto de esa masa de dinero siempre fue discrecional: es decir, más a los amigos, y menos a los demás.

La Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego no forman parte de la discusión, ya que los fondos que se giran a esos distritos salen de lo que le toca a Nación. Es decir que sobre éstas, decide el presidente de turno.

Fue así que en 2016, Macri decidió aumentar el porcentaje destinado a la Ciudad, quien mediante un decreto subió de 1,40% a 3,75% los fondos coparticipables.

Ahora, Alberto retrotrae esa medida a los niveles de 2015, lo cual perjudica a Buenos Aires, pero no lo lastima gravemente.

Rodríguez Larreta dice que «pretenden hacernos arrodillar al límite del sometimiento», pero la Ciudad que administra maneja el tercer presupuesto más importante del país, a saber:

Nación: 314 billones

Provincia de Buenos Aires: 1.9 billones (17.000.000 de habitantes)

Ciudad de Buenos Aires: 612 mil millones (2.900.000 habitantes)

Santa Fe: 519 mil millones (3.400.000 habitantes)

Córdoba: 352 mil millones (3.500.000 habitantes)

Ciertamente, que le saquen alrededor del 8% de lo establecido para 2021 va a lastimar a los porteños: Larreta ya anunció la suspensión de obras, como el traslado de la cárcel de Devoto, financiado por la Ciudad.

Para quienes cotidianamente trabajamos con las noticias de Buenos Aires, provoca una mueca resignada escuchar al jefe de gobierno hablar de tantas obras que se podrían haber hecho con el dinero que le saca el presidente.

Decir que «con esa plata se podrían haber construído 217 escuelas primarias», es una fantasía… ¡si todavía no se pudo terminar una sola! (escuela Jorge Donn, Lope de Vega y Murature, años reclamando, la obra sigue parada).

Las escuelas públicas que se sumaron en los últimos tiempos, fue por presión de los vecinos y las comunidades educativas.

Ni hablar de las «13.000 viviendas nuevas» que se podrían construir, según el jefe de gobierno: el Pro construyó un promedio de 641 viviendas por año (fuente: Chequeado). Es decir: hubieran tardado 20 años en hacer esas 13.000 que ahora lamenta Horacio…

Larreta aprovecha el momento político para ubicarse como un contendiente que tenía buena fe: tendió la mano, y le arrebataron el monedero. 

Señala a Alberto y al peronismo como los responsables del ajuste en la Ciudad. Y algo de razón tiene Horacio: no se puede andar manoteando plata a los otros, justo cuando se estaba proyectando el presupuesto 2021. No es serio, es mucha plata. Improvisación total. 

 Larreta se muestra como alguien que concurrió a una cita, y fue engañado: “Esto tiene intencionalidad política y afecta a todos los argentinos, dado que son actitudes que profundizan la grieta. Yo estoy convencido de que la Argentina necesita el diálogo y el consenso para salir adelante”.

Habla de intencionalidad política, como si sólo los otros lo hicieran: porque priorizar los canteros a la salud, es una decisión política. Colocar ciclovías y dejar a los chicos de los barrios más necesitados sin viandas, también

Menciona «política» como si fuera una mala palabra, algo sucio. Parece ignorar que sólo con política, con el intercambio de ideas, se desarrolla la democracia.

Y sobre el diálogo… es otra deuda de las administraciones Macri-Larreta, que se llenaron la boca pregonando el «consenso» que nunca ejercieron en la realidad.

Lamentablemente, estos vicios no sólo son del sector partidario que gobierna la Ciudad: es una constante que abarca a todos los que gobernaron, desde que la democracia volvió a instaurarse como sistema, en 1983.

La justa distribución de los recursos, la prioridad de las necesidades básicas de la población, la eficacia del sector público, son temas que necesitan resoluciones a largo plazo, para generar previsibilidad y proyectos duraderos.

El chamuyo para los micrófonos, la improvisación, no dan para más.

¿Alguna vez, los dirigentes partidarios se pondrán los pantalones largos, o seguirán jugando a la bolita, perdón, a la política?

Claudio Serrentino

Foto: Presidencia de la Nación