Los gobernantes siguen con su compulsión por liquidar tierras públicas, pese a la necesidad de vivienda de los porteños (una de cada tres familias en Buenos Aires, alquila). Ahora le llegó el turno al Parque de la Ciudad.

En 2010, explotó una bomba en el Parque Indoamericano: una bomba armada por la política inescrupulosa, que intentó lucrar con los que tienen más carencias. En aquellos dramáticos momentos, la represión intentó acallar con balas, el elemental reclamo de la casita propia.

La crisis se inició cuando los punteros políticos empezaron a disputarse un gigantesco terreno baldío que apenas tenía un sector parquizado, conocido como Parque Indoamericano, ubicado en la zona más necesitada -y más abandonada- de Buenos Aires.

Fueron días difíciles, dolorosos, interminables: los funcionarios de la Ciudad le echaban la culpa a la Nación, y viceversa, mientras los pobres se enfrentaban con otros pobres, que lo único que tenían, era la necesidad de un techo.

Aquello debió haber dejado, al menos, algunos aprendizajes en la dirigencia política:

  • Con las necesidades básicas -la vivienda es una de ellas- no se debe especular políticamente.
  • A partir del conflicto, encarar una planificación a largo plazo para paliar la crisis habitacional.

Lamentablemente, no ocurrió ninguna de las dos. Es más: la palabra «planificación» parece haber sido borrada de los diccionarios de los dirigentes, que desde hace décadas hacen un culto a la improvisación, aun en temas tan sensibles como la vivienda.

Es que los políticos sólo miran un número: el de las encuestas. Lo demás pareciera no afectarlos lo suficiente, como para preocuparse primero, y ocuparse después.

Desde hace décadas, está claro que a la mayoría de los dirigentes políticos, los números de la inflación no le hacen mella; las cifras de las personas sin empleo, le son indiferentes. La cantidad de familias que deben alquilar para poder dormir bajo techo tampoco los ocupa, y eso que suman alrededor de ocho millones de personas (!!).

Los planes de vivienda encarados a raíz de aquel conflicto desde Nación (Pro.cre.ar) y Ciudad, fueron insuficientes, pese a lo prometido en aquella ocasión.

Estas cifras deberían obligar a los gobernantes a tomar medidas urgentes, que además, impulsarían la construcción.

Pero no. En la Ciudad, el gobierno de Macri primero, y el de Larreta luego, avanzan sin pausa con el remate de tierras públicas. Los compradores se dedican a construir viviendas para «inversión», que luego de compradas quedan vacías, y en muchos casos, ni siquiera alquiladas (como en el barrio de Puerto Madero, donde 2 de cada 3 viviendas están deshabitadas).

Se sabe que en la Ciudad no abunda el espacio, y que esas tierras podrían brindar doble beneficio para todos los porteños: sumar espacios verdes, y ayudar a resolver el problema habitacional.

Sin embargo, la compulsión por vender tierras públicas coloca apunta sólo a facilitar el beneficio económico a un puñado de brokers inmobiliarios.

El Martes 20 de Julio, el Banco Ciudad realizará la subasta de tierras del Parque de la Ciudad, dando otra penosa señal: lo único que saben planificar las autoridades, es liquidar lo que ES DE TODOS.

Once años después de la tragedia del Parque Indoamericano, las autoridades -en este caso, de la Ciudad- demuestran su desprecio por las necesidades básicas de la población.

¿No aprendieron, o no quieren aprender…?

Claudio Serrentino

Foto: Observatorio del Derecho a la Ciudad