En “la cumbre para la Tierra”, conferencia convocada por la OMS (Organización Mundial de la Salud) que reunió en 1992 a representantes de 179 países con el fin de reconciliar las actividades socio-económicas humanas con el medio ambiente, surgió la propuesta de visibilizar, concientizar y generar estrategias acerca de la importancia del cuidado del agua dulce, y del acceso global a este “oro líquido”.

Teniendo en cuenta que el planeta Tierra, cuenta con un 71% de superficie cubierta por agua, pero sólo el 2% es potable -y menos del 1% se encuentra disponible para el consumo humano-, se trata de un recurso que, entre todos, debemos de cuidar y fomentar su cuidado para que nuestro planeta siga siendo habitable. El agua potable es indispensable para la vida.

En este sentido, la enfermería cumple un rol fundamental en el trabajo junto a las familias y la comunidad, promoviendo el cuidado del agua y del medio ambiente, algo que está estrechamente ligado a la salud de todos y de cada uno de nosotros.

La enfermería, además, brinda a la comunidad las estrategias para que las generaciones futuras cuenten con agua limpia, “oro líquido de la humanidad”, y eso permita alcanzar el 6° Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), impulsado por Naciones Unidas como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: “Agua limpia y saneamiento para todos”.

La dificultad de acceso en el mundo y en nuestro país

Según la OMS, aproximadamente 1,5 millones de niños menores de cinco años mueren cada año como resultado de enfermedades relacionadas con la falta de acceso al agua y al saneamiento.

Según estimaciones del INDEC, en Argentina hay 7 millones de personas que no tienen acceso al agua potable. En nuestro país, son los menores de edad los que más sufren el déficit de agua potable. El 39,9% de quienes no tienen garantizado el derecho a agua son niños y niñas de 5 a 11 años, el 72,5% corresponde a los niveles socioeconómicos Muy Bajo y Bajo. Pero, también, alcanza al 68,5% que reside en barrios con trazado urbano formal, lo que da cuenta de un fenómeno que se extiende en todo el territorio.

El déficit de acceso al agua de red afecta al 14% de los hogares de la Argentina urbana, y al 18% de los niñas, niños y adolescentes (NNyA). Dichos niveles, casi se duplican cuando se trata de hogares y NNyA del conurbano bonaerense (27% y 32%, respectivamente).

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) y la Defensoría de la Provincia de Buenos Aires, 1 de cada 3 niños del conurbano bonaerense sufre problemas para acceder al agua potable.

La imposibilidad de la vida sin agua

Nos resulta imposible pensar nuestras vidas sin agua. Todos tenemos derecho al acceso de agua segura, y todos tenemos la responsabilidad de cuidarla como tesoro liquido de la humanidad.

El agua es quien une nuestras costas, sierras, selvas y montañas, mediante el ciclo natural hidrológico. Es indispensable para la vida animal, para el riego de cultivos, para la producción de alimentos, calzados, vestimentas, como así también fuente de energía.

Utilizamos el agua en nuestras acciones cotidianas, hogares, escuelas, empresas, centros de salud, hospitales, ya sea tanto en zonas urbanas como rurales. Sumando nuestras acciones cotidianas proteccionistas del medio ambiente, a las medidas gubernamentales, se lograrán grandes cambios protegiendo el agua segura, para nuestras futuras generaciones.

¿Cómo podemos aportar?

No desperdiciando agua, tomando duchas cortas, cepillándonos los dientes con la canilla cerrada, disminuyendo la descarga del retrete (colocando botella plástica con agua no segura en la mochila o carga del retrete), enjabonando los elementos de cocina todos a la vez y luego enjuagando, entre otras cosas. Son pequeñas acciones cotidianas, que cada uno de nosotros puede realizar, y que tienen un impacto positivo en el medio ambiente.

Si paseamos por nuestros mares, ríos o lagos, debemos cuidarlos. No arrojemos basura como botellas plásticas, latas de refrescos, colillas de cigarrillos, pañales, etc. Estos residuos tardan miles de años en degradarse, contaminando nuestro suelo y agua. Si cada uno de nosotros tira sus desechos en cestos de residuos, separados, para poder reutilizarlos según corresponda, estaremos disminuyendo la contaminación de las aguas.

Paula Sevares

Profesora de la carrera de Licenciatura en Enfermería de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.