LA POLACA. Explotación sexual durante la «belle epoque» porteña

Myrtha Schalom es contadora pública, pero se hizo conocida por escribir, actuar y dirigir. Una de sus obras emblemáticas es “La Polaca” (se reeditó este mes), libro que cuenta la historia de Raquel Liberman, una mujer explotada sexualmente que denunció a sus proxenetas. La dramática historia de Raquel trascendió, hasta llegar a la TV: el personaje La Polaca de la telenovela “Argentina, tierra de amor y venganza” está basado su historia. La estación Callao del subte “B”, lleva su nombre.

Conocí a Myrtha de casualidad, en aquella muestra literaria que organizó “Frontera Oeste” en el Triglav, cuyo cierre fue una charla sobre feminismo. En aquella oportunidad, Myrtha desplegó sus conocimientos sobre los derechos de las mujeres, y encendió las luces de alerta sobre la expansión de la explotación sexual: “vienen por la infancia y la adolescencia”.

Esta historia dolorosa, trágica, inhumana, transcurrió en tiempos de la “belle epoque”, cuando Buenos Aires se vestía de gala, y la alta sociedad porteña derrochaba glamour. Lo más triste es que con el paso del tiempo cambió la ciudad, pero lejos de eliminarse estas prácticas, el proxenetismo sigue impune. De eso también habla la entrevistada. Myrtha cuenta cómo pasó de los números, a las letras. Y a La Polaca.

La literatura para mí es una herramienta, no busco los temas, es una herramienta educativa para desnaturalizar temas que personalmente a mí me duelen. La literatura es la palabra en acción. Nos comunica, nos expresa, nos educa, y también nos sana. Es memoria y creatividad, y yo soy eso, o intento serlo. “La Polaca” surge de una investigación. Se les decía Polacas -con P mayúscula- a las mujeres judías traídas a Buenos Aires para ser prostituidas. No necesariamente eran de Polonia, podían ser húngaras, rusas, rumanas.
El libro habla de la primera mujer que en 1930, se animó a enfrentarse a una corte de hombres en los tribunales, para denunciar a una organización de proxenetas que tenía más de 400 socios en Argentina. Esa organización, al principio se llamó “Varsovia” y después -al momento de la denuncia- ya era “Zwi Migdal”. Ese cambio de nombre surgió, porque la comunidad judía los marcaba, exigía que el gobierno los eche del país. Pero no. Todos ganaban, la que pierde es la mujer prostituida. Pero todo el manejo del proxenetismo, como hay tanta connivencia también, los gobiernos a veces están tentados de mirar para otro lado.
Un libro de cabecera mío fue “Trilogía de la trata de blancas: rufianes, policías, municipalidad”, de Julio Alsogaray (tío abuelo del Álvaro). Este Julio no quiso ser militar, como era la mayoría de los Alsogaray, sino que entró a la policía. Él va a ser el comisario que le toma la denuncia a Raquel Líberman, que después va a devenir en la acusación ante la justicia de Raquel Líberman. Ese libro es muy interesante, porque ahí te revela -inclusive con nombres y apellidos- la connivencia de la policía, de la Municipalidad, con los proxenetas. Cuando Raquel Líberman llega al país, es ingresada por esta organización de rufianes judíos. En 1875, gobierno de Avellaneda, se sancionaron normas que legalizaban los prostíbulos. Había una reglamentación de cómo tenían que ser. Se basaban en la gran cantidad de hombres solos que llegaron de Europa por la ley de migración y colonización, que se promulgó en 1876. Ahí fueron “previsores”, ya que la reglamentación de los prostíbulos se hizo un año antes que la ley de migración. Esa reglamentación definía cómo tenían que ser los prostíbulos, las tasas de tolerancia, de qué manera se tenían que armar, cuántas piezas podían tener, no podían estar cerca de iglesias, de escuelas. Era la gran hipocresía de la sociedad: que estén, pero que no se note. En aquella época se decía que eran “un mal necesario”.
Por eso hay que pensar en qué época se va a plantar Raquel. Ella llegó en 1922, y en 1930 hace la denuncia, pero en 1924 ella ya está siendo prostituida, y no podía hacer nada, limitada por el desconocimiento del idioma y la falta de documentos .

¿Cómo era el modus operandi de los proxenetas?

