De los Pibes de Floresta a Lucas González, violencia policial contra los jóvenes

Otra vez, un episodio que termina en muerte. Otra vez, policías que intentan «armar» una escena de inseguridad para justificar lo injustificable. Otra vez, confunden a jóvenes desarmados con «sospechosos» y les disparan. Otra vez…

Después del fallido episodio de la Policía Metropolitana de Macri y el «Fino» Palacios, llegó otro intento, otro nombre, otro jefe y otra denuncia: la Policía de la Ciudad fue creada por Larreta, y su primer comisario general, José Potocar, también debió abandonar su cargo por una causa de corrupción, de la que fue absuelto el año pasado.

Entre uno y otro emprendimiento, la idea era diferenciarse de la «maldita policía», la Bonaerense, con mala fama y peores métodos.

Al mismo tiempo, se buscaba enviar mensajes «ejemplificadores», como el del policía Chocobar, que mató a un delincuente por la espalda. Se impulsaba (justificada por el «abolicionismo») la nueva «mano dura», que probablemente sea del agrado del público al que quiere seducir Juntos por el Cambio.

Claro: ese policía, en un acto público, le dió la mano al entonces presidente Macri, quien dijo entonces «estoy orgulloso de que haya un policía como vos». Ese fue un dato que los integrantes de la fuerza no pasaron por alto. 

Impulsado por el gesto presidencial, algunos policías se creen con derecho de volver a prejuzgar a los ciudadanos por «portación de cara», porque «se viste como chorro» (no será que los chorros se camouflan vistiéndose como ciudadanos?), porque «usa gorrita».

Lo mismo pasaba durante el proceso, cuando te llevaban a la comisaría, te cortaban «las lanas» (el pelo) y te hacían «tocar el pianito» (lo registraban como antecedente delictivo).

Probables causas «delictivas»: ser joven, tener el pelo largo, llevar ropa colorida.

Hace poco entrevisté a la titular de la Dirección General de la Mujer, Carolina Barone, quien detalló que la Policía de la Ciudad está capacitada para intervenir en casos de violencia de género, lo cual es un avance muy grande, ya que hasta hace poco, en las comisarías se acusaba, se revictimizaba a las víctimas.

¿Y cuándo van a capacitar a los policías, para que no prejuzguen a los jóvenes?

Porque siguen actuando como en la época del proceso: si te veo cara de sospechoso, o no tenés cara de nada pero se me canta, te llevo. O peor aún: te disparo. Y no un disparo al aire…

En aquella ocasión que a Macri hizo sentir «orgulloso», Chocobar disparó siete veces. Al auto en el que iba Lucas González (17 años) también le tiraron, al menos, cinco balazos.

Lo peor, es que después de disparar impunemente, le plantaron un arma de juguete en el auto. ¡Lo mismo había hecho el ex policía Velaztiqui con los pibes de Floresta! Había intentado simular un intento de robo… El 29 de Diciembre próximo, se cumplirán 20 años de aquel triple asesinato. ¿Qué cambió desde entonces? Los casos de «gatillo fácil» siguen impunes. Indudablemente, más allá del cambio de nombre y de uniformes, hay enfoques que no cambian.

De nada sirve, ahora, que el jefe de gobierno Larreta y el ministro D’alessandro les den el pésame a los familiares.

Deberían haber enseñado a sus efectivos, que SER JOVEN NO ES DELITO. Que llevar un arma no te da derecho a disparar. Que hay que cuidar al prójimo, no atacarlo.

Queda claro que si los que -teóricamente- están capacitados para usar armas, no saben discernir cuándo deben usarlas… imagínense el peligro potencial que implicarían miles de ciudadanos, circulando por la calle con armas en sus bolsillos.

Claudio Serrentino

Foto: lavaca.org

 

 

 

 

 

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