Se llamaba “remonta de mujeres”, como si fueran animales. Las traían subordinadas a la voluntad de los proxenetas. Algunas llegaban porque ya se habían prostituido en sus lugares de origen. Pensemos que a finales del siglo 19 y principios del 20, Europa se empobreció para aquellos que no tenían oficios especializados, porque a raíz de la Revolución Industrial quedaron muchos sin trabajo, y las mujeres menos, porque en general se educaba al hijo varón, no a la hija mujer, y con escasa educación acá llegaban con otro idioma, salvo las españolas. Raquel también tenía escasez de idioma, y sin embargo, se atrevió a plantarse ante la justicia argentina, a denunciar a una organización de más de 400 socios. El juez de primera instancia, Ocampo, le toma la denuncia y le cree, y va a servir de mucho, porque ella no solamente va a denunciar a José Salomón Korn que era un socio de la “Zwi Migdal”.
El 27 de Septiembre de 1930, el juez declara la prisión, el procesamiento y prisión preventiva de 108 proxenetas de la “Zwi Migdal”, y ordena ir a buscar a 334 prófugos. Están prófugos porque les habían avisado antes, nadie arma la valija para rajarse en tan poco tiempo.
Los abogados de los proxenetas hacen demorar el juicio pidiendo una segunda instancia, logran remover al juez Ocampo. Llegan a la feria judicial, que era lo que ellos querían. En la feria judicial, están los jueces de feria. Los tres jueces de la cámara de apelaciones van a decir que no había suficiente prueba de asociación ilícita y que tampoco hubo más víctimas que denunciaran, así que salen absueltos. Los diarios de la época reaccionaban contra los proxenetas y denunciaban: “ya sabemos que las mujeres les están llevando ropa y comida buena a los proxenetas porque enseguida van a salir”. Julio Alsogaray se va de la fuerza policial, y escribe “Trilogía de la trata de blancas”. Lo presenta en 1933, con un listado de los proxenetas.
Raquel se borró del registro de prostitutas, porque eran anotadas compulsivamente en el registro municipal de prostitutas, estaban como prontuariadas, por eso las llamaban pupilas. Eran pupilas porque no tenían otra vivienda que no sea el prostíbulo, porque tenían que pagar lo que comían, la ropa que les obligaban a ponerse para los servicios
Las mujeres no podían salir del prostíbulo. Eran pocas las que trataban de salir, porque les retenían el pasaporte. Dinero en sí era muy poco lo que podían ahorrar, porque no es que le daban el equivalente a los “clientes” que atendía (ahora se trata de decir prostituyente). En aquel entonces, se decía “trata de blancas” porque también había “trata de negros”. Entonces era lo mismo, era esclavitud. Había libros de registro municipal de prostitutas: cada hoja era una mujer con sus fotos, datos personales, características físicas: qué edad tenía, de dónde habían venido. En “observaciones”, en algunas estaba escrito con tinta roja indeseable. Indeseable porque ya estaba contagiada de sifilis, gonorrea, te das cuenta los eufemismos que usaban…
Se morían temprano, por los malos tratos, porque ellas para poder aguantar, tomaban droga, alcohol. Es decir, están en un ambiente totalmente cerrado. Salían era una vez por semana y eso también habla de otra esclavitud, porque eran llevadas a los dispensarios de salud y les revisaban todo lo que tiene que ver con la vagina. Porque el tema era que estén sanas. Un dato de color: en Rosario había todo un barrio, el barrio de Pichincha, era el barrio prostibulario de Rosario. Adentro, las mujeres no recibían dinero. Eran latas, latas con forma de monedas, según la calidad de las latas, era la categoría del prostíbulo. La lata era el comprobante por cada servicio que pedía el varón, él le pagaba a la madama, porque no había varones que atendieran. La reglamentación obligaba a que fuera una mujer, pero detrás de todo esto estaba el varón porque estaban a nombre de la mujer, pero ellas no eran las dueñas, eran los proxenetas.
Hay un tango prostibulario de 1886, que es Juan Pérez, que yo no sé si es un hombre. Se dice que es uno de los primeros tangos prostibularios, que se llama “Dame la lata”. El canflinflero era cuando el hombre explotaba una sola mujer. Éste le exige, la insulta a la mujer prostituida, porque dice: los lunes tienen las latas y el martes anda fulero y entonces le exige a ella: ¿qué te pensás? inclusive le dice bagallo, bagallo en lunfardo es un paquete mal hecho, un bulto, otro insulto para la mujer, ¿qué te pensás bagallo, que yo soy filo? (filo es un galanteador), yo soy tu patrón.
Este canfinflero la acusa de haber escondido latas, todo eso era lo prostibulario de los márgenes de la ciudad. Existían sifilicomios en Buenos Aires. Cuando empecé a estudiar estas cosas, la primera vez dije ¿qué…? Después analicé y viene de la palabra sífilis. Eran hospitales, había un hospital de varones y otro de mujeres. El de mujeres estaba donde está el hospital Fernández, en el barrio de Palermo, en la calle Cerviño. Entonces, ahí terminaba la ciudad y empezaba el campo.
Desde 1936 que se prohibieron los prostíbulos, pero igual nadie respeta las leyes ni nada. La ley (Alfredo) Palacios de 1913, indica que no es un delito de la mujer: él empieza a saber de estos proxenetas, entonces habla de esas mujeres rusas. Y dice que no tienen que perseguir a la mujer, hay que perseguir primero a los que las prostituyen.
Sonia Sánchez, una sobreviviente de trata, dice: ninguna mujer nace puta. Entonces veamos de prevenir la prostitución antes de que las mujeres lleguen a la prostitución por pobreza, por falta de una familia que las contenga, que las eduque.

¿Existen multinacionales de la prostitución?

Exactamente. En nuestro país se declaró delito federal. En nuestro país funciona la Procuraduría contra la trata de personas, son fiscales federales. Se lucha para que se haga justicia porque hay connivencias, demoran a veces las comisarías, distraen. Por eso es conveniente ir a una fiscalía. Si hay una desaparición de una adolescente, no tienen por qué decirles que hay que esperar 48 horas porque va a volver, porque se peleó con el novio. No, una muchacha que es captada, en 48 horas puede estar en España, está en Italia. No hay que asustarse, hay que hablar. Hay que desnaturalizar algo que la sociedad sigue mirando para otro lado. Hoy, donde hay un boliche con lucecitas, tenemos que ver que muchas de las que están ahí también son inmigrantes, que se repite la historia. Ahora son inmigrantes latinoamericanas que llegan o están de paso con los mismos proxenetas, porque es más fácil salir por acá. Se ha convertido a estos países, en una gran salida de mujeres para la prostitución en Europa. “La Polaca” fue publicado en italiano el año pasado, y es terrible: en Italia, la editorial está en Fongia, una ciudad en el sur cerca de Nápoles. Ahí hay grupos que se dedican a enseñarles italiano a las chicas latinoamericanas que llegan, para darles un poco de sostén, y que sepan que tienen derechos para denunciar… es un drama.

Claudio Serrentino
Foto: Canal 